Las palabras del mandatario de origen aymara se
escucharon después de conocerse los resultados del referendo
constitucional y dirimidor sobre la tierra. Por primera vez, una Ley
de leyes fue sometida a consulta popular, y más del 60% de los
bolivianos dijo Sí a la refundación del país. En las zonas rurales,
el respaldo fue mayor: un 82% apoyó la nueva Constitución, mientras
el No tocó el 18%.
Como había augurado el vicepresidente Álvaro
García Linera, esta fue una victoria continental de los movimientos
sociales.
Agrupados en el Consejo Nacional por el Cambio (CONALCAM)
y en alianza con la Central Obrera Boliviana (COB) fueron estos
sectores los que gestaron la revolución democrática y cultural de
Bolivia, los que, en momentos en que el Movimiento al Socialismo
discutía con los principales partidos de la oposición el texto
constitucional, marchaban desde Caracollo hasta La Paz en defensa de
la nueva Carta Magna.
Días atrás, cuando García Linera presentaba su
libro La potencia plebeya, explicaba, en una relectura del
filósofo italiano Antonio Gramsci, que para cambiar la organización
de la sociedad no bastaba con un asalto al poder; hacía falta una
inspiración consciente, y la unión, en un proyecto nacional, de los
campesinos e indígenas con los obreros y el resto de las clases
sociales del bloque popular urbano.
Ayer, un colega, investigador marxista, decía que
Bolivia había dado "una lección de hegemonía revolucionaria".
Tal vez no sea necesario el total ajuste a
términos académicos para afirmar que este 25 de enero, la nación
sudamericana no solo aprobó una hoja de ruta para el cambio, sino
que dio esperanzas a la izquierda latinoamericana, a los
intelectuales, a quienes se resisten a pensar que estos son tiempos
huérfanos de esperanza.
Los años más cercanos de la historia boliviana
vieron a los movimientos sociales avanzar en la Marcha por el
territorio y la dignidad, cuando alcanzaba vigor la Campaña 500 Años
de Resistencia Indígena, Negra y Popular; luego, en la llamada
guerra del agua en Cochabamba; en otras protestas contra las
privatizaciones durante el gobierno de Sánchez de Lozada en el 2003,
y frente a las políticas de Carlos Mesa dos años después.
Muchas de estas reivindicaciones de los pueblos
originarios quedan recogidas en los 411 artículos de la nueva
Constitución.
A partir de ahora el Estado, plurinacional y
autónomo, adopta la forma democrática, participativa y comunitaria.
También alcanza mayor control en la economía y sobre los recursos
naturales, al quedar prohibida la privatización, por ejemplo, de los
hidrocarburos. El agua y los servicios básicos se convierten en
derechos humanos, y las puertas para la incorporación equitativa al
trabajo entre el hombre y la mujer quedan abiertas. Además, el texto
impide la instalación de bases militares en el país.
La nueva Carta Magna es también otra victoria
para los tres años de mandato de Evo Morales. "Del 2005 al 2009
vamos de triunfo en triunfo", dijo el jefe de Estado en la noche del
domingo.
Precisamente, al presentar el informe de Gobierno
el 22 de enero, había destacado logros como la erradicación del
analfabetismo; los resultados de la implementación del Bono Juancito
Pinto para estimular la educación, y de la Renta Dignidad para los
ancianos. Además, recordó las nacionalizaciones y el apoyo del 67%
de los bolivianos a su gestión en el referendo revocatorio del
pasado 10 de agosto.
Para continuar con estos cambios, ha advertido
Evo, vendrán días difíciles, las elecciones de diciembre del 2009,
en la que se definirá el Presidente, el Vicepresidente, y los
miembros de la Asamblea Legislativa Plurinacional. También serán
necesarias nuevas leyes que complementen lo aprobado en la
Constitución.
Pero, tras el triunfo del No en territorios de la
Media Luna como Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija, la oposición ha
amenazado con bloquear las transformaciones en el país.
Aunque después del intento de golpe cívico en
septiembre, esos sectores sufrieron una fuerte derrota con el
respaldo de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) a la
democracia boliviana, e incluso, el partido Poder Democrático Social
(PODEMOS) —principal fuerza opositora— quedó fraccionado, la derecha
continúa haciendo sombra en la nación andina, y utilizando los
medios de comunicación en esas campañas.
Sin embargo, desde la Plaza Murillo, el
mandatario pidió una vez más a los movimientos sociales trabajar por
la unidad. Evo no habló de una Media Luna menguante, sino de una
Luna llena, de una Bolivia que apuesta por enmendar, sin retrocesos,
las esquinas rotas de su primavera.