Salud Materna y Neonatal

Asunto de prioridad política

Anneris Ivette Leyva

Una mujer nigerina (de Níger) habla tanto francés como las de su antigua metrópoli, y otra nigeriana (de Nigeria), se expresa en inglés como las británicas del Reino que colonizó a su nación. Ahora bien, si eligieran hablar del tema procreación, la similitud en el idioma no les garantizaría paridad en el discurso.

José Juan Ortiz Brú, representante de la UNICEF en Cuba.

Unas y otras expresarían alarma, es cierto, pero las mujeres de los países industrializados aducirían no querer comprometer su libertad y capacidad de competir en una sociedad que privilegia juventud y soltería. Las africanas, en cambio, alegarían: la maternidad es seriamente un asunto de vida y muerte.

La misma acción de perpetuar la especie se revierte en autosentencia, pues en las regiones menos adelantadas del planeta, las mujeres están 300 veces más expuestas a morir o padecer graves secuelas por causas relacionadas con el embarazo. A 10 millones ascienden las que, carentes de atención médica elemental, sufren traumas severos; mientras, 500 000 es el saldo anual de las fallecidas.

En porcentaje rotundamente mayoritario, esta pandemia prevalece en territorios africanos y asiáticos, donde las elevadas tasas de fecundidad sin respaldo de personal calificado y sistemas de salud eficientes precondicionan el riesgo.

Como no es casual que los países de mayor mortalidad materna sean también los de mayor mortalidad infantil, el Estado Mundial de la Salud, importante publicación del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) presentado recientemente, ha elegido por tema del 2009 la Salud Materna y Neonatal en el Mundo.

Reducir los índices de mortalidad en ambos casos es uno de los objetivos del milenio, pero según José Juan Ortiz Brú, representante de la UNICEF en Cuba entrevistado por Granma, posiblemente quede en deseo: las prioridades de la política internacional y las inversiones millonarias no están encaminadas a evitar una catástrofe humanitaria.

La falta de voluntad política es su epicentro, valora. Cuando los gobiernos deciden sus políticas públicas y planifican sus presupuestos nacionales, no toman medidas verdaderamente drásticas contra la vulneración de los derechos de la infancia y la mujer.

Muchos aluden escasez de recursos, pero se ha demostrado que el real motor de cambio está en la prioridad política. El ejemplo más claro de esto es Cuba, donde aun con bloqueo y dificultades económicas de todo tipo, el índice de mortalidad materna es de los más bajos del mundo, expresó.

Foto: Yordanka AlmaguerLa más natural de las empresas femeninas no puede entrañar un riesgo a su vida.

Ortiz Brú afirma que en esta problemática influye además un componente cultural, pues una mujer educada vela por sus derechos, se defiende mejor y agregó: los índices de escolaridad femenina y mortalidad posparto declaran cuán imbricados están cultura y salud. La garantía de educación para las niñas, de promoción de conductas sexuales responsables y control de la fecundidad, ayudarían en gran medida a este empeño, apuntó.

Todavía muchos gobiernos no han comprendido que respetar y asegurar los derechos sociales genera riqueza económica y estabilidad social —lamenta Ortiz Brú, a la par que cita nuevamente el ejemplo positivo de Cuba. Una sociedad más culta y más sana, con decrecimiento de sus bolsas de exclusión, es sin remedio una sociedad más productiva y menos violenta, enfatizó.

 

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