Convocados por el cineasta cubano Juan Carlos Tabío, los
habaneros acuden en masa a las salas donde se exhibe El cuerno de
la abundancia, la cinta más reciente de un director que mueve a
su gusto el humor y la reflexión como una pareja constante.
Ni la lluvia pertinaz asociada a un invierno particularmente
inclemente en la isla, habituada a las cálidas temperaturas del
trópico, ha sido freno para el público que hace filas frente a los
cines, una escena reiterada desde el estreno del filme el 15 de
enero último.
Tal afluencia se avizoraba desde el pasado festival de La Habana,
cuando la proyección en competencia del largometraje suscitó una
avalancha de espectadores, estimulada ahora por los premios
obtenidos en el certamen.
El cuerno de la abundancia mezcla elementos de una historia
real con las dosis de ficción necesarias para armar la trama
–confesó Tabío-, cuyo núcleo es una supuesta herencia depositada
siglos atrás en bancos extranjeros, en beneficio de la familia
Castiñeira, que habita en el pueblo imaginario de Yaragüey.
La noticia del caudal millonario desestabiliza no sólo a quienes
llevan ese apellido, en sus distintas variantes ortográficas, sino
también a un pueblo que se endeuda envuelto en una danza de
situaciones absurdas, delirantes, en medio de las cuales emerge lo
más sórdido de la naturaleza humana.
Según explicó Tabío, en entrevista concedida meses atrás al
diario Juventud Rebelde, en los años 90 del siglo pasado, a raíz de
la depresión económica ocurrida en la isla, comenzaron a pulular los
rumores sobre herencias quiméricas, que aguardaban a sus herederos
en bancos de Londres o Nueva York
La más kafkiana, a su juicio, fue la atribuida a los
Manso-Contreras, con episodios rayanos en lo absurdo, que sirvieron
de punto de partida al argumento con guión del escritor Arturo
Arango.
Coproducida con Tornasol Films, de España, donde se llevó a cabo
la posproducción, y el apoyo de IBERMEDIA, la película cuenta con un
elenco privilegiado en el que figuran Jorge Perugorría, Mirta
Ibarra, Enrique Molina, Laura de la Uz y la debutante Ana María Bu,
para quien el realizador no escatima elogios.
Durante el festival, El cuerno de la abundancia fue bien
acogida por la crítica aunque algunos cronistas consideraron que
Tabío hilaba su historia en una cuerda demasiado próxima a su
anterior comedia Lista de espera, y en cierto modo
repetitiva.
Para otros, en cambio, constituía un filme extraordinario por su
factura cinematográfica, el nivel de las actuaciones y su crítica
corrosiva a la sobrevaloración de lo material por encima de los
bienes del espíritu y las actitudes aparejadas a ello.