El pretexto utilizado fueron los juicios y condenas de los
tribunales revolucionarios a los más notorios criminales de guerra
de la dictadura de Batista, derrocada el Primero de Enero de 1959.
Apenas se empezaron a cumplir las decisiones de los tribunales,
fuera de Cuba se levantó el fantasma de que los barbudos de la
Sierra Maestra estaban anegando el país en un "baño de sangre" al
efectuar "ejecuciones en masa".
De Washington salieron las primeras voces de condena a la
naciente Revolución. Wayne Hays, representante demócrata, dijo: "Le
voy a preguntar al Departamento de Estado qué va a hacer para calmar
a Castro antes de que despueble a Cuba...", y seguidamente planteaba
algunas medidas, entre ellas, retener créditos a Cuba y suspender
las importaciones de azúcar. Stanley Bridges, representante
republicano, expresó: "Las noticias de La Habana son poco
tranquilizadoras". Homer E. Capehart, senador por Indiana, era mucho
más ácido en sus declaraciones: "La ola de muertes por los rebeldes
enloquecidos por la venganza provoca náuseas a los ciudadanos
decentes".
Periódicos de Estados Unidos, de Gran Bretaña y de otros países
secundaban esa instrucción salida del Capitolio de Washington. Y, en
sus editoriales, calificaron de "desconsoladoras las noticias
procedentes de Cuba", como lo hizo el Herald Tribune, y de
"espantoso capítulo" calificó los sucesos el Daily Sketch, de
Londres.
Los asesinatos y actos de torturas de Batista y sus más fieles
servidores se conocieron muy bien luego del triunfo de la
Revolución. La censura impidió que antes se hicieran públicos. Del
terror que hubo se han escrito decenas de miles de páginas en el
último medio siglo.
La prensa tradicional cubana, no tocada en los albores de la
Revolución, reproducía los insidiosos cables de AP y UPI y los
reportajes de Life, Time y otras publicaciones. También contribuía a
aumentar el fuego de la campaña mediática al publicar dramáticas
fotos o transmitir en los noticieros de la TV el desarrollo de los
juicios y los fusilamientos de los criminales de guerra, como los
casos de Olayón y Cornelio Rojas. La prensa internacional utilizaba
esas imágenes para intentar debilitar a la Revolución, presentarla
como incivilizada, y a un país gobernado por una tribu de salvajes.
Llegó un momento en que los cables que se publicaban no
mencionaban que los juicios eran contra notorios criminales de
guerra, sino contra "batistianos" o contra "partidarios de Batista".
Lo cierto es que a ningún funcionario administrativo de la dictadura
se le juzgó por crímenes de guerra. Solo fueron juzgados y
condenados algunos de los más notorios criminales de guerra que
pudieron ser detenidos. Porque otros como Ventura, Carratalá,
Masferrer, Ugalde Carrillo y Pilar García escaparon y se refugiaron
en Estados Unidos, donde recibieron protección.
La Revolución, aunque disponiendo de escasos medios, no se quedó
a la defensiva. Aceptó el desafío. Fidel habló el 15 de enero en el
Club Rotario de La Habana, y denunció la campaña mediática y los
peligros que amenazaban a Cuba. "Nos defenderemos de la
calumnia...No tenemos nada que ocultar... Vamos a llamar a la prensa
internacional para que conozca la verdad..."
Tres días después, el Movimiento 26 de Julio, junto a un grupo de
honestos y prestigiosos periodistas, comenzó a cursar invitaciones
para realizar en La Habana la Operación Verdad.
En menos de 48 horas se organizó todo. Las embajadas de Cuba y la
línea aérea Cubana de Aviación hicieron posible que casi 400
periodistas del continente aceptaran viajar a la Habana. Se
hospedaron, en su mayoría, en las 240 habitaciones del hotel Havana
Riviera, en Paseo y Malecón, donde también se crearon facilidades
para la transmisión de las informaciones y el transporte de los
periodistas. A su llegada a La Habana se entregó a cada periodista
un portafolio con materiales y fotos sobre algunos de los asesinatos
y torturas de la dictadura.
Periodistas de veinte importantes ciudades de Estados Unidos
asistieron a la convocatoria, entre ellos Jules Dubois, del Chicago
Tribune y ejecutivo de la SIP, y quien algún tiempo después pudo
saberse que era coronel de la Agencia Central de Inteligencia (CIA).
Invitados por el Gobierno Revolucionario participaron los
legisladores norteamericanos Adam Clayton Powell, un negro de Harlem
que había pedido la destitución del embajador de su país Earl T.
Smith por haber sido "un hombre pro Batista", y Charles O. Porter,
destacado líder del movimiento de derechos civiles y que exigía
respeto para Cuba.
Representando a una revista de Caracas, donde entonces residía,
estuvo un futuro premio Nobel de Literatura: el colombiano Gabriel
García Márquez.
En esos días, algunos periodistas y escritores cubanos comentaron
el tema de los fusilamientos en sus medios, entre ellos Guillermo
Cabrera Infante, del diario Revolución, quien dejó un testimonio
valioso antes de volverse intolerante al extremo de negar que su
obra literaria se publicase en Cuba. El 16 de enero de1959,
escribió: "¿Cómo es posible que haya que dar explicaciones del
ajusticiamiento de una figura tan deleznable como Cornelio Rojas?
Las explicaciones sobran, porque no son explicaciones lo que se
busca. Cuando toda la población de Cuba vivía bajo el terror, cuando
niños de quince años amanecían acribillados a balazos en las calles,
cuando se castraba, sacaban ojos, se torturaba y apaleaba, ninguna
de estas voces se alzó para condenarlo; ni siquiera se dieron por
enterados estos nuevos humanitarios..."
Y, más adelante, este escritor, que murió en el 2005 en Londres,
expuso: "Los fusilados son criminales connotados, sus crímenes han
sido cantados por ellos mismos; un pueblo de siempre sentimental no
ha movido un dedo para impedir que sigan los ajusticiamientos; hasta
los familiares de los ajusticiados saben que se obra con espíritu de
honradez. La preocupación de ciertos oscuros senadores americanos,
el dolor del maltrecho corazón de Eisenhower, los editoriales de la
prensa más amarilla del espectro periodístico están muy bien
dirigidos. No son las ejecuciones lo que tratan de detener, sino la
marcha segura y aplastante de la Revolución Cubana..."
La Operación Verdad tuvo dos momentos clave: una concentración
popular el 21 de enero en la Avenida de las Misiones, frente al
antiguo Palacio Presidencial, a la cual asistieron un millón de
personas, y al día siguiente Fidel sostuvo un largo encuentro con
los periodistas extranjeros y cubanos en el salón Copa Room del
hotel Havana Riviera, donde el líder de la Revolución respondió las
preguntas de los periodistas sobre los juicios y la realidad de Cuba
En sus palabras iniciales a los periodistas, Fidel señaló que
nuestros pueblos estaban desinformados porque las agencias
cablegráficas no eran latinoamericanas."Les digo que la prensa de
América Latina debiera estar en posesión de medios que le permitan
conocer la verdad y no ser víctimas de la mentira", y como un
resultado concreto de la Operación Verdad pocos meses después nace
en La Habana la agencia informativa latinoamericana Prensa Latina,
organizada y dirigida por Jorge Ricardo Massetti. Otro de los
periodistas presentes en la Operación Verdad, Gabriel García
Márquez, también estaría entre los fundadores de esa agencia que
este año también cumple cincuenta años de vida.