Washington, 20 de enero (PL).— Barack Obama asume hoy como
presidente 44 de Estados Unidos con el dilema de cumplir sus
promesas electorales en medio de una crisis económica y las guerras
en Iraq y Afganistán.
Más de cuatro millones de personas se espera que asistan en
Washington a su toma de posesión, una cifra sin precedente que
demuestra la expectativa que causó su victoria, entre otros aspectos
por ponerle fin a ocho años de la administración de George W. Bush.
En medio de la crisis que enfrenta el país, Obama recaudó unos 30
millones de dólares para los festejos por su asunción, una cifra que
llegará a 40 millones antes de la fecha.
Precisamente, cómo revertir la situación financiera será la
primera de sus tareas y marcará su mandato, señaló el diario The
New York Times.
Ayudantes de Obama revelaron que está estudiando la labor de
Franklin Delano Roosevelt en sus primeros 100 días de gobierno para
enfrentar la Gran Depresión (1929-1933).
Sus últimas conferencias de prensa, reuniones y discursos se han
centrado en ese tema, una muestra de la importancia que le está
dando al asunto.
Junto a esa problemática, quedan otras no menos importantes como
las guerras en Iraq y Afganistán, donde han muerto más de cuatro mil
norteamericanos y ha desangrado las arcas del tesoro.
Precisamente, una de sus principales promesas electorales fue
evacuar a las fuerzas del Pentágono de Iraq, un conflicto sumamente
impopular en la Unión.
Medios de prensa y expertos coinciden en que Obama tiene poco
margen de maniobra para cumplir sus planes, debido a la crisis, las
conflagraciones y el abultado déficit fiscal.
En ese sentido, en una reciente entrevista con la televisora ABC,
admitió que muchas de sus ideas no podrán aplicarse en los primeros
100 días de gobierno, entre ellas cerrar la cárcel de la base naval
estadounidense de Guantánamo, enclavada al sureste de Cuba.
Es mucho más difícil de lo que mucha gente cree, manifestó Obama,
aunque aseguró que está comprometido con desactivar la prisión.
"No quiero ser ambiguo sobre esto. Cerraremos Guantánamo y
queremos estar seguros de que los procedimientos que emplearemos
sean respetuosos de nuestra Constitución", subrayó.
Aunque goza de una popularidad sin precedente, el período de
transición no ha estado exento de problemas para Obama.
Pese a no quedar salpicado, el escándalo de corrupción del
gobernador de Illinois, Rod Blagovich, provocó que el próximo
mandatario saliera a negar cualquier vinculación.
Blagovich fue acusado de intentar vender el escaño que dejó libre
Obama.
Además, su elección para ocupar los cargos de su futuro gobierno,
la mayoría propuestos a colaboradores del ex presidente William
Clinton, también provocó malestar y decepción entre los sectores más
liberales demócratas.
No obstante, varios de sus nombramientos no dejan dudas acerca de
su intención de desmarcarse con las acciones de Bush, como la
designación del nuevo director de la Agencia Central de
Inteligencia, Leon Panetta, un crítico a la política de torturas a
prisioneros.
Tras ocho años de gobierno de Bush, Obama ahora tiene la tarea de
cambiar la imagen de Estados Unidos ante el mundo, ponerle fin a la
guerra en Iraq y enfrentar la crisis financiera, problemas heredados
pero que marcarán su gestión.