El sábado pasado, comenzaron cuatro días de celebraciones que
tendrán su momento culminante al mediodía de hoy martes 20 de enero
cuando en el Capitolio de Washington Barack Obama jure su cargo como
presidente de Estados Unidos y junto a su familia pase a residir
durante los próximos cuatro años en el número 1600 de la avenida
Pensilvania.
Pero a partir de hoy habrá llegado el momento de hacer efectivas
las esperanzas de cambios que constituyeron el centro del mensaje y
las promesas electorales del candidato triunfador. Obama y su equipo
han llevado a cabo una transición exitosa, cuando se valora desde el
punto de vista de la política norteamericana, tanto como lo fue la
campaña electoral, pero tampoco exenta de errores y complicaciones.
Bill Richardson retiró su nombre como candidato a secretario de
Comercio cuando se hizo evidente que tomaría tiempo concluir la
investigación sobre evidencias de corrupción en la gestión de su
gobierno en New México. La audiencia de confirmación en el Senado de
Tim Geithner, para dirigir el Departamento del Tesoro fue pospuesta
cuando se conoció que varios años atrás dejó de pagar sus impuestos
sobre ingresos personales al Servicio de Recaudación de Tributos (IRS,
por sus siglas en inglés), un organismo bajo jurisdicción del
Tesoro. Varios senadores demócratas protestaron públicamente cuando
no fueron informados previamente de la designación de Leon E.
Panetta como director de la Agencia Central de Inteligencia.
Pero esos tropiezos no tendrán consecuencias graves. Geithner y
Panetta serán confirmados, se designará un nuevo candidato a
secretario de Comercio y Obama comenzará el ejercicio de la
presidencia gozando de un altísimo grado de aceptación en la
población.
Al analizar los nombramientos realizados para los equipos en la
Casa Blanca y en la llamada Oficina Ejecutiva que, aunque no tienen
nivel ministerial, trabajan con mayor cercanía al mandatario y por
esa razón con más comunicación y acceso con él, se torna evidente
que Obama utilizará esos funcionarios para garantizar desde la Casa
Blanca una influencia más directa y un monitoreo más estricto del
funcionamiento del aparato estatal. El secretario de Salud y
Servicios Humanos, Thomas Daschle, será también el jefe de la nueva
Oficina de Reforma de la Salud en la Casa Blanca. El veteranísimo
funcionario público y experimentado economista Paul Volcker
encabezará la Junta de Asesoría Económica de la Casa Blanca, de
nueva creación.
El deterioro de la economía nacional y de la mundial hasta
alcanzar niveles inimaginables seis meses atrás, está obligando a
Obama a poner en segundo lugar algunas de sus iniciales promesas de
realizar reformas y cambios en áreas como la atención a la salud, la
educación y la seguridad. Durante la transición, Obama ha dedicado
la mayor parte de su atención y pronunciamientos públicos a sus
planes para la economía.
En las primeras semanas de este año, la crisis se ha vuelto
imparable, ya que las medidas de rescate tomadas desde la explosión
de la burbuja financiera a mediados de septiembre no han conseguido
estabilizar el sector financiero y bancario ni restablecer el flujo
de créditos hacia la economía, que han sido los objetivos de esas
acciones.
Por el contrario, habiendo gastado más de la mitad de los fondos
disponibles en el plan de rescate de 700 000 millones de dólares
aprobado por el Congreso, los bancos y entidades financieras están
requiriendo de nuevas ayudas, algunos de ellos por segunda vez. Por
eso Obama se vio obligado a pedir a Bush que solicitara al Congreso
la autorización para disponer de los restantes 350 000 millones, a
fin de tener desde el inicio de su mandato recursos para hacer
frente a cualquier emergencia. El Senado fue complaciente y el 15 de
enero autorizó el uso de esos fondos, por 52 votos a favor y 42 en
contra.
La situación no parece tocar fondo. El 13 de enero, Bernard
Bernanke, presidente de la Junta de la Reserva Federal (banco
central de Estados Unidos) declaró que se iban a requerir nuevas
medidas para estabilizar los bancos y eliminar los activos "tóxicos"
de sus balances. Significa que el gobierno federal deberá
responsabilizarse con fijar un precio de esos activos y comprarlos a
los bancos. Pero para hacerlo hará falta mucho más que los 350 000
millones liberados días atrás por el Senado. Ha comenzado a flotar
la idea de crear un banco oficial (no privado, sino propiedad del
estado) para ocuparse de esta operación. Idea no bien vista por una
importante parte del establishment porque huele a
"socialismo".
Se espera que en los próximos meses se profundice la crisis
hipotecaria, afectando en esta ocasión al sector inmobiliario
comercial. Hay inversiones por un estimado superior a 80 000
millones de dólares sin posibilidades de recuperación y se
pronostica la quiebra de las empresas involucradas.
Lo anterior es una de las dos direcciones en que Obama pretende
atacar simultáneamente la crisis económica.
La otra va dirigida hacia la que podemos llamar la "economía
real". Las noticias en el nuevo año sobre la situación económica
son, cuando menos, desalentadoras con respecto a las posibilidades
de recuperación.
Según el departamento de Trabajo, el desempleo en diciembre del
2008 alcanzó el 7,2% de la fuerza laboral activa, con un total de
524 000 empleos eliminados, elevando a 2,6 millones la cifra de
puestos de trabajo cerrados durante el 2008 y continuará aumentando
durante todo el 2009. Otro índice importante sobre el comportamiento
de la economía porque representa las dos terceras partes del
producto interno bruto (PIB), el de las ventas al detalle, mostró
una caída del 2,7% en diciembre, que es el mes de mayor ventas en el
año. En ese sector, la segunda cadena de ventas de productos
electrónicos del país, Circuit City, con sesenta años de fundada, y
que ya se había declarado en bancarrota, anunció que cerraba sus
operaciones liquidando 567 tiendas y eliminando 34 000 empleos.
El 8 de enero, en su primer discurso después de la elección en
noviembre, Obama hizo un llamado de alerta sobre la necesidad de
actuar de inmediato sobre la situación económica al señalar: "Por
cada día que esperemos¼ nuestra nación se
hundirá más profundamente en una crisis que, llegado a un punto, no
podremos revertir".
El pasado jueves, la bancada demócrata de la Cámara de
Representantes, trabajando conjuntamente con el equipo de transición
de Obama, presentó un plan de estímulo económico fiscal por un total
de 825 000 millones de dólares a ser ejecutado en los dos próximos
años. El plan abarca unos 250 000 millones en reducciones de
impuestos a individuos, familias y empresas, y el resto en gastos
directos en la economía. En el Senado se trabaja en un proyecto
similar, pero que posiblemente contemple gastos mayores, lo que
obligaría a compatibilizar ambas propuestas mediante el trabajo de
un grupo bicameral ya que las leyes deben ser aprobadas
separadamente por ambas cámaras legislativas con un texto idéntico.
Mientras, Obama elogió el proyecto de ley expresando que "salvará
o creará más de tres millones de empleos, provee alivio en los
impuestos a familias que batallan y a empresas que crean empleos, e
invierte en prioridades como atención a la salud pública, educación
y energía, que harán a Estados Unidos fuerte y competitivo en el
siglo XXI", el líder de la minoría republicana en la Cámara, John
Boehner, de Ohio, opinó: "Mis colegas demócratas piensan ahora que
pidiendo prestado y gastando pueden volver a la prosperidad".
Inicialmente, Obama pidió tener este plan aprobado por el
Congreso y listo para su firma el 20 de enero, pero en realidad lo
tendrá, cuando más temprano, el 13 de febrero, último día de
actividad legislativa antes de iniciarse el receso de mediados de
mes. Para ello se requerirá vencer la oposición que ya se levanta en
conservadores demócratas y republicanos, reacios a incrementar los
gastos del gobierno y a ver crecer la intervención gubernamental en
la economía. Pero al final seguramente, por la gravedad de la
situación, logrará que sea aprobado.
En el ámbito internacional, Obama heredará los efectos negativos
de lo que con toda justicia puede catalogarse como la agresión
israelita-estadounidense contra la población palestina en Gaza.
Obama no ha podido o no ha querido expresarse sobre la política
externa de la administración, salvo en lo referente a las guerras en
Iraq y en Afganistán, donde el equipo militar por él designado sí ha
anunciado la intención de aplicar una nueva táctica de
contrainsurgencia con un incremento sustancial de tropas para tratar
de ganarse la cooperación de la población afgana.
Se mantiene una interrogante sobre cuál será la política exterior
de Obama, cuando tres de los más importantes funcionarios encargados
de llevarla a cabo son el epítome de las posiciones centristas
demócratas, el jefe del Pentágono bajo George Bush y un general de
marines con activa participación en la política republicana en el
Medio Oriente.
El principal problema para Obama, si cree en sus promesas
electorales, es cómo poder movilizar a la población para imponer los
cambios prometidos y que el establishment norteamericano va a
rechazar cuando considere que afecta sus intereses, ya que los
mecanismos de poder están diseñados para defender el status quo
y por su compromiso bipartidista a Obama le está vedado llamar a la
movilización de las masas por encima de las estructuras existentes y
tampoco cuenta con la organización social y política de base popular
que le permita hacerlo con efectividad. Esa es la cuestión.
* El autor fue jefe de la Sección de Intereses de Cuba en Estados
Unidos de septiembre de 1977 a abril de 1989.