A partir del 2005 las inversiones del Ministerio de Comercio
Interior (MINCIN) fueron incrementándose: locales adecuados,
herramientas, mayor disponibilidad de piezas de repuesto... varias
fueron las mejorías. Desde entonces, más de 7 millones de esos
efectos electrodomésticos se han reparado en los 600 talleres del
país habilitados con ese fin.
Sin embargo, al cierre del 2008 se quedaban sin arreglar
diariamente, como promedio, unos 330 equipos. Y aunque en el 2007
esa cifra rondaba los 600, la estadística no deja de ser importante
porque se trata, en la mayoría de los casos, de hogares donde solo
la electricidad hace posible la comida del día.
El mal manejo es presentado como una de las causas fundamentales
de las roturas, amén de que no siempre la calidad ha acompañado la
compra de estos equipos. Ante los desperfectos, la falta de repuesto
se esgrime como una de las razones para no regresar con el equipo a
casa. Paradójica situación, teniendo en cuenta que casi 22 millones
de dólares garantizaron en el 2008 un flujo sistemático de piezas.
Entonces ¿por qué?
Los
más de 4 000 técnicos deben poner empeño, pues se trata de equipos
imprescindibles en el hogar.
Según María del Carmen Vázquez Martínez, viceministra a cargo de
los servicios en el MINCIN, el inventario de piezas debe tener una
cobertura de 60 días en la provincia, 40 en el municipio y 10 en el
taller, pero esta práctica ha estado fallando.
La distribución interna tiene que mejorar. Estamos implementando
una red informática que se actualiza cada día para tener bien claro
cuáles son las partes más demandadas y reforzar cada provincia,
señala. No obstante, reconoce María del Carmen, el CIMEX y el MINCIN
trabajan para que las compras sean cada vez más específicas y la
distribución mejor concebida.
La
reparación en los talleres ha permitido que los hogares cubanos
puedan seguir contando con equipos de la Revolución Energética.
El objetivo es que la pieza esté cerca, pero es el administrador
de cada taller quien debe hacer la solicitud a tiempo, para prever
la falta, afirma.
En Monte 55, en La Habana Vieja, el administrador Rolando
Martínez Morgado recibe diariamente unos 70 clientes. Entre las
mayores demandas: la junta y el mango de la olla de tres válvulas.
Cuando entran esas partes, son pocas. Las que no pueden reponerse
las anotamos en el libro y las tomamos como pendientes, explica.
Entonces comienza la búsqueda en los locales vecinos hasta llegar a
los almacenes provinciales, si es necesario.
Quizás por ese mecanismo, clientes como José Miguel Valle
permanecen a la espera. Sin embargo, para él lo más inexplicable es
que no exista ninguna pieza para los televisores Panda que se han
distribuido. En otros talleres visitados la situación (en el caso de
los TV) fue similar.
Muy cerca, en Monte esquina a Indio, la administradora Annia
Tamayo de la Rosa muestra 10 refrigeradores destinados al fondo de
giro.
Esta es una facilidad que se ofrece en todo el país (existen más
de 2 500 refrigeradores disponibles) y permite que el propietario
del refrigerador que no tenga arreglo en el día, pueda disponer de
otro en forma de préstamo, hasta tanto el suyo quede reparado. El
taller tiene condiciones de transportación y debe garantizar este
servicio, enfatiza la viceministra María del Carmen.
Annia lo confirma y hasta pone ejemplos positivos de este
servicio. Solo que al abrir las puertas de los equipos algunos
exhiben visibles charcos en el congelador y juntas con moho. Puede
que el deterioro termine lacerando la pertinente idea.
Así, entre algunas incongruencias y beneficios marcha el
programa, liderado por los más de 4 000 técnicos que en todo el país
se enfrentan a las disímiles roturas. Ellos llevan, quizá, la mayor
responsabilidad y ante la falta de equipos de medición para
comprobar la calidad del arreglo y los parámetros de eficiencia, la
garantía se les torna complicada.
El equipo tiene que funcionar, si no, aparecen alternativas que
no siempre son eficientes y entonces estaríamos contradiciendo el
principio de la Revolución Energética de ahorrar, asegura la
Viceministra.
Sobre el servicio en estos talleres de refrigeración, enseres
menores y electrónica, muchos clientes aluden al alto precio de las
piezas de repuesto.
A diferencia de los equipos, que sí son subsidiados por el
Estado, estas no tienen precios preferenciales. No obstante, según
Marino Murillo, ministro de Comercio Interior, las 18 que más se
rompen, poseen hoy un valor por debajo de su costo.
Pero la solución, más que reparar, es dar mantenimiento,
sostienen funcionarios del sector. De ahí que, sin desdeñar las
reparaciones del taller, los técnicos deban acercar su carpeta de
herramientas a las cuadras.
Mientras, se impone la exigencia en los talleres. Esperemos que
los administrativos den respuesta efectiva ante denuncias que hablan
de dilaciones, malos tratos y desvíos para lucrar a costa de las
necesidades de la ciudadanía.