Seguridad en México

En la encrucijada

MIRIELA FERNÁNDEZ LOZANO

Ahora, concluido el encuentro entre el presidente de México, Felipe Calderón, y el mandatario electo en Estados Unidos, Barack Obama, las expectativas son mayores. Las declaraciones escuchadas durante una reunión en Washington al iniciarse la semana, anunciaron una vuelta de página, un nuevo compromiso para enfrentar la violencia y la inseguridad en la nación azteca.

Durante el 2008 el crimen organizado cobró unas 5 600 víctimas en el país.

Al otro lado de la frontera norteamericana, el 2008 fue un año cruento. El crimen organizado cobró unas 5 600 víctimas, sobre todo en los territorios de Chihuahua, Sinaloa y Baja California.

No ha pasado un día sin que la prensa describa con tinta roja el resultado de enfrentamientos entre las bandas que disputan vías para el trasiego de narcóticos hacia Estados Unidos, el mayor consumidor de estupefacientes del orbe.

En uno de sus editoriales, el diario La Jornada publicó que los mexicanos vivían como en una de las pinturas negras de Francisco de Goya. A plena luz del día, el olor a muerte avisa hasta de las decapitaciones. El silbido de las balas no cesa.

Esta situación dio más significado a la cita de Calderón y Obama.

El fracaso de la política de George Bush ––no solo por la criminalización en la línea fronteriza, donde el pasado año perdieron la vida 700 inmigrantes, sino por las constantes deportaciones, que dejaron a 135 000 menores abandonados en la vecina nación–– también giró la mirada sobre el encuentro.

Una vez más, México pidió a Washington hechos concretos, "una alianza estratégica" para contener el avance de los grupos delictivos en los dos países.

Tras su llegada al poder, en diciembre del 2006, el presidente azteca desplegó unos 36 000 soldados hacia las zonas más desestabilizadas de la nación.

Además, fue aprobada una Ley General del Sistema de Seguridad Pública que incluye la regulación de los procesos policiales para que se cree una amplia red de actuación contra el narcotráfico.

Las modificaciones al Código Penal, con el propósito de sancionar a las autoridades involucradas y enfrentar la corrupción, resultaron otras medidas del actual Gabinete.

El diálogo con Bush también fue abierto varias veces. En el 2007, ambas partes delinearon la Iniciativa Mérida, que prevé el desembolso por Estados Unidos, hasta el 2010, de 1 400 millones de dólares para blindar a las fuerzas que combaten el crimen organizado. Sin embargo, cerrado el 2008, las soluciones continúan sobre arenas movedizas.

De acuerdo con la Oficina para el Control de Tabaco y Armas de Fuego (ATF, por sus siglas en inglés), el 90% de las armas confiscadas a los narcotraficantes provienen del Norte. Las bandas han abierto pasos a lo largo de los 3 200 kilómetros de frontera.

Como ya es una tradición desde los años ochenta, días antes de la asunción presidencial, el mandatario electo para ocupar la Casa Blanca dio la exclusiva de un primer encuentro a su homólogo azteca. Tanto la petición de México de una ayuda norteamericana que considera imprescindible, como la disposición de Obama de cooperar y quebrar la desidia frente al narcotráfico, ofrecen esperanzas de que ahora los resultados, tal vez puedan ser diferentes.

Pero, por otro lado, como han advertido varios especialistas, este flagelo no se extinguirá solo con mano dura.

Según el periódico El Sol de México, más del 50% de los 260 000 recluidos en cárceles de la nación son muy jóvenes. De ahí que ese mismo rotativo llamara a "arrebatarle a la delincuencia organizada a los miles de jóvenes que esperan captar como empleados o consumidores de drogas". Ese es otro desafío para el Gobierno mexicano.

Si bien, priorizar en Estados Unidos el diálogo sobre la violencia y trazar las pautas de ese trabajo conjunto en pleno comienzo del 2009 ha sido importante, también lo es el reto de sumar a la sociedad civil para salir de la encrucijada.

 

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