Entre
las figuras ineludibles que atesora la memoria teatral cubana está
inscrito, sin dudas, Armando Suárez del Villar, maestro vital de las
tablas y de varias generaciones de artistas. Su nombre está
vinculado al Grupo Ateneo, al Conjunto Dramático de Cienfuegos y al
Teatro Estudio, instituciones formadoras que marcaron la garantía de
un buen tiempo teatral.
Abogado de profesión, Armando se desempeña desde hace más de diez
años como Decano de la Facultad de Artes Escénicas del Instituto
Superior de Arte (ISA) y profesor de Actuación y Dirección de
Teatro. Ostenta la distinción de Profesor de Mérito, Maestro de
Juventudes y más recientemente el Premio Nacional de la Enseñanza
Artística del año que acaba de concluir.
Luego de llevar a escena obras líricas y clásicos teatrales
cubanos del siglo XIX como El Conde Alarcos, de Milanés;
La hija de las flores, de la Avellaneda; El becerro de oro,
de Luaces, entre otros, y de consolidarse como director en los
escenarios cubanos, Armando asegura que siempre ha tenido la
enseñanza como parte importante de su trabajo.
Incansable a sus 70 años, el Profe —como muchos le conocen—
accedió a ofrecer esta entrevista en medio de una intensa jornada de
pruebas de actitud en los jardines del ISA.
¿Cuándo llegó a la dirección teatral?
"En el Ateneo de Cienfuegos fue donde yo comencé a dirigir y a
actuar, en 1960. La vida me obligó a dedicarme a la dirección porque
no había quien dirigiera y después de estar casi dos años
contrataron a los directores argentinos Alberto Panelo e Isabel
Herrera y llevamos la dirección del Centro Dramático de Las Villas.
Cuando ellos llegaron, yo tenía como tres obras hechas ya. Entonces
hicimos un programa conjunto, ellos montaron una obra de la Comedia
del arte italiana, y yo hice una de Eduardo Manet que se llama La
santa, una mujer que en realidad no era tan santa.
¿Cómo conjuga el magisterio con su labor de director?
"Vengo todos los días, trabajo, imparto clases, hago pruebas de
ingreso, exámenes, me multiplico en lo que puedo. Actualmente no
estoy dirigiendo porque preparo dos óperas barrocas que llevan mucho
trabajo, sobre todo por la adecuación al lugar. Son dos obras que me
hacen buscar un espacio y personajes diferentes, deben estrenarse a
principios de febrero en el oratorio San Felipe Neri de La Habana
Vieja. Después me voy a las provincias para continuar realizando las
pruebas de aptitud.
¿Qué significa el ISA para usted?
"Es importantísimo, es el futuro del teatro, de la danza, de la
música y de todas las artes.
¿Recibir el Premio Nacional de la Enseñanza Artística?
"Ni sabía que me habían nominado, no estaba enterado de nada
absolutamente. Llegó de pronto.
A su juicio, ¿por dónde anda el teatro cubano actual?
"En este momento yo creo que hay como una pérdida de la brújula
con respecto a lo qué se va a hacer y con lo qué se hace. Es como un
barco que navega y la brújula no camina. Estoy a la expectativa de
lo que está pasando en las Jornadas de Teatro Cubano.
¿De la escena cubana de hoy cuáles son sus preferencias?
"No tengo preferencias. Me interesan actores y directores, por
ejemplo, Carlos Celdrán que hace montajes intelectualmente
interesantes, y Carlos Díaz, un director con mucha imaginación que
busca renovar constantemente y a la par se preocupa por el lenguaje
de sus puestas, eso me parece importante.
Si tuviera la oportunidad de empezar de nuevo, ¿elegiría el
teatro?
"Si. Me gusta muchísimo el teatro musical, la ópera y la
zarzuela, también me interesa hacer teatro de lo que la gente llama
dramático, aunque dramático es todo. A mí, por ejemplo, no me
interesa la televisión. El cine quizás. En realidad, siempre ha sido
el teatro.