Cuba tiene una capacidad de producción eléctrica de dos mil 418
megawatts (MW) basada en la generación distribuida (DG), que le ha
permitido mantener el servicio en ocasión de huracanes.
De esa cifra, mil 280 MW corresponden a generadores diésel y el
resto son motores de fuel oil (540 MW), cogeneración (529 MW) y
otras tecnologías energéticas renovables (69 MW).
También hay instalados unos seis mil generadores diésel de
emergencia en centros clave de producción y servicios, cuya potencia
combinada es de 690 MW.
Cuba ocupa la segunda posición mundial, tras Dinamarca, en el uso
de este modelo energético comenta hoy Juventud Rebelde en un escrito
titulado Hacia un nuevo paradigma energético.
Señala el texto que las ventajas de la DG se demostró el año
pasado, cuando a pesar la gravedad de los desastres causados por los
ciclones los sistemas descentralizados de energía mantuvieron sus
operaciones, se crearon microsistemas eléctricos con ese esquema y
se garantizaron servicios esenciales a la población.
La Revolución Energética ha significado, además, un acelerado
despegue en la aplicación de las tecnologías energéticas renovables,
con la implementación de programas para el desarrollo de la energía
eólica y el uso de la radiación solar para el calentamiento de agua.
Igualmente se afianza el desarrollo de la capacidad
hidroeléctrica y se ponen en marcha proyectos para la valorización
energética de los residuos sólidos urbanos y se investigan las
posibilidades de implementar tecnologías para aprovechar las
energías geotérmica, oceánica y otras.