Los
estudios de Medicina lo separaron un tiempo de su Patria. El
teniente coronel José Hernán Salas Rubio era por aquel tiempo un
muchacho con aspiraciones humanitarias. En 1958 se graduó como
médico en la Universidad Central de Venezuela, mientras la historia
rebelde de su tierra llegaba a él como la promesa de una esperanza
acariciada.
Por eso no dudó un instante. En el mismo enero victorioso de 1959
puso rumbo hacia Cuba. Al doctor Salas no le bastó con la nobleza de
su profesión, no solo estaba decidido a salvar vidas, también quería
preservarlas, defenderlas. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR)
se convirtieron en el puesto más firme para esas expectativas.
Mi vida militar tiene ya 50 años, explica, y en mi condición de
revolucionario siempre consideré que mi vida profesional desde la
Medicina y mi desempeño militar debían estar unidos.
En diciembre de 1962 se funda el Hospital Militar Central Doctor
Luis Díaz Soto (Naval) y en su plantilla inicial aparecía nuestro
entrevistado. Desde entonces sus horas como galeno están asociadas a
este centro. Nos revela con el orgullo que le dan tantas décadas de
entrega que es el único médico fundador que aún se encuentra
laborando en el centro.
Optó por convertirse en neurocirujano y declara que ese sueño
cumplido le ha traído las mayores satisfacciones. En la actualidad
es profesor consultante de esta especialidad y miembro del tribunal
de ciencias clínico-quirúrgicas para la obtención de grados
científicos.
He centrado mi actividad profesional sobre todo en los aspectos
de la neurocirugía de interés para las FAR, afirma, porque nuestra
misión es la defensa del país, y en las guerras el traumatismo
generalmente se convierte en una verdadera epidemia, sobre todo el
de cráneo.
Esa es la razón por la que me he desarrollado en este campo con
particular énfasis, aclara el teniente coronel Salas, tanto desde el
punto de vista de la investigación experimental como clínico. Sobre
el tema tiene más de 50 artículos en diversas publicaciones de la
disciplina y tres libros de reciente aparición.
Su dedicada investigación lo hizo merecedor en el año 2002 de la
Orden Carlos J. Finlay que otorga la Academia de Ciencias. Además,
en el año que culminó fue acreedor del Premio Nacional de la
Academia de Ciencias de Cuba.
El profe, como todos le llaman en el Naval, está siempre rodeado
de estudiantes que buscan impregnarse de su sabiduría. En la mirada
de estos alumnos se vislumbra el respeto. Todos se acercan para
aprender, no solo de Medicina, sino también de una vida consagrada a
ejercer la generosidad con un espíritu solidario inigualable.