Casa
de las Américas inició musicalmente el programa conmemorativo de su
cincuentenario con un concierto del pianista Miguel Núñez y su
cuarteto, un músico que tiene bien definido su proyecto: obras suyas
y de otros destacados compositores y excelentes instrumentistas que
se avienen a su espíritu creativo.
Al servicio de la mejor tradición jazzística y pianística,
Miguelito se explaya en recreaciones temáticas muy libres. Sueño
galáctico, y Caribeña (obra de Juan Pablo Sánchez)
Mozambique en B, Tocororo (música del ballet de este
nombre) y El brujo de la noche, con el que cerró, son
ejemplos de esos amplios márgenes en que se mueve como ejecutante y
líder de un colectivo de pequeño formato.
El virtuosismo estuvo presente en muchos otros momentos, pero
nunca fue el principal protagonista de las llamativas dosis de
energía y lirismo que descargó una y otra vez, como en el tema del
filme En fin el mar y en una entrega excepcional,
Gismontiana, homenaje al gran músico brasileño Egberto Gismonti,
en el que con el toque de la batucada y otros recursos sonoros nos
remitió a los puentes que unen a Cuba y Brasill. El público también
agradeció Contra danzando, que hizo para un aniversario
artístico de Liuba María Hevia.
El concierto fue presentado por el actor Luis Alberto García,
quien repasó la importante trayectoria de Miguel, incluyendo su
fructífera colaboración con Pablo Milanés. Entre las sorpresas hubo
dos muy significativas: la invitación al trovador Carlos Varela para
que interpretara un tema suyo que considera entre los más hermosos
que se han escrito; y la actuación de Estefanía Núñez, su hija de 11
años, que parece seguir acertadamente los pasos de su progenitor.
El equipo que arropó al músico fue de primera: Reinaldo Melián
(trompeta), Osmani Sánchez (batería), Yaroldi Abreu (percusión) y
Sergito Rabeiro (bajo).