El
5 de enero de 1959 surgió la Policía Nacional Revolucionaria, tan
rebelde y guerrillera como su antecesora nacida en plena Sierra
Maestra. Cinco décadas después la PNR encara nuevos y difíciles
retos, apegada siempre al motivo de su fundación: defender los
logros de tantos años de bregar revolucionario. Como apuntara Fidel
en el aniversario 40 de la institución, este, más que un día de
recuerdos, deber ser una conmemoración con la vista puesta en el
futuro, para examinarnos, para analizarnos; pero especialmente para
prepararnos y empezar a marchar a lo largo de los próximos años.
Así, en todos los rincones del país cientos de hombres y mujeres
entregan sus días para resguardar el orden, herederos de otros
tantos que formaron parte de la Policía Rebelde nacida en el Segundo
Frente Oriental Frank País y fundada por Raúl el 28 de octubre de
1958; de los que defendieron su suelo ante la invasión por Playa
Girón y los días de la Crisis de Octubre; de los que despojaron de
bandidos nuestras montañas; de los que ayudaron a fundar un nuevo
país sobre los escombros de un bochornoso pasado marcado por la
transgresión.
Ahora, cuando la experiencia de cinco lustros de quehacer resulta
uno de los mayores tesoros de la PNR, contar las historias de
algunos de sus héroes anónimos y cotidianos deviene el mejor
homenaje.
Para el capitán Félix del Llano, jefe del sector de La Conchita,
en Pinar del Río, pertenecer a la policía ha sido su mayor
realización personal. Desde hace 20 años forma parte del Ministerio
del Interior, y 18 de ellos los ha consagrado a la comunidad donde
vive. De allí conoce "hasta el más pinto de la paloma", sabe de sus
42 kilómetros cuadrados y de sus más de 8 700 habitantes.
A su casa, confiesa, lo van a buscar a toda hora, pero saberse
útil lo reconforta. Algunas veces necesita que la semana tenga más
días de lo habitual. De su familia recibe el mayor apoyo y en
recompensa él es el mayor orgullo para sus hijos y esposa. Entonces
sentencia: "Cuando soy ascendido a capitán, también lo es mi
familia".
En tiempos normales el quehacer de Félix es altamente reconocido
en la comunidad. Pero cuando soplan vientos de ciclón ese
reconocimiento se convierte en sincera retribución. Recuerda la
tarde del Gustav cuando la negativa a evacuarse de un hombre
imposibilitado de caminar sumó preocupaciones a la jornada. Los
vientos empezaron a poner fea la situación y me mandó a buscar,
recuerda. Lo cargué, y al alejarnos unos metros del lugar la casa se
desplomó. Sobraron las palabras de agradecimiento, para el capitán
bastó una mirada.
Algo parecido vivieron los policías Omar González y Maikel
Lorenzo; el primero, oficial de la PNR en Unión de Reyes; el
segundo, jefe del sector del poblado de Alacranes, ambos de
Matanzas. La experiencia de Omar y el arrojo de Maikel permitieron
salvar la vida de decenas de personas atrapadas por las inundaciones
de Ike en Alacranes, entre ellas la de la anciana Fabiola, de 78
años de edad.
En otro punto de la geografía cubana, esta vez en el poblado
cienfueguero de Ariza, a un hombre vestido siempre de azul le dicen
la sombra. En el lugar más insospechado y a cualquier hora, aparece.
Lo mismo en la escuela, en el círculo social, en la bodega o el CDR.
Su nombre es Julio Curriel Acea. Es capitán y jefe de sector en
Ariza. Allí desde hace algún tiempo revoluciona la comunidad e
implica a todos en la prevención del delito. En su oficina no
resulta raro hallar federadas, sicólogos, trabajadores sociales¼
Julio está convencido de que su sector es un gran hogar. Y la
disminución del delito así lo confirma.
Colmado de historias y esfuerzos cotidianos está el cuerpo
policial cubano, que este 5 de enero celebra sus primeros 50 años.
Con el agasajo a quienes hoy dedican sus vidas a mantener la
tranquilidad en nuestras calles, barrios y ciudades, llegue también
el tributo a los que han muerto cumpliendo con su deber. No existirá
mejor honra para ellos que la entrega diaria para continuar haciendo
Revolución.