La
seducción melódica que emana de sus ejecuciones incita a apreciarlo
en vivo y en directo. Es una fiesta observar con los oídos cada uno
de sus gestos cuando parece bailar con sus dedos encima del teclado,
mientras recrea libremente un tema en cualquier ejecución sobre una
determinada estructura armónica. Poseedor de una gran calidad
interpretativa y dominio de la técnica, el joven pianista Roberto
Fonseca acaba de grabar su más reciente disco, del cual estrenó
algunos temas en la Sala Teatro del Museo Nacional de Bellas Artes.
Entre las diversas líneas estilísticas del jazz cubano
contemporáneo, su impronta, solidificada junto a su grupo
Temperamento, late cada vez con voz más propia. Hace ya algunos años
que Fonseca dejó de ser una promesa de nuestra música para
convertirse en una realidad. Seis producciones discográficas ya es
una cifra significativa como para valorar su fructífera trayectoria
como pianista, compositor, arreglista y productor discográfico.
Aprendió bien pronto que no es bueno aferrarse a una sola línea
creativa, sin dejar de aflorar entre la eclosión de nuevos jazzistas
cubanos con un estilo propio e inequívoco.
Se mueve con igual destreza en la cuerda del latin jazz mezclado
con música sacra y pagana, ritmos tradicionales de nuestro acervo
sonoro como los de origen yoruba, y elementos melódicos de otras
culturas en temas como Congo Árabe, de Zamazu,
su anterior álbum. En ocasiones se apoya en su voz para enfatizar la
carga emotiva de sus temas, por lo que no puede faltar el micrófono
cerca de su piano, lo que evidenció al interpretar El ritmo de
tus hombros, pieza en la que interactuó con el auditorio. Pero
también toca obras de aires lentos con aplomo y serenidad, como
Llegó Cachaíto, homenaje al célebre contrabajista, con el
que tocó mientras formaba parte de Buena Vista Social Club. En sus
solos revela un sentido excepcional de la forma y del tiempo como en
Consumatum est. Sus experiencias personales vibran en sus
composiciones que resultan un tanto intimistas, como Velas y
flores y Como en las películas, temas incluidos en el
fonograma que verá la luz en febrero. También estrenó una versión
jazzística del conocido tema Drume negrita, de Eliseo Grenet.
En esta ocasión, Fonseca invitó al guitarrista Jorge Luis Chicoy
a compartir escenario con los experimentados músicos de la
agrupación, el multintrumentista Javier Zalba (saxofón barítono,
alto, soprano, flauta y clarinete), el contrabajista Omar González y
el percusionista Ramsés Rodríguez, quienes demostraron una vez más
el formidable empaste que logran.
Diversidad, originalidad y síntesis son las aristas fundamentales
que sustentan la creación musical de Roberto Fonseca mientras que
sutileza, expresividad y gran profundidad orquestal la caracterizan.