Santiagueras y santiagueros;
Orientales;
Combatientes
del Ejército Rebelde, la lucha clandestina y de cada combate en
defensa de la Revolución durante estos 50 años;
Compatriotas:
El primer pensamiento, un día como hoy, para los caídos en esta
larga lucha. Ellos son paradigma y símbolo del esfuerzo y el
sacrificio de millones de cubanos. En estrecha unión, empuñando las
poderosas armas que han significado la dirección, las enseñanzas y
el ejemplo de Fidel, aprendimos en el rigor de la lucha a
transformar sueños en realidades; a no perder la calma y la
confianza frente a peligros y amenazas; a levantar el ánimo tras los
grandes reveses; a convertir en victoria cada reto y a superar las
adversidades, por insuperables que pudieran parecer.
Los que hemos tenido el privilegio de vivir con toda intensidad
esta etapa de nuestra historia, sabemos bien cuán cierta ha
resultado la alerta que nos hizo aquel 8 de enero de 1959, en su
primer discurso al entrar a la capital:
"La
tiranía ha sido derrocada. La alegría es inmensa. Y sin embargo,
queda mucho por hacer todavía. No nos engañamos creyendo que en lo
adelante todo será fácil; quizás en lo adelante todo sea más
difícil", concluyó.
Por primera vez el pueblo cubano alcanzaba el poder político. En
esta ocasión, junto a Fidel, los mambises sí entraron a Santiago de
Cuba. Atrás quedaban 60 años exactos de dominación absoluta del
naciente imperialismo norteamericano, que no tardaría en mostrar sus
verdaderos propósitos, al impedir la entrada a esta ciudad del
Ejército Libertador.
Atrás quedaron también la gran confusión y sobre todo la
frustración enorme que generó la intervención norteamericana. Sin
embargo se mantuvo en vilo, más allá de su disolución formal, la
voluntad de lucha del Ejército Mambí y el pensamiento que guió las
armas de Céspedes, Agramonte, Gómez, Maceo y tantos otros próceres y
combatientes por la independencia.
Vivimos algo más de cinco décadas de gobiernos corruptos, de
nuevas intervenciones norteamericanas; la tiranía machadista y la
revolución frustrada que la derrocó. Más tarde, en 1952, el golpe de
Estado, con el apoyo del gobierno norteamericano, instauró
nuevamente la dictadura, fórmula aplicada en esos años para asegurar
su dominio en América Latina.
Para nosotros quedó claro que la lucha armada era la única vía. A
los revolucionarios se nos planteaba nuevamente, como a Martí antes,
el dilema de la guerra necesaria por la independencia que quedó
trunca en 1898.
El Ejército Rebelde retomó las armas mambisas y después del
triunfo se transformó para siempre en las invictas Fuerzas Armadas
Revolucionarias.
La Generación del Centenario, que en 1953 asaltó los cuarteles
Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, contó con el importante legado
de Martí, con su visión global humanística que va más allá de la
consecución de la liberación nacional.
En términos históricos, fue breve el tiempo que medió entre la
frustración del sueño mambí y el triunfo en la Guerra de Liberación.
A comienzos de este período, Mella, uno de los fundadores de nuestro
primer partido comunista y creador de la Federación Estudiantil
Universitaria (FEU), se convierte en heredero legítimo y puente que
une el pensamiento martiano y las ideas más avanzadas.
Fueron años de maduración de la conciencia y la acción de obreros
y campesinos, y de formación de una intelectualidad genuina,
valiente y patriota que los ha acompañado hasta el presente.
El magisterio cubano, fiel depositario de las tradiciones de
lucha de sus predecesores, las sembró en lo mejor de las nuevas
generaciones.
Desde el mismo momento del triunfo, se hizo evidente para cada
hombre y mujer humilde que la Revolución era un justiciero
cataclismo social que tocó todas las puertas, desde los palacetes de
la Quinta Avenida en la capital, hasta el más misérrimo y apartado
bohío de nuestros campos y montañas.
Las leyes revolucionarias no sólo dieron cumplimiento al programa
del Moncada, lo superaron con creces en la lógica evolución del
proceso. Además sentaron un precedente para los pueblos de nuestra
América que hace 200 años iniciaron el movimiento emancipador del
colonialismo.
En Cuba, la historia americana tomó rumbos diferentes. Nada
moralmente valioso ha sido ajeno al torbellino que aun antes del
primero de enero de 1959, comenzó a barrer oprobios e inequidades, a
la vez que abrió paso al gigantesco esfuerzo de todo un pueblo,
decidido a darse a sí mismo cuanto merece y ha logrado levantar con
su sangre y su sudor.
Millones de cubanas y cubanos han sido trabajadores, estudiantes,
soldados, o simultáneamente las tres cosas, cuantas veces las
circunstancias lo han exigido.
La síntesis magistral de Nicolás Guillén resumió el significado
para el pueblo del triunfo de enero de 1959: "Tengo lo que tenía que
tener", dice uno de sus versos, refiriéndose no a riquezas
materiales, sino a ser dueños de nuestro destino.
Es una victoria doblemente meritoria, porque ha sido alcanzada a
pesar del odio enfermizo y vengativo del poderoso vecino.
El fomento y apoyo al sabotaje y el bandidismo; la invasión de
Playa Girón; el bloqueo y demás agresiones económicas, políticas y
diplomáticas; la permanente campaña de mentiras dirigida a denigrar
a la Revolución y sus líderes; la Crisis de Octubre, los secuestros
y ataques a embarcaciones y aeronaves civiles; el terrorismo de
Estado, con su terrible saldo de 3 478 muertos y 2 099
incapacitados; los planes de atentados a Fidel y otros dirigentes;
los asesinatos de obreros, campesinos, pescadores, estudiantes,
diplomáticos y combatientes cubanos. Esos y otros muchos crímenes
dan fe del tozudo empeño de apagar a cualquier precio la luz de
justicia y decoro que significó la alborada del Primero de Enero.
Una tras otra, todas las administraciones norteamericanas no han
cesado de intentar forzar un cambio de régimen en Cuba, empleando
una u otra vía, con mayor o menor agresividad.
Resistir ha sido la palabra de orden y la clave de cada una de
nuestras victorias, durante este medio siglo de ininterrumpido
batallar, en que hemos partido invariablemente de jugarnos nuestra
propia piel, sin dejar de reconocer la amplia y decisiva solidaridad
recibida.
Desde hace muchos años, los revolucionarios cubanos nos atenemos
a la máxima martiana: "La libertad cuesta muy cara, y es necesario o
resignarse a vivir sin ella, o decidirse a comprarla por su precio".
En esta plaza, en el 30 aniversario del triunfo, Fidel nos dijo:
"Aquí estamos porque hemos podido resistir". Una década después, en
1999, desde este mismo balcón, afirmó que el período especial
constituía "la más extraordinaria página de gloria y firmeza
patriótica y revolucionaria, (…) cuando nos quedamos absolutamente
solos en medio de Occidente a 90 millas de Estados Unidos y
decidimos seguir adelante". Fin de la cita. Así lo repetimos hoy.
Ha sido una resistencia firme, ajena a fanatismos, basada en
sólidas convicciones y en la decisión de todo un pueblo de
defenderlas al precio que sea necesario. Ejemplo vivo de ello en
estos momentos es la inconmovible firmeza de nuestros gloriosos
Cinco Héroes (Aplausos y exclamaciones de: "¡Viva!") .
Hoy no estamos solos frente al imperio en este lado del océano,
como ocurrió en los años sesenta, cuando los Estados Unidos
impusieron el absurdo de expulsar de la OEA, en enero de 1962, a
Cuba, el país que poco antes había sido víctima de una invasión
organizada por el gobierno norteamericano y escoltada hasta nuestras
costas por sus buques de guerra. Precisamente, como se ha
demostrado, esa expulsión era el preludio de una intervención
militar directa, impedida sólo por el despliegue de los cohetes
nucleares soviéticos que desembocó en la Crisis de Octubre, conocida
mundialmente como la crisis de los mísiles.
Hoy la Revolución es más fuerte que nunca y jamás ha cedido un
milímetro en sus principios, ni en los momentos más difíciles. No
cambia en lo más mínimo esa verdad que algunos pocos se cansen y
hasta renieguen de su historia, olvidándose de que la vida es un
eterno batallar.
¿Significa que han disminuido los peligros? No, no nos hagamos
ilusiones. Cuando conmemoramos este medio siglo de victorias, se
impone la reflexión sobre el futuro, sobre los próximos cincuenta
años que serán también de permanente lucha.
Observando las actuales turbulencias del mundo contemporáneo, no
podemos pensar que serán más fáciles, lo digo no para asustar a
nadie, es la pura realidad.
También debemos tener muy presente lo que Fidel nos dijo a todos,
pero especialmente a los jóvenes, en la Universidad de La Habana, el
17 de noviembre del 2005: "Este país puede autodestruirse por sí
mismo; esta Revolución puede destruirse, los que no pueden
destruirla hoy son ellos; nosotros sí, nosotros podemos destruirla,
y sería culpa nuestra", sentenció.
Ante esta posibilidad, me pregunto: ¿cuál es la garantía de que
no ocurra algo tan terrible para nuestro pueblo?
¿Cómo evitar un golpe tan anonadante que necesitaríamos mucho
tiempo para recuperarnos y alcanzar de nuevo la victoria?
Hablo en nombre de todos los que hemos luchado, desde los
primeros disparos en los muros del Moncada, hace 55 años, hasta los
que cumplieron heroicas misiones internacionalistas.
Hablo, por supuesto, también en nombre de los que cayeron en las
guerras de independencia y más recientemente en la Guerra de
Liberación. En representación de todos ellos, hablo en nombre de
Abel y José Antonio, de Camilo y Che, cuando afirmo, en primer
lugar, que ello exige de los dirigentes del mañana que no olviden
nunca que esta es la Revolución de los humildes, por los humildes y
para los humildes (Aplausos); que no se reblandezcan con los cantos
de sirena del enemigo y tengan conciencia de que por su esencia,
nunca dejará de ser agresivo, dominante y traicionero; que no se
aparten jamás de nuestros obreros, campesinos y el resto del pueblo;
que la militancia impida que destruyan al Partido. Aprendamos de la
historia.
Si actúan así, contarán siempre con el apoyo del pueblo, incluso
cuando se equivoquen en cuestiones que no violen principios
esenciales. Pero si sus actos no estuvieran en consonancia con esa
conducta, no contarán siquiera con la fuerza necesaria ni la
oportunidad para rectificar, pues les faltará la autoridad moral que
sólo otorgan las masas a quienes no ceden en la lucha. Pudieran
terminar siendo impotentes ante los peligros externos e internos, e
incapaces de preservar la obra fruto de la sangre y el sacrificio de
muchas generaciones de cubanos.
Si ello llegara a suceder, nadie lo dude, nuestro pueblo sabrá
dar la pelea, y en la primera línea estarán los mambises de hoy, que
no se desarmarán ideológicamente ni dejarán caer la espada (Aplausos
y exclamaciones).
Corresponde a la dirección histórica de la Revolución preparar a
las nuevas generaciones para asumir la enorme responsabilidad de
continuar adelante con el proceso revolucionario.
Esta heroica ciudad de Santiago, y Cuba entera, fue testigo del
sacrificio de miles de compatriotas; de la ira acumulada ante tanta
vida tronchada por el crimen; del dolor infinito de nuestras madres
y del valor sublime de sus hijas e hijos.
Aquí nació un joven revolucionario, de sólo 22 años al caer
asesinado, que simboliza esa disposición al sacrificio, pureza,
valentía, serenidad y amor a la patria de nuestro pueblo: Frank País
García.
En esta tierra oriental nació la Revolución. Aquí fue la
clarinada de La Demajagua y el 26 de Julio; aquí desembarcamos en el
Granma e iniciamos el combate en montañas y llanos, que luego se
extendió a toda la isla. Como dijo Fidel en La Historia me
Absolverá, aquí "cada día parece que va a ser otra vez el de Yara o
el de Baire".
¡Nunca más volverán la miseria, la ignominia, el abuso y la
injusticia a nuestra tierra!
¡Jamás regresará el dolor al corazón de las madres ni la
vergüenza al alma de cada cubano honesto!
Es la firme decisión de una nación en pie de lucha, consciente de
su deber y orgullosa de su historia (Aplausos).
Nuestro pueblo conoce cada imperfección de la obra que él mismo
ha levantado con sus brazos y defendido a riesgo de su vida. Los
revolucionarios somos nuestros principales críticos. No hemos dudado
en dilucidar deficiencias y errores públicamente. Sobran los
ejemplos pasados y recientes.
Desde el 10 de octubre de 1868, la desunión fue causa fundamental
de nuestras derrotas. A partir del primero de enero de 1959, la
unidad, forjada por Fidel, ha sido garantía de nuestras victorias.
Nuestro pueblo logró mantenerla frente a todos los avatares e
intentos divisionistas y ha sabido situar los anhelos comunes por
encima de las diferencias, derrotar mezquindades a fuerza de
colectivismo y generosidad.
Las revoluciones sólo avanzan y perduran cuando las lleva
adelante el pueblo. Haber comprendido esa verdad y actuado
invariablemente en consecuencia con ella, ha sido factor decisivo de
la victoria de la Revolución cubana frente a enemigos, dificultades
y retos en apariencia invencibles.
Al arribar al primer medio siglo de Revolución triunfante, llegue
el principal tributo a nuestro maravilloso pueblo; a su ejemplar
decisión, valor, fidelidad, vocación solidaria e internacionalista;
a su extraordinaria demostración de voluntad, espíritu de sacrificio
y confianza en la victoria, en el Partido, en su máximo líder y
sobre todo en sí mismo (Aplausos).
Sé que expreso el sentir de mis compatriotas y de muchos
revolucionarios en el mundo, al rendir homenaje en esta hora al
Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz
(Aplausos y exclamaciones).
Un individuo no hace la historia, lo sabemos, pero hay hombres
imprescindibles capaces de influir en su curso de manera decisiva.
Fidel es uno de ellos, nadie lo duda, ni aun sus enemigos más
acérrimos.
Desde muy joven hizo suyo un pensamiento martiano: "Toda la
gloria del mundo cabe en un grano de maíz". Lo convirtió en escudo
contra lo fatuo y lo pasajero, en su principal arma para transformar
halagos y honores, por merecidos que fueran, en mayor modestia,
honradez, voluntad de lucha y amor por la verdad, que
invariablemente ha situado por encima de todo.
A estas ideas se refirió, en esta misma plaza, hace 50 años. Sus
palabras de aquella noche mantienen absoluta vigencia.
En este especial momento que nos hace meditar en el camino
recorrido y sobre todo en el aún más largo que está por delante,
cuando ratificamos nuevamente el compromiso con el pueblo y nuestros
mártires, permítanme concluir repitiendo la alerta premonitoria y el
llamado al combate que nos hiciera el Comandante en Jefe en este
histórico lugar, el primero de enero de 1959, cuando señaló:
"No creemos que todos los problemas se vayan a resolver
fácilmente, sabemos que el camino está trillado de obstáculos, pero
nosotros somos hombres de fe, que nos enfrentamos siempre a las
grandes dificultades. Podrá estar seguro el pueblo de una cosa, que
es que podemos equivocarnos una y muchas veces, lo único que no
podrá decir jamás de nosotros es que robamos, que traicionamos".
Y agregó:
"Nunca nos dejaremos arrastrar por la vanidad ni por la ambición,
(…) no hay satisfacción ni premio más grande que cumplir con el
deber", concluyó.
En una fecha de tanto significado y simbolismo, reflexionemos
sobre estas ideas que constituyen guía para el revolucionario
verdadero. Hagámoslo con la satisfacción de haber cumplido el deber
hasta el presente; con el aval de haber vivido con dignidad el más
intenso y fecundo medio siglo de historia patria y con el firme
compromiso de que en esta tierra siempre podremos exclamar con
orgullo:
¡Gloria a nuestros héroes y mártires! (Exclamaciones de:
"¡Gloria!")
¡Viva Fidel! (Exclamaciones de: "¡Viva!")
¡Viva la Revolución! (Exclamaciones de: "¡Viva!")
¡Viva Cuba libre! (Exclamaciones de: "¡Viva!")
(Ovación).