El
doctor Luis Herrera Martínez, director del Centro de Ingeniería
Genética y Biotecnología (CIGB), tenía apenas 15 años cuando la
Revolución triunfa el Primero de Enero de 1959. Como bien dice
"aquel hecho cambió mi vida, pues me dio la oportunidad de poder
cursar estudios universitarios, algo que antes de esa histórica
fecha era un sueño prácticamente inalcanzable para un joven como yo,
nacido en un pueblo de campo y de origen humilde".
De los primeros tiempos del proceso recuerda con particular
claridad las intervenciones del Che, insistiendo en la necesidad de
formar cuadros técnicos de alta calificación. Luego de graduarse de
médico en 1966, responde a un llamado de la máxima dirección del
país e incursiona en el fascinante mundo de la investigación
científica. Otra vez tiene todas las puertas abiertas para seguir
superándose, ya sea en instituciones cubanas o foráneas. Así pasa
cursos de posgrado y entrenamientos avanzados en centros de primer
nivel mundial.
Héroe Nacional del Trabajo de la República de Cuba, miembro de
renombradas asociaciones científicas internacionales y con decenas
de patentes en su haber, este hombre de proverbial modestia asegura
que el alto desarrollo de la ciencia en nuestro país es fruto
incuestionable de la obra de la Revolución y del pensamiento de
Fidel, su principal impulsor.
"Si algo me enorgullece es haber tenido la posibilidad de ser
actor en el logro de tan importante objetivo, y trabajar durante más
de veinte años junto al destacado colectivo de especialistas y
técnicos del CIGB. Ahora nos toca corresponderle a la sociedad en lo
que haga falta, ese es el eterno compromiso de tantos hombres y
mujeres que como yo, pudimos crecer y realizarnos profesionalmente
después de 1959.