Desde
que con aspecto adolescente apareció con una guitarra en un casi
olvidado programa de la televisión hasta los conciertos
multitudinarios más recientes en diversas plazas del mundo, Silvio
Rodríguez (San Antonio de los Baños, 29 de noviembre de 1946) ha
sido consecuente en sus cantos y sus actos.
"En los años Cincuenta mi padre, mi padrino y yo, en la Colina
Universitaria, vimos a la policía de Batista cargar contra los
jóvenes que bajaban con una bandera cubana desplegada. El 13 de
marzo de 1956 mi abuela Isabel me sacó de mi escuela bajo una recia
balacera. Por entonces, junto a mi familia, escuchaba Radio Rebelde
en casa de la tía Nena, que vivía frente al Capitolio. Todo nuestro
barrio de San Miguel y Gervasio sabía que en la panadería de
enfrente se vendían bonos del 26 de Julio. Un hijo de mi maestra de
primaria, la doctora Josefa Torres, estaba alzado en la Sierra
Maestra. Un año antes del primero de enero, los soldaditos de goma
con que jugaba con mis amigos estaban divididos en casquitos y en
rebeldes. Una de aquellas figuritas tenía una Thompson y era el Che
Guevara.
En enero de 1959, acababa de cumplir 12 años y me es inevitable
evocar también el poema del Indio Naborí, que comienza describiendo
la mañana del Primero de enero con versos realistas —porque fue un
día de cielo muy azul, especialmente luminoso. Mi madre, mi hermana
María y yo habíamos ido a pasar aquel fin de año a casa de mis
abuelos, que quedaba en el barrio de La Loma, en la calle Caridad
número 12, a unos metros del placer de pelota de San Antonio de los
Baños. Aquella mañana, desde temprano, la casa se llenó de
trasiegos, porque había empezado a circular la noticia de que
Batista había huido y había una huelga general. Se pedía a los
ciudadanos que se mantuvieran en sus casas, pero el júbilo era
incontrolable."