Su padre andaba trotando por las lomas desde las dos de la
madrugada, pero tan pronto lo sorprendió la noticia que a la postre
cambiaría la suerte de toda la serranía, regresó volando para
reunirse con los suyos y festejar la buena nueva: "Batista huyó —le
dijo a los vecinos de la sitiería—, yo lo oí por la radio en Rancho
Claro".
No teníamos donde caernos muertos, pero ese día hubo puerco y
fiesta en la loma, relata Teovaldo, quien al cabo de medio siglo y
con la humildad de la Sierra todavía a cuestas ha representado a los
trabajadores de los Servicios Comunales en el Parlamento cubano en
las últimas tres legislaturas.
"Viví 25 años en la loma, pero cuando bajé al Servicio Militar me
quedé en Bayamo, allí me casé, armé una familia, mis tres hijos ya
se graduaron y trabajan, yo llevo 31 años en Comunales. La gente
dice que recoger la basura es la última carta de la baraja, pero
aquí me hice militante del Partido, delegado de circunscripción,
delegado a la Asamblea Provincial y hasta Diputado."