Apenas
Alicia Alonso supo que el sátrapa había sido derrocado por el
Ejército Rebelde, quiso regresar a La Habana desde Estados Unidos,
país en el que ya ocupaba una altísima jerarquía artística. Sin
embargo, no pudo hacerlo de inmediato. Debía cumplir un contrato en
los primeros días de enero de 1959 con el American Ballet Theater,
compañía para la que bailaba en esos momentos.
"El mismo primero de enero de 1959, en Chicago, me había
comprometido con los compañeros del movimiento revolucionario en
acudir a un estudio de televisión para hacer un llamado a la opinión
pública acerca del peligro que entrañaba para la juventud cubana el
aumento de la represión por parte de los esbirros de Fulgencio
Batista, cuyas prácticas criminales se incrementaban a medida que el
régimen iba cediendo terreno", cuenta la extraordinaria artista al
evocar aquellas circunstancias medio siglo después.
"Ya estaba lista bien temprano en la mañana cuando alguien me
dijo: Batista huyó, los rebeldes están en Santiago, se acabó la
tiranía. Algo muy grande sentí por dentro, como si Cuba entera
estuviera en mi pecho".
Pude al fin regresar a la Isla el 11 de enero. Sentí mucho
perderme la entrada de los barbudos a La Habana. Pero desde que supe
que la Patria había sido liberada, preparé las maletas para partir
en la primera oportunidad.
La efervescencia de esos tiempos iniciales se reflejó prontamente
en nuestro espíritu de trabajo. Además, tuve la dicha de que el
sueño de situar el ballet como una de las expresiones culturales más
importantes en la nueva realidad revolucionaria comenzara a
cumplirse muy pronto.