El zoológico miamense está revuelto. Cuando vemos los artículos
que se están publicando en El Nuevo Herald sobre los 50 años de la
revolución cubana tenemos la percepción de que detrás de la crítica
está la nostalgia.
La redacción del Herald ha realizado un trabajo cuidadoso en
seleccionar los temas sobre los cuales debe escribirse y, en base a
estos, situarle la tarea a los que consideran que pudieran
cumplirla. Solamente han pasado por alto un detalle.
La revolución cubana sigue adelante, a pesar de todo lo realizado
por los presidentes que han ocupado el gobierno de Estados Unidos
desde Eisenhower hasta Bush. A pesar de los planes subversivos, el
espionaje y el terrorismo desarrollados contra Cuba por las agencias
de la Comunidad de Inteligencia. A pesar de que en el "Parque de las
Palomas", en Miami, todos los días alguien explica su idea de cómo
acabar con la Revolución.
Por las calles de Miami deambulan como sombras del pasado.
Sombras porque han perdido todo su brillo. Porque los 50 años de
Revolución les han pasado por encima y cada día la carga se hace más
pesada. Porque todos comprenden que nunca volverán aquellos tiempos
en que los "americanos" mandaban y ellos se "salpicaban".
Lo más triste de todo eso es, que en el ocaso de la vida, muchos
de ellos están seguros de que nunca más se sentarán en el muro del
Malecón, que antes de morir no podrán bañarse en nuestras playas,
tomarse un guarapo de caña cubana, oír la trompeta china en los
carnavales de Santiago, o sentarse en uno de nuestros parques de
pelota a discutir la última jugada o el "error" del árbitro entre
bocanada y bocanada de un verdadero tabaco de Pinar del Río.
Nadie mejor que ellos, que nacieron en esta tierra, deben sentir
orgullo, aunque sea en lo más recóndito del corazón, por saber que
este país no se rinde y que sigue las tradiciones de Martí y de
Maceo y que "el que intente apoderarse de Cuba, recogerá el polvo de
su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha" .