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Bélgica amanece en Navidad sin gobierno

BRUSELAS, 25 de diciembre (PL).— Un esperado discurso que apeló más a los sentimientos humanos y de solidaridad dejó en ascuas a Bélgica en la formación de un nuevo gobierno, luego de las palabras del rey Alberto II la víspera.

Así, en pleno recogimiento familiar y en el día de plena celebración navideña, la prensa local y la población en general se resignó a aceptar lo que parecía inevitable: un país sin primer ministro y negociaciones políticas empantanadas.

La dimisión el viernes pasado del gobernante cristiano demócrata flamenco Yves Leterme, convirtió a Bélgica posiblemente en el primer país del mundo en ser testigo de la caída de un dirigente político como consecuencia de la crisis económica mundial.

A Leterme se le criticó por supuestamente presionar a la justicia en relación con la venta de acciones del grupo financiero Fortis al gigante bancario francés BNP Paribas.

El mensaje grabado del soberano anoche trató más bien de los temas fundamentales relacionados con la trascendencia de la unidad y en un país cada vez más escindido entre flamencos (el poder económico) y los valones (francófonos con ascendencia política).

Ante un clima de confrontación, se hace más complicado elegir al nuevo jefe de gobierno. Ya declinó el presidente de la Cámara de los Diputados, el cristiano demócrata flamenco Herman Van Rompuy, y tampoco es bien visto el ex primer ministro Jean-Luc Dehaene.

Eran a todas luces los mejores candidatos, pero ninguno tiene el favor de la mayoría de uno y otro bando.

El rey Alberto II aceptó la dimisión de Leterme el lunes pasado y confió la misión de formar un nuevo gobierno al ex primer ministro Wilfried Martens, de 72 años, quien dijo que avanzaría en el tema con paciencia.

Espero sinceramente que el sentido de la responsabilidad de cada uno llevará a la formación de un nuevo gobierno capaz de afrontar con eficacia los desafíos económicos, sociales y financieros urgentes de nuestro país, declaró el rey.

La perspectiva de terminar con 178 años de historia merodea una vez más el panorama de Bélgica y aunque la voluntad del rey Alberto II es devolver al país la estabilidad.

 

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