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Año atípico para el boxeo mundial

El triunfo de China en el medallero del boxeo en los Juegos Olímpicos de Beijing-2008 convirtió a este año en atípico para el deporte de los puños, dominado exclusivamente en las últimas tres décadas por Cuba y Rusia (o la extinta Unión Soviética).

Sobre el cuadrilátero del Gimnasio de los Trabajadores, varios fueron los veredictos injustos, en detrimento de casi todos los países.

Arbitros muy condescendientes o demasiado injustos, y sobre todo votaciones que no se correspondieron con lo realmente sucedido, mantienen en jaque a una disciplina vilipendiada en el seno del Comité Olímpico Internacional.

China dominó el medallero olímpico con dos oros, una plata y un bronce, mientras Cuba cosechaba el mayor número de preseas (ocho), pero ningún título.

El insólito puesto de los anfitriones se debió a más de una decisión polémica, de las cuales no escapó ni el estelar minimosca Shiming Zou, favorecido tras empatar a tres con el francés Nordine Oubaali en su segunda salida.

Rusia, pese a perder a la mayoría de sus hombres en los carteles iniciales, concluyó segunda porque finalizó con dos oros y un bronce.

La actuación de la mayor de las Antillas resultó encomiable, tomando en cuenta la juventud de la escuadra, conformada en apenas unos meses.

Injusticias arbitrales en la mayoría de los casos, y actuaciones por debajo de lo esperado en otros, dieron al traste con una mejor ubicación cubana y balance final de cuatro preseas de plata y otras tantas de bronce.

República Dominicana sacó la cara por Latinoamérica al coronar a Félix Díaz en los 64 kilos, para dar a su país el segundo cetro olímpico de su historia y el otro metal de la región en la lid.

El ucraniano Vasyl Lomachenko, monarca de los 57 kilos, se llevó la Copa Val Barker, concedida al mejor pugilista de cada cita estival, matizada en esta ocasión además por acusaciones y protestas.

Desde fuera del cuadrilátero el certamen se estremeció cuando el rumano Rudel Obreja, vicepresidente de la Asociación Internacional de Boxeo (AIBA), acusó a varios de sus colegas de corruptos.

Según Obreja, que en jerarquía solamente tenía por encima en la AIBA el presidente Ching-Kuo Wu y el vicepresidente ejecutivo Gofur Rakhimov, la distribución de los árbitros fue alterada en varias ocasiones.

Una comisión investigadora anunció acciones y resultados en pocas horas, pero nada ocurrió, y la imagen del máximo organismo boxístico mundial sigue manchada, en espera de una explicación razonable.

RENACER CUBANO

Como Ave Fénix renació el equipo cubano a finales de año, pues la nave insignia del deporte en la Isla se comportó como todo un rompehielos en Moscú al dominar ampliamente la Copa Mundial de la disciplina.

En la cita moscovita, que intentó reunir a los ocho mejores pugilistas de la temporada, los caribeños conquistaron seis medallas de oro y dos de plata, para llevar de nuevo este deporte a planos estelares.

Yampier Hernández (48 kilogramos) y Andry Laffita (51) ganaron plata, y con oro se fueron Yankiel León (54), Idel Torriente (57), Rosniel Iglesias (64), Carlos Banteaux (69), Osmay Acosta (91) y Robert Alfonso (más de 91).

Este último asistió a la capital rusa como invitado de última hora para cubrir otras ausencias y doblegó a Zhilei Zhang, plata en Beijing, y al local Niyaz Fayzullin, un oponente que le había vencido este año.

Latinoamérica sumó otras preseas con el subtítulo del venezolano Alfonso Blanco en 75 y el bronce del puertorriqueño José Pedraza en 60.

La hazaña cubana se completó con la elección del preparador Pedro Roque como el mejor entrenador del año según la AIBA.

Los anfitriones doblaron en tres divisiones y pese a eso fueron incapaces de dominar la puntuación final; apenas dos derrotas en 24 combates hablan a las claras de la buena preparación de los cubanos para la competición.

Haber conseguido ocho preseas en Beijing con una escuadra tan renovada fue una clarinada; pero el triunfo absoluto en la Copa del Mundo pone las cosas en su sitio.

Como decía Roque al cierre del certamen moscovita, esto es sólo un ejemplo de cuánto han madurado sus pupilos como parte de un trabajo que todavía va a rendir más frutos. (PL)

 

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