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Miguel Adolfo Bello entre la realidad y la ficción

ADOLFO SILVA SILVA

Fue pintor, fotógrafo, profesor, intérprete lírico, célebre personaje carnavalesco, agente de la Inteligencia mambisa y, después de muerto, artista en teatros.

Su fama sazonada por la realidad y la ficción la sepultó el tiempo, y el olvido se enseñoreó sobre un individuo que tuvo suficientes atributos singulares para figurar públicamente, también en la actualidad, en la lista de personas célebres del siglo XIX en Santa María del Puerto del Príncipe.

Nacido en 1828 en la hoy ciudad de Camagüey, Miguel Adolfo Bello legó obras pictóricas como un retrato de doña Loreto de Agramonte e impartía clases de pintura y dibujo en el local donde ejercía la fotografía.

Bajo y tenor, en el canto lírico se desempeñó entre otras piezas en la ópera Hernani, considerada el primer éxito internacional de Giuseppe Verdi.

En ediciones del San Juan, nombre del carnaval camagüeyano, participó disfrazado en comparsas de elevado impacto, como Piratas italianos y Los hijos de don Fermín.

Surgido en el siglo XVIII y uno de los más pintorescos del país, ese festejo termina cada año con una broma multitudinaria, denominada entierro de san Pedro.

Otra de sus huellas en el jolgorio veraniego, fue su presencia entre los dolientes en uno de los fingidos funerales, en el cual un suculento pavo asado sustituía al cadáver.

En su labor de agente de la Inteligencia mambisa utilizó un apelativo humorístico : El Moscón.

Bello fue comunicante de tropas del Ejército Libertador en la guerra iniciada en 1868, de acuerdo con un testimonio escrito por el coronel Francisco Arredondo Miranda.

Según un libro de historia publicado en el siglo XX fue fusilado en 1871, por su conducta patriótica, pero tras ese año hay referencias de actuaciones suyas en teatros como el Principal, el más importante de la ciudad, y todavía activo.

De julio de 1888 data otra alusión a Bello, en una lista de correos de Nuevitas.

¿Murió fusilado y actuaba posteriormente en escenarios?

Es una evidente contradicción, y una de las múltiples peculiaridades que signaron la existencia de Miguel Adolfo Bello, quien tras tanta fama vive casi anónimo en la historia camagüeyana. (AIN)

 

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