Recta de humo por el centro del plato

PEDRO DE LA HOZ
pedro.hg@granma.cip.cu

Este libro es comparable a una recta de humo por el centro del plato o como un jonrón con los ángulos congestionados. Estoy seguro va a ser disfrutado tanto por los aficionados más encarnizados al deporte de las bolas y los strikes como por cualquier lector que se interese por indagar en las aristas de nuestro modo de ser y sentir. Por ello se explica la doble inserción de su lanzamiento: de una parte, en el programa editorial con que el Instituto Cubano del Libro ha querido saludar el advenimiento del 50 cumpleaños de la Revolución; de otra, como uno de los puntos culminantes de la agenda de la jornada Leer la Historia, que el ICL y la UJC concibieron para fomentar el interés de las nuevas generaciones por preservar nuestra memoria.

Lejos estoy de hacer firmar un comercial: cuando tuve en mis manos el voluminoso ejemplar de Con las bases llenas¼ béisbol, historia y Revolución, y supe que había sido compilado por Félix Julio Alfonso, ese joven erudito, apasionado y, a la vez, crítico, que hemos visto como panelista del programa televisivo Escriba y lea, intuimos que las expectativas de un título tan abarcador podían ser cumplidas.

En sus páginas confluyen cronistas de añejo oficio en el seguimiento beisbolero (Elio Menéndez, Víctor Joaquín Ortega y Jorge Alfonso clasificaron, aunque echo de menos a Sigfredo Barros), acuciosos especialistas (Martínez de Osaba, Arturo Pedroso, Fernando Rodríguez Álvarez, Martín Socarrás y Carlos E. Reig), y escritores que sienten y padecen la pelota hasta la mismísima empuñadura (Alberto Luberta, Víctor Fowler, Yamil Díaz, Rafael Grillo, Francisco García González, Rodolfo Zamora, Norberto Codina, Arturo Arango, Leonardo Padura, Omar Valiño y Miguel Terry).

Entre todos emerge una visión de las transformaciones del béisbol tras el triunfo de enero de 1959, de sus figuras míticas, de las aficiones más férvidas. Y tienen un espacio muy destacado también —aún cuando se pudiera haber sistematizado mucho más este aspecto— los vínculos del béisbol con las expresiones artísticas, el imaginario popular y la psicología social.

Siempre que se habla de la cultura del béisbol recuerdo un extraño pero admonitorio texto de José Lezama Lima en Tratados de La Habana: "Los nueve hombres en acecho, después de saborear una droga de Coculcán, unirán sus destinos a la caída y ruptura de la esfera simbólica. Un hombre provisto de un gran bastón intenta golpear la esfera, pero con la enemiga de los nueve caballeros, vigilantes de la suerte y navegación de la bolilla. Jueces severísimos se reúnen, dictaminan, y se ve después silencioso, a uno de aquellos caballeros defensores, abandonar el jardín de los combates. La esfera de cristal en manos de uno de aquellos guerreros, tiene fuerza suma para si se toca con ella el ajeno cuerpo, cincuenta mil hombres de asistencia prorrumpen en gruñidos de alegría o rechazo. Si la esfera de cristal se pierde más allá de los jardines, el caballero de gris con grandes listones verdes, a pasos lentos sigue su marcha, como si tuviese la recompensa de un camino suyo e infinito". Un delirio futurista, ¿verdad?

Pero también recuerdo el tremendo poema que Nicolás Guillén dedicó a Martín Dhigo el sencillo y conmovedor Pio tai, de Roberto Fernández Retamar. El libro de Félix Julio, quien antes nos había regalado el magnífico ensayo La letra en el diamante (Editorial Capiro, 2005) quedará como piedra sillar de esa necesaria construcción de la fisonomía del béisbol en la cultura cubana.

 

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