Este
libro es comparable a una recta de humo por el centro del plato o
como un jonrón con los ángulos congestionados. Estoy seguro va a ser
disfrutado tanto por los aficionados más encarnizados al deporte de
las bolas y los strikes como por cualquier lector que se interese
por indagar en las aristas de nuestro modo de ser y sentir. Por ello
se explica la doble inserción de su lanzamiento: de una parte, en el
programa editorial con que el Instituto Cubano del Libro ha querido
saludar el advenimiento del 50 cumpleaños de la Revolución; de otra,
como uno de los puntos culminantes de la agenda de la jornada
Leer la Historia, que el ICL y la UJC concibieron para fomentar
el interés de las nuevas generaciones por preservar nuestra memoria.
Lejos estoy de hacer firmar un comercial: cuando tuve en mis
manos el voluminoso ejemplar de Con las bases llenas¼
béisbol, historia y Revolución, y supe que había sido compilado
por Félix Julio Alfonso, ese joven erudito, apasionado y, a la vez,
crítico, que hemos visto como panelista del programa televisivo
Escriba y lea, intuimos que las expectativas de un título tan
abarcador podían ser cumplidas.
En sus páginas confluyen cronistas de añejo oficio en el
seguimiento beisbolero (Elio Menéndez, Víctor Joaquín Ortega y Jorge
Alfonso clasificaron, aunque echo de menos a Sigfredo Barros),
acuciosos especialistas (Martínez de Osaba, Arturo Pedroso, Fernando
Rodríguez Álvarez, Martín Socarrás y Carlos E. Reig), y escritores
que sienten y padecen la pelota hasta la mismísima empuñadura
(Alberto Luberta, Víctor Fowler, Yamil Díaz, Rafael Grillo,
Francisco García González, Rodolfo Zamora, Norberto Codina, Arturo
Arango, Leonardo Padura, Omar Valiño y Miguel Terry).
Entre todos emerge una visión de las transformaciones del béisbol
tras el triunfo de enero de 1959, de sus figuras míticas, de las
aficiones más férvidas. Y tienen un espacio muy destacado también
—aún cuando se pudiera haber sistematizado mucho más este aspecto—
los vínculos del béisbol con las expresiones artísticas, el
imaginario popular y la psicología social.
Siempre que se habla de la cultura del béisbol recuerdo un
extraño pero admonitorio texto de José Lezama Lima en Tratados de
La Habana: "Los nueve hombres en acecho, después de saborear una
droga de Coculcán, unirán sus destinos a la caída y ruptura de la
esfera simbólica. Un hombre provisto de un gran bastón intenta
golpear la esfera, pero con la enemiga de los nueve caballeros,
vigilantes de la suerte y navegación de la bolilla. Jueces
severísimos se reúnen, dictaminan, y se ve después silencioso, a uno
de aquellos caballeros defensores, abandonar el jardín de los
combates. La esfera de cristal en manos de uno de aquellos
guerreros, tiene fuerza suma para si se toca con ella el ajeno
cuerpo, cincuenta mil hombres de asistencia prorrumpen en gruñidos
de alegría o rechazo. Si la esfera de cristal se pierde más allá de
los jardines, el caballero de gris con grandes listones verdes, a
pasos lentos sigue su marcha, como si tuviese la recompensa de un
camino suyo e infinito". Un delirio futurista, ¿verdad?
Pero también recuerdo el tremendo poema que Nicolás Guillén
dedicó a Martín Dhigo el sencillo y conmovedor Pio tai, de
Roberto Fernández Retamar. El libro de Félix Julio, quien antes nos
había regalado el magnífico ensayo La letra en el diamante
(Editorial Capiro, 2005) quedará como piedra sillar de esa necesaria
construcción de la fisonomía del béisbol en la cultura cubana.