Ciudad
de La Habana finaliza el 2008 con favorables resultados
macroeconómicos, crece la producción mercantil, mejora la
correlación entre salario medio y productividad¼
, hay superávit, pero el Partido no se llama a engaños: Los hechos y
sus expresiones estadísticas, denotan, sobre todo, que se pueden
hacer más y mejores cosas, aun en medio de fuertes tensiones
materiales y financieras como las actuales.
No significa desconocer el esfuerzo de la población ni el empeño
de numerosos cuadros, el Comité Provincial de la organización trató
de sopesar con justeza los indicadores, y aún más: volver a
cuestionar qué anda mal, dónde están las fallas, cuál debe ser la
participación de cada cual en los procesos productivos y de
servicios, cómo dar vida práctica al empeño de perfeccionar los
métodos y los estilos de trabajo propios del Partido, el movimiento
sindical, la Unión de Jóvenes Comunistas, la administración, el
Gobierno¼
Esa fue la óptica del pleno realizado ayer por el Comité, bajo la
conducción de Pedro Sáez, integrante del Buró Político y primer
secretario del Partido en la capital.
En un grupo no despreciable de centros —evaluaron— persisten la
falta de exigencia administrativa, la indisciplina laboral y el bajo
aprovechamiento de la jornada, con perjuicios evidentes al
cumplimiento de los planes y a la calidad de las ofertas, sin que
"se haga sentir el trabajo de los núcleos del Partido y demás
organizaciones", en el combate contra los problemas.
También fueron reiteradas las críticas a los procesos
inversionistas por atrasos en la preparación de obras, insuficiente
organización, baja productividad, inestabilidad en la entrega de
recursos materiales, incumplimiento de los cronogramas de ejecución
e inadecuada supervisión. Se cuestionó igualmente las deficiencias
de los registros contables, las irregularidades en las cuentas por
cobrar y pagar entre las empresas, la inestabilidad en el
funcionamiento de Consejos de la Administración Municipal y la
superficialidad con que son discutidos con los trabajadores los
planes y presupuestos de la entidad donde laboran.
Ante esas realidades el Partido está obligado a aumentar la
efectividad de sus métodos de dirección y control. Sáez recalcó que
la cuestión no estriba en la cantidad de reuniones, ni de chequeos,
sino en discutir directamente en cada sitio las situaciones
específicas y de no dejar tareas a medias. Pasar por un lugar y
dejar recomendaciones para luego no seguir al tanto de lo que allí
sucede, es como no haber hecho nada, ilustró con el propósito de
solicitar mayor constancia y visión integral en el desempeño de los
cuadros.
Según criticó, a veces en un municipio destacan que efectuaron
las reuniones programadas como si ello fuera sinónimo de buenos
resultados en el trabajo; pero quién fue a discutir el problema en
cuestión con la gente implicada, dónde quedó la labor de persuasión,
el intercambio interpersonal. Los cuadros de la provincia, dijo,
tienen que estar cada vez más en esa batalla en la base y no dejar
solos a los compañeros con cargos en ese nivel de dirección.
No en balde concedió gran importancia a los encuentros que desde
hace varios meses sostienen personalmente los primeros secretarios
de los Comités Municipales del Partido con los secretarios de los
núcleos, porque constituyen una oportunidad para discutir temas
concretos, orientar y verificar el cumplimiento de las indicaciones.
Entre las fallas examinadas estuvo, además, las referidas a la
selección y evaluación de los cuadros, así como a la promoción y
preparación de quienes podrían ocupar esos puestos e integran las
llamadas reservas. Aunque ha aumentado el rigor —agregaron— todavía
hay dirigentes de "corcho"; un calificativo empleado por el pueblo
para indicar cómo algunos cometen errores graves, pero "no se
hunden" y vuelven a ser promovidos para realizar tareas de jefatura
en otras empresas, entidades y sectores. Sobre el asunto, Sáez
recalcó la necesidad de aumentar la vigilancia en todos los sentidos
y de seguir adoptando medidas severas con los responsables.
Finalmente el Comité consideró que el 2008 fue un año de mucho
trabajo y sacrificio en la capital, de resultados notables en lo
económico y lo social, pero los habaneros esperan más de sí mismos y
pueden lograrlo; hay numerosas reservas de inteligencia, de
productividad y de espíritu de lucha por explotar.