SANTIAGO
DE CUBA.— Modernizar la imagen, desconcentrar el tráfico e
incrementar seguridad vial figuran dentro de los principales
propósitos de la ampliación de la carretera de Siboney, una de las
labores de mayor envergadura constructiva que durante los últimos
años se ejecutó en esta ciudad.
La terminación de la primera etapa tiene un marcado interés
urbanístico, pues además de crear un doble acceso para evitar el
embotellamiento en el horario pico, brinda una moderna solución a la
zigzagueante geografía del tramo y al flujo diario de personas en la
periferia del municipio más poblado del país.
La ampliación abarca los tres primeros kilómetros de esa
histórica ruta, desde el entronque del segundo anillo de la
circunvalación hasta la entrada del centro urbano Abel Santamaría,
la segunda comunidad residencial de la Ciudad Héroe.
Daniel Despaigne Girón, vicepresidente del Consejo de la
Administración, dijo a Granma que las respuestas
constructivas a la cimentación, pavimentación y diseño se equiparan
a la calidad y estética de las obras terminadas en esta zona de gran
interés para el turismo y la economía santiaguera.
La puesta en práctica de alternativas rápidas, efectivas y
adaptadas a las circunstancias, permitió concluir la nueva avenida
en saludo al Aniversario 50 del triunfo de la Revolución y continuar
avanzando en el ordenamiento vial de la segunda urbe en importancia
de la nación.
En 1953 esta carretera fue utilizada por el Comandante en Jefe
Fidel Castro en el trayecto hacia la Granjita Siboney, de donde
partió junto a sus compañeros para asaltar el cuartel Moncada.
A sus dos lados permanecen, comos testigos del arrojo y ansias de
libertad de los cubanos, los monumentos que perpetúan la memoria de
decenas de jóvenes asesinados durante la última etapa
insurreccional. Estos históricos sitios no fueron, ni serán
alterados por la remodelación del entorno.
Con posterioridad al triunfo revolucionario, la vía fue
reacondicionada, lo que permitió que en la década de 1980 se
construyeran instalaciones turísticas y recreativas que como parte
del Parque Baconao se pusieron al servicio y disfrute del pueblo.
Hoy permite el acceso a una de las principales reservas de la
biodiversidad en el Caribe insular, al museo de la guerra
hispano-cubano-norteamericana y a las ruinas de los cafetales de la
Gran Piedra, declarados por la UNESCO Patrimonio Cultural de la
Humanidad.