Las tres jornadas de debate confirmaron el seguimiento que se les
da en toda Cuba a más de 600 infantes con baja visión (incluidos en
la matrícula de las escuelas especiales), así como a otra cantidad
similar de alumnos limitados por igual discapacidad, pero vinculados
a centros del sistema regular de Educación.
Para ello, el país cuenta con la profesionalidad de maestros de
estimulación visual, docentes de apoyo, rehabilitadores de salud,
oftalmólogos, optometristas, metodólogos y otros especialistas, cuya
interacción les permite a los Ministerios de Educación y Salud
actuar de forma cada vez más cohesionada.
En opinión de la Máster en Ciencias de la Educación Alicia
Santaballa Figueredo, metodóloga nacional de Educación Especial, una
evidencia irrefutable de la atención y posibilidades que Cuba
ofrece, fue la solicitud hecha el pasado año por 49 jóvenes que
presentan baja visión, para cursar estudios universitarios en
diferentes centros de la educación superior.
Se considera con baja visión a las personas con menos de 0,3 de
agudeza visual en su mejor ojo, o campo visual inferior a 20 grados,
y que no mejoran mediante el uso de cristales convencionales, el
tratamiento médico o el procedimiento quirúrgico.