En la madrugada del lunes, Día del Educador, regresaron a la
patria 110 profesores cubanos procedentes de Venezuela, donde
realizaron su deber mayor: educar e instruir por medio de las
misiones Robinson, Ribas y Sucre.
Unos en el papel de asesores y otros impartiendo clases, la
mayoría de misión hace dos años y los demás desde apenas doce meses,
todos volvieron con la satisfacción de haber despejado la sombra de
la ignorancia en los ojos de miles de bolivarianos.
El santiaguero Hiraldo Ocaña Revé vino en esta oportunidad de
vacaciones. Dentro de un mes retornará a suelo venezolano para dar
continuidad a su misión de proveer luces.
Allá trabajó con dos etnias, en el municipio más sureño de
Venezuela, el Alto Orinoco. "En mi labor como asesor de más de 500
indígenas inscritos en las tres misiones educativas, me sorprendió
enormemente ver a tanta gente responder con llanto al privilegio que
llevábamos hasta sus hogares: la posibilidad de estudiar".
Es una misión muy fuerte la de ejercer la pedagogía en plena
selva amazónica, describe Hiraldo con un asombro inusitado en quien
acapara 28 años de experiencia.
Como el resto de los colaboradores que regresaron ayer a su
tierra, este educador santiaguero celebrará el aniversario 50 de la
Revolución en la legendaria Ciudad Héroe, de la cual confiesa haber
extrañado la familia y la pelota.
Para él es un regalo haber vuelto en este día significativo de
los educadores, pero sobre todo, haber recibido las nuevas buenas de
Bolivia: tercer país latinoamericano libre de analfabetismo, meta en
la cual los profesores cubanos, como en el caso de Venezuela,
aportaron más que un granito de arena.