ATENAS.—
Linda acogida nos dieron en bella función, aunque hubo que ganarse a
un público especial. Ya lo había afirmado el diario Expreso: "En
Grecia, las Navidades reclaman alegría y el Teatro Megaron lo ha
entendido así al invitar al prestigioso Ballet Nacional de Cuba, que
trae belleza, alegría, música y hermosa danza, de la mano de su
legendaria fundadora, Alicia Alonso".
La Sala Tanti, la principal del Complejo Cultural Megaron, se
llenó de un público expectante por comprobar el arte de una compañía
ausente de los escenarios griegos por más de 25 años. Al abrirse la
cortina, la escena quedó iluminada por la bella escenografía de
Salvador Fernández para Don Quijote, animada rápidamente por
la nueva generación de bailarines que integran el actual elenco del
BNC.
Podía sentirse, en el respetuoso silencio inicial, la atención
prestada al desempeño artístico de los cubanos. Los griegos, tan
amantes y conocedores del folclor, dispensaron sus primeros aplausos
a las seguidillas y el fandango, interpretados de manera brillante
por el cuerpo de baile. En el acto II, las actuaciones de Regina
Hernández (Graciosa, la gitana), Amaya Rodríguez (Reina de las
Driadas) y Aymara Vasallo (El Amor), fueron acogidas muy
calurosamente. Sin lugar a dudas, el exigente público analizaba la
aureola de fama que precedía al conjunto y, poco a poco, fue
entregándose a la magia de los bailarines cubanos.
Desde su primera salida en el Acto I, una brillante Viengsay
Valdés, comenzó a apoderarse de ellos con su entrega artística y la
bravura técnica que la caracteriza: giros lentos y rápidos, balances
sostenidos y, sobre todo, mucho estilo. A su lado Romel Frómeta hizo
gala de sus muchas virtudes, tanto en sus variaciones como en los
pas de deux, especialmente en el del Acto III, en que la audiencia
estalló en una estruendosa y cálida ovación.
Javier Torres (El torero Espada), Félix Rodríguez (Lorenzo),
Ernesto Díaz (Camacho) y Alejandro Vireyes (el joven gitano)
lograron también desempeños muy notables.
Al finalizar la función, escoltada por Frómeta y Torres, apareció
en escena Alicia Alonso, quien entre flores y vítores, con la
audiencia puesta de pie, puso punto final a una noche de retos. Pero
una vez más la Escuela Cubana de Ballet revalidaba su excelencia
mundial.