Confluencias de Harold y Aldo

PEDRO DE LA HOZ
pedro.hg@granma.cip.cu

Foto: YORDANKA ALMAGUERHay conciertos en los cuales la condición carismática de sus protagonistas asegura de antemano la sinergia entre el escenario y el auditorio. Tratándose de Aldo López-Gavilán Junco y de Harold López Nussa, quienes han rebasado con creces el estadío promisorio de sus carreras para convertirse en realidades de la pianística cubana de nuestro tiempo, se justifica el fervor predominante en la atmósfera del concierto que ambos ofrecieron el último fin de semana en el teatro Amadeo Roldán.

Mas un análisis, así sea somero, de lo que allí se escuchó, sitúa a estos pianistas en un plano mucho más consistente. Como autores cada cual posee un estilo diferenciado. En Herencia, tributo a su tío Ernán López Nussa, y la pieza todavía sin título dedicada a su madre, Harold demuestra un desarrollo temático sumamente estructurado, que se desata en una tormenta rítmica, también controlada, en Echa, donde juega con los tópicos del jazz latino, y sobre todo en La jungla. Aldo es mucho más especulativo en su discurso pianístico; se advierten en él diversas búsquedas que van de la explosión virtuosa en Pájaro carpintero al alarde minimal de Divagación, aunque puede abrirse a la descarga como lo hizo en Bossita rica. Lo interesante, en todo caso, pasa por un entendimiento concluyente, que afloró en la mayoría de las piezas que trabajaron a dos pianos, el cual fue redondeado por las intervenciones de Ruy Adrián López Nussa en la batería.

Con Harold y Aldo el linaje del pianismo cubano que se avecina al jazz recibe una savia vigorosa, a la que aportan otros brillantes talentos como Rolando Luna, Alfredo Rodríguez Salicio, y Alejandro Vargas.

 

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