Es cierto que le dije, cuando nos acercábamos aquí, que él estaba
preso cuando se celebró la 3ra. Cumbre Iberoamericana, en 1993, con
la participación de Fidel y otros jefes de Estado.
Yo me acerqué a la tribuna por una sola razón: Para decirle a
Chávez que Fidel lo estaba viendo por televisión en vivo (Aplausos),
y, como ustedes vieron, no me dejó hablarle y me puso a hablar a mí.
¿Cómo es que tú le dices a Fidel cuando lo saludas? (El
presidente Chávez le contesta.) Le dice: "How are you, Fidel?"
(Risas.) Lo saluda en inglés desde Venezuela, cuando está en alguna
actividad, o en su Aló Presidente, larguísimos programas que él
organiza todos los domingos.
Con él tengo un problema, yo lo veo desde Cuba, pero sus
conferencias duran tanto que tengo el televisor bajito y sigo
trabajando, y después le pido a algún ayudante que me haga un
resumen de lo que dijo el presidente Chávez, porque dice cosas muy
interesantes, y aunque soy un poco mayor que él, siempre aprendo
algo.
Él recordaba que me dice a mí tío y a Fidel padre, una
consideración que a nosotros nos avergüenza, por modestia, pero nos
sentimos orgullosos. Y una de mis nietas, pequeña, de unos 12 años,
le decía a su mamá —una hija mía— el otro día: "Bueno, si tío Fidel"
—le dice tío a Fidel— "es el papá de Chávez y abuelo Raúl es el tío,
entonces yo soy prima de Chávez" (Risas y aplausos). Se llama Mónica
la chiquita, uno de los seudónimos que usó su abuela —ya fallecida—
en la lucha clandestina, en la guerra de liberación.
Solo quería darles un abrazo, a través, de mis palabras, a todos
ustedes; a través de ustedes, a todo el estado y a todo Brasil, que
tiene ya más de 190 millones de habitantes y más de 8 millones de
kilómetros cuadrados.
Cuando venía de Caracas para acá, sobrevolaba por el Amazonas y
eran horas y horas y horas viendo la gigantesca y magnífica masa
verde de este importante pulmón de oxígeno, ya no solo de Brasil y
de América, sino del planeta.
El pueblo de Brasil y el de Cuba tienen las mismas raíces, las
raíces étnicas. Este negro grande que ustedes ven aquí (Se refiere
al traductor) no es brasileño, es cubano (Risas), si no lo digo
podría creer que es brasileño; no baila samba, aunque le gusta ver a
las mulatas bailar samba. ¿Cómo se les dice a las mulatas aquí?
¡Ah!, tú no sabes (Risas). Él baila conga, que es una variedad muy
parecida y muy alegre.
Tenemos las mismas raíces culturales —les decía—, tenemos un
carácter explosivo, esa liga de nuestro tronco africano, nuestro
tronco común, y de nuestro tronco europeo: en unos casos predomina
uno; en otros, otro. El Poeta Nacional de Cuba, ya fallecido,
Nicolás Guillén, tiene una bellísima y larga poesía dedicada a sus
dos abuelos: a su abuelo negro y a su abuelo blanco.
Por eso cuando he podido compartir brevemente con esta
concentración de bahianos, pues me siento como en Cuba; me siento
como en Santiago de Cuba, más parecido aún: más pequeña la ciudad,
con menos habitantes, pero los mismos: unos hablan portugués, otros
hablan español, y en Cuba muchos hablan "portuñol".
"Portuñol" pudiéramos decir que es un dialecto surgido de la
necesidad de comunicarnos entre angolanos y cubanos durante 15 años,
que tuvimos el honor de participar, junto con los patriotas
angolanos, del Movimiento Popular para la Liberación de Angola, bajo
la dirección de su primer Presidente y fundador del Estado, fundado
el 11 de noviembre de 1975, cuando por cuatro lugares distintos, a
las 12 de la noche de ese día, o de esa noche, el naciente Estado se
vio acosado por todos los enemigos: los racistas sudafricanos por el
sur, los fantoches de la UNITA, una organización fundada por los
colonialistas portugueses y que posteriormente se puso al servicio
de los norteamericanos; por el norte, las tropas de Mobutu y de un
llamado Frente Nacional de Liberación de Angola, títeres también
primero de los colonialistas portugueses y después de la Agencia
Central de Inteligencia, la CIA norteamericana.
Un poco más al norte, en un enclave llamado Cabinda, separado del
resto del territorio de Angola por la desembocadura del gigantesco
río Congo —que era el único lugar en que en aquel momento tenían
petróleo, que se extraía próximo a sus costas en el mar—, que cuatro
días antes de la proclamación de la independencia fue agredida
igualmente, agresión que fue rechazada por tropas cubanas y
angolanas.
Esa gigantesca operación militar internacionalista iniciada en el
segundo semestre de 1975 duró 15 años. Durante ese tiempo, 300 000
militares cubanos pasaron por Angola y decenas de miles de
oficiales; según la situación, siempre hubo entre 35 000 y 55 000
soldados cubanos, se vivieron situaciones dificilísimas en
diferentes etapas de esos largos años, y de nuestro pueblo, todos
los que participaron, militares, profesionales o de la reserva,
fueron con carácter voluntario a cumplir esa peligrosa misión
internacionalista. Más de dos mil dieron su vida en tan noble
misión, hasta que ya Angola pudo andar sola.
Le pusimos Carlota a esa operación. ¿Quién era Carlota? Una
esclava, probablemente de Angola, aunque no ha sido confirmado en
las investigaciones, que en el siglo XIX dirigió una sublevación de
esclavos. Fracasó, era un lugar aislado, era en una fábrica de
azúcar —no era fábrica, no sé cómo le dirían—, era una pequeña
fábrica, todavía no eran de vapor (Chávez dice que Raúl habla mucho
más que él) (Risas). Y Carlota se fugó a las montañas y se unió a
otros esclavos que se habían fugado igualmente, que les llamaban
cimarrones. Tiempo después dirigió la sublevación de otro cachimbo
de esos azucareros. En esa ocasión fue capturada. Juzgada por los
colonialistas españoles fue condenada al descuartizamiento y con
cuatro caballos, dividida cruelmente en cuatro pedazos. Era lo mismo
que iban a hacer con Angola: dividirla en cuatro pedazos.
Cuando ya por fin llegó el momento de irnos, se había logrado no
solo consolidar la independencia de Angola desde Cabinda, por el
norte, hasta Cunene, por el sur, en la frontera con Namibia, ocupada
en esos momentos también por los racistas sudafricanos. Angola y su
millón y cuarto de kilómetros cuadrados se conservó intacta y se
conserva hasta hoy.
Logramos, además, que se aplicara la Resolución 435 de las
Naciones Unidas, que obligaba a los racistas sudafricanos a
abandonar Namibia y a esta obtener su libertad e independencia.
Como otro subproducto de ese heroísmo del pueblo angolano y sus
hermanos cubanos, el odioso apartheid de Sudáfrica se quedó
seriamente afectado y tambaleándose. El gran dirigente sudafricano,
Nelson Mandela, que ya llevaba cerca de 27 años en prisión, obtuvo
su libertad y fue el primer presidente también de ese gigantesco y
próspero país, después de obtener la victoria en unas elecciones.
Ese es el esfuerzo hecho por el pueblo cubano, los resultados de
esos esfuerzos, de ese sacrificio, del que nos sentimos orgullosos.
A los angolanos les dijimos: "De aquí solo nos llevaremos los
restos de nuestros muertos", y todos juntos los trajimos a los
municipios del país, o sea, a sus hogares de origen. Cuba tiene 14
provincias y 169 municipios y hubo bajas, menos de dos municipios,
en todos los demás. En una solemne ceremonia, a la misma hora en
todo el país, un 7 de diciembre, dimos sepultura a todos los cubanos
caídos en esa misión internacionalista.
A los africanos les dijimos que no necesitábamos que nos
manifestaran gratitud alguna, todo lo contrario, nosotros pagamos
una pequeña parte de la gran deuda que nuestro pueblo tiene con
África, porque la inmensa mayoría de la riqueza de mi país —en
aquella etapa el café, el azúcar, entre otras actividades— se logró
con mano esclava africana.
Nosotros nos sentimos, todos los cubanos, orgullosos de esas
misiones, y hoy seguimos colaborando, pero en otro tipo de
actividades civiles.
Quería contarles eso a ustedes, por qué nos sentimos tan bien en
una población como esta, que es la misma nuestra.
A todos ustedes, bahianos, un fuerte abrazo de Cuba, de mis
acompañantes, del presidente Hugo Chávez, que ya habló —para suerte
nuestra habló poco—; del presidente Zelaya, de Honduras; del
presidente Evo Morales, de Bolivia (Aplausos).
Creo que por lo menos estos cuatro jefes de Estado aquí
presentes, hemos tenido el privilegio de cerrar con broche de oro,
en esta breve reunión con ustedes, las cumbres que hemos celebrado
durante estos últimos dos días en Sauípe de Bahía.
Muito obrigado (Aplausos).