.—
La primera cumbre de América Latina y el Caribe que sesiona hoy
aquí, apunta a convertirse en un instrumento de integración y
concertación erigido sobre la base de rasgos esenciales de identidad
histórica.
Raíces, idioma, cultura y vínculos comunes como no tiene ninguna
otra región de la Tierra distinguen a la trascendental cita, que
cuenta con la presencia y el aval de 33 jefes de Estado del
hemisferio y las significativas ausencias de Estados Unidos y
España.
La tradicional relación de embudo mantenida por Estados Unidos
hacia la región aparenta haber sobrepasado los límites máximos de
resistencia, tanto como para generar un rechazo casi generalizado
hacia las políticas tanto de Washington como de las antiguas
metrópolis europeas.
Esta cumbre es una señal muy fuerte, aseguró uno de los
gobernantes presente. Pocos lo dudan, acotó otro.
América Latina y el Caribe destacan hoy como la zona geográfica
más desigual del planeta, con índices de pobreza, calidad y
esperanza de vida que impactan a más de la mitad de sus 550 millones
de habitantes, pero también con un pujante renacer del espíritu de
sus pueblos.
Casi 200 millones de hombres, mujeres, niños y ancianos viven
aquí por debajo del nivel de pobreza crítica.
Se trata de pueblos que han acumulado la experiencia histórica de
la explotación y el subdesarrollo expresados en la desigualdad de
ingresos, injusticia social, hambre, analfabetismo, insalubridad,
expoliación de sus recursos naturales y las consecuencias de una
insuficiente infraestructura económica y social. A este panorama se
adicionan flagelos como la criminalidad, el narcotráfico, el
deterioro ambiental, el robo de cerebros y una astronómica e
impagable deuda externa.
Cada vez más como un todo, los actuales líderes de América Latina
y el Caribe enrumban hacia la imprescindible búsqueda de soluciones
propias a sus propios problemas.
En América Latina y el Caribe -dijo alguien- sopla una brisa
nueva, pero todo parece indicar que la brisa se transformó en
tormenta, para hacer valedera la sentencia de que quien siembra
vientos recoge tempestades.
Aquel desmedido ¿por qué no te callas? espetado por el rey Juan
Carlos de Borbón al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, marcó un
punto en el sendero de un alejamiento iniciado hace 200 años.
La cumbre de Sauípe rebasa diferencias, privilegia la comunión de
intereses y necesidades, promueve la acción solidaria y persigue
mucha más altura en la cooperación.
El nuevo mecanismo integracionista se propone romper distancias,
componer, ordenar, juntar, arreglar, pactar, acordar, ajustar y
darle el precio real no sólo a mercancías y materias primas, con
voces diversas pero objetivos afines.
La cumbre de Sauípe clama por una integración profunda y esencial
como recurso elemental para hacer frente a la actual crisis
económica y financiera global, y a la de valores y paradigmas
olvidados en el curso del tiempo como consecuencia de una
penetración también secular.
Cuba, en la persona del presidente Raúl Castro, asiste y
participa en la cita por derecho propio.
Es muy importante para nosotros la presencia del presidente Raúl
Castro en esta reunión, y espero que sea la primera de una serie de
reuniones en la que esté con nosotros, dijo el presidente de Brasil,
Luiz Inácio Lula da Silva.
El estadista cubano solo asintió con la cabeza y saludó a su
anfitrión con las manos juntas.
Cuba retorna a donde siempre debió estar, opinó Chávez.
El Jefe de Estado cubano dijo que las condiciones son propicias
para que la cita sea el inicio de un proceso de extraordinaria
significación estratégica para los destinos de nuestra región".
El reto principal resulta pasar paulatinamente de las palabras a
los hechos, añadió.
El presidente ecuatoriano, Rafael Correa, previno sobre la falta
de agilidad de los organismos regionales de integración para
enfrentar la crisis, defendió la creación de un fondo de reserva y
una moneda comunes, y la consolidación del Banco del Sur.
Nunca la historia de nuestras naciones tuvo escenario tan
favorable, cuyo impacto político será trascendental, desde el punto
de vista multilateral y bilateral (…). Juntos debemos hacer oír
nuestras voces", sostuvo el ex obispo y nuevo Jefe de Estado
paraguayo, Fernando Lugo.
Hugo Chávez, con su palabra transparente, valoró el encuentro en
Brasil como expresión de un nuevo tiempo, un signo de la nueva época
de América Latina.
Esta cumbre la hacemos nosotros solos, sin la hegemonía del
protectorado. Se acabó ese tiempo y es propicio para que desde el
Sur pidamos respeto al nuevo gobierno de Estados Unidos, afirmó.
Washington hacía en América Latina lo que le daba la gana, dijo,
y a renglón seguido agregó una frase lapidaria que otros también
respaldan, pero aún por dentro: Estados Unidos ya no manda aquí.
Está comenzando una nueva historia, una nueva época, comentó en
tono reflexivo, y a continuación, con un acento que algunos
calificaron de irónico y otros de propio, exclamó: !Qué bueno estar
en Bahía y no en Nueva York!".