Con una larga ovación de respeto a su arte y paradigmático
humanismo, fue despedido hoy el músico cubano Harold Gramatges Leyte-Vidal,
en la necrópolis de Colón, de la capital cubana.
Las cenizas del nonagenario artista, colocadas en el panteón
familiar, recibieron el tributo de Abel Prieto Jiménez, ministro de
Cultura; Abel Acosta, presidente del Instituto Cubano de la Música,
y Graziella Pogolotti, Premio Nacional de Literatura 2005, entre
otras personalidades.
Miguel Barnet, presidente de la Unión de Escritores y Artistas de
Cuba, al despedir el duelo, destacó el ejemplo de lucidez y
coherencia de Gramatges, sus lecciones de inteligencia y mesura y la
condición de intelectual al servicio de su Patria.
Subrayó que fue maestro de muchos y amigo de todos y un hombre
que llevaba la mayor cantidad de luz que se podría llevar sobre la
Tierra.
Barnet señaló que ese enorme ser humano dio a su Patria los
lauros más altos, su obra de creación posee un repertorio infinito y
refirió que presidió la sociedad Nuestro Tiempo, la cual núcleo en
su época a lo más auténtico y progresista de la cultura cubana.
Considerado como el más ilustre músico cubano contemporáneo,
entre sus reconocimientos figuran el primer premio iberoamericano
Tomás Luis de Victoria, la condición de Héroe Nacional del Trabajo y
el Premio Nacional de Música, entre numerosas órdenes, medalla y
distinciones.