Desesperados a la espera

Lázaro de Jesús

Como buena madre, Yamilé vigila con celo el sueño de Julito. Sin embargo, más que el sueño le preocupa la frialdad de la madrugada. Con mantas, abrigos y con su propio cuerpo, la joven guantanamera intenta calentar a su pequeño de dos años. La brisa arrecia y el sereno avanza. Cuando su menudo cuerpo no resiste más los embates de la incómoda posición, su esposo asume el desafío paternal: no pueden permitir que al niño le repita la neumonía.

 
A los viajeros solo les queda “domar el suelo” y contemplar los asientos en la distancia.

Al lado de ellos, compartiendo los "confortables" escalones de la entrada al salón de espera, Nieves no hace más que añorar las paredes y el techo de su cuarto. Nunca la noche se le antojó tan oscura e infinita.

No es una escena de una película del Festival, ni un libreto para radio. Resulta apenas un pedacito de la realidad que sufren quienes se aventuran a lidiar con la lista de espera de Ferrocarriles de Cuba en la Estación La Coubre de la capital.

Desde hace un tiempo, por disposición administrativa, se orientó cerrar a las 11:00 p.m. las puertas de esta terminal nacional, desconociendo las razones que obligan a numerosas personas a pernoctar allí, o madrugar, para marcar en la cola de los fallos.

Como si pocas fueran las dificultades del transporte interprovincial, ahora quienes acuden al llamado de última hora del servicio de trenes nacionales (entre otras cosas por los ventajosos precios) deben pasar las noches en la acera y esperar al amanecer para aliviar el cansancio en los asientos de la terminal, de por sí molestos e insuficientes.

Una cifra alta de personas acude a este sistema de viaje, sobre todo por la mayor capacidad de los trenes. Téngase en cuenta, además, que Ferrocarriles de Cuba ofrece por lista de espera todas las capacidades de sus coches motores de Camagüey y Morón, con una programación de salidas diarias. Si a eso le sumamos que en ese mismo sitio comienzan a reunirse, desde aproximadamente las 4:00 a.m., los primeros pasajeros de las guaguas de algunos municipios habaneros como Güines, Madruga y San Nicolás de Bari, ¿cómo se explica semejante medida?

Hace muchos años que la hora de comienzo de las anotaciones quedó fijada para las siete de la mañana, forzando a los viajeros a marcar muchas horas antes y favoreciendo el bolsillo de algunos oportunistas dispuestos a revender su turno por cualquier suma superior a 20 pesos. Una lista ininterrumpida, como la de ómnibus o las propias del ferrocarril en muchas provincias, evitan a las personas todas estas molestias y limitan las actividades ilícitas.

En inviernos anteriores, quienes se sacrificaban para inscribirse en los primeros números de la lista, mitigaban la espera protegidos dentro del salón, viendo el televisor o dormitando tranquilamente. Hoy solo les queda contemplar en la distancia los asientos vacíos, compartir la indignación con los compañeros de penurias y regatearle al custodio los minutos para pasar al inmueble antes de las 5:30 a.m.

 

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