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Policías de la capital
Entre realidades y quimeras
Durante años la carencia de policías de la capital ha motivado el
traslado hacia ella de miles de combatientes de otras provincias.
Hoy la situación comienza a cambiar, aunque subsisten los prejuicios
Leticia Martínez
Hernández
Todavía muchos recordamos aquellos años felices cuando en un
anuncio de televisión un niño, con la inocencia de su corta edad,
preguntaba al policía, tan alto como el que más, si podía ser su
amigo. Convencidos con la certeza de la interrogante y la sonrisa
del oficial, salíamos luego a las calles y agobiábamos al primer
uniformado a la vista con el bocadillo de "policía, policía, ¿tú
eres mi amigo?". Así comenzábamos a adentrarnos en una profesión que
algunos idealizamos como nuestro primer "yo quiero ser".
El
nuevo Curso Integral de Oficial de la Policía contempla 18 meses de
estudio en la Escuela Mártires de Tarará.
Pero con el paso de los años y los avatares de nuevas épocas,
cambiamos esos sueños por rumbos más afines, quizás más asequibles o
de fácil realización. Deterioros materiales y de otra índole,
enraizados durante años de periodo especial, transformaron la imagen
del agente policial, al tiempo que el sueño de la infancia comenzó a
ser un dolor de cabeza para algunas familias. También nuevas fuentes
de trabajo con mejores posibilidades y menos esfuerzos fueron en
detrimento de dicha especialidad, signada por la entrega y los
riesgos; exigencias no asumidas con frecuencia en los tiempos
modernos.
Tal tendencia obligó, y continúa haciéndolo, a trasladar hacia
Ciudad de la Habana a policías de otros territorios, sobre todo del
Oriente del país. Hombres y mujeres que preservan el orden en la
capital amén de añoranzas familiares, privaciones y de la
persistencia de malsanos chistes que se mofan de su laudable
quehacer. Aunque cierto es que este movimiento de fuerzas supone un
gasto inmenso en materia de alojamiento, alimentación y transporte¼
, además de acarrear problemas subjetivos derivados de diferencias
de costumbres, personalidades, desconocimiento de la sociedad y
geografía capitalinas¼
Pero resulta que solo los malos ejemplos se propagan, algunos de
ellos ciertos, otros condimentados por increíbles anécdotas. De boca
en boca corre el caso del policía corrupto, del que alguna vez usó
una palabra incorrecta o del que no entendió explicaciones. Muy
pocos hablan del policía de Las Tunas, que mientras su casa era
derribada por los vientos de Ike, patrullaba las calles del
municipio capitalino de Centro Habana. O del que a riesgo de perder
su vida, en una ciudad que no es la suya, logra preservar el orden.
Menos del que murió cumpliendo con su deber.
Y si tan importante es cambiar prejuicios, el primer paso debe
partir de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), en los demás son
decisivos el apoyo de la sociedad, pues como le escuché decir a un
vecino, todos quieren a un agente custodiando su cuadra, pero muy
pocos se ocupan. En ese empeño, y con el fin de tener a un cuerpo
policial más preparado, con mayores conocimientos y moral, como
pidiera Fidel en el aniversario 45 del Ministerio del Interior, la
PNR asume nuevos retos ante el compromiso de cinco décadas de buen
oficio. Su escuela Mártires de Tarará es una muestra de ello.
Jóvenes
policías ¡y de la capital!
A Onay Díaz Spengler sus amigos del barrio lo tildaron de loco
cuando decidió entrar a la vida militar. Terminaba el
preuniversitario y escogió ingresar al Curso Integral de Oficial de
la Policía, nueva modalidad de estudio para jóvenes de la capital.
Onay apenas lleva tres meses en la Escuela Mártires de Tarará y ya
nota el giro que ha dado su vida: "he cambiado mucho, soy más
responsable, más organizado y mi familia está muy contenta conmigo".
A Yusimy Cárdenas, Yanara Ortega y Cindy Manzano las encontré en
mitad de una fiesta por el día del estudiante. Junto a otra decena
de jovencitos bailaban reguetón, jugaban dominó y jaraneaban, como
tantos otros de su misma edad. Solo los diferenciaba del resto sus
uniformes y la decisión de matricular en el novedoso curso. Yusimy
ya había terminado el primer año de Medicina cuando cambió de
carrera; Yanara y Cindy provienen del preuniversitario; las tres
hablan de expectativas cumplidas en la escuela, sueños por realizar
y la responsabilidad que entraña la profesión elegida.
Allí, también disfrutando del festín, estaban los profes Ángel
Cruz y Víctor Canto. Ángel es el profesor guía del grupo, imparte la
asignatura de Derecho, y persigue cualquier minuto con los alumnos
para contarles sus experiencias luego de 35 años como policía. Su
reto, confiesa, es enamorar a los muchachos con la profesión. Víctor
Canto, con 19 años de quehacer en el Ministerio, tiene mucha fe en
sus estudiantes. Luego de tantos lustros entregados a la PNR y de un
periodo de jubilación, para ambos regresar a la institución militar,
esta vez desde la pizarra, resulta un privilegio y también un reto;
motivar a sus discípulos cuando el medio social es tan adverso
deviene desafío.
Todos ellos, alumnos y profesores, insuflan fuerzas al nuevo
Curso Integral de Oficial de la Policía, respuesta efectiva para
suplir la carencia de policías de la capital.
Ideas,
propósitos, barreras...
futuro
La noticia ocurrió el pasado 17 de septiembre. Trescientos
jóvenes de Ciudad de La Habana comenzaban a formarse como policías,
cifra no alcanzada en muchos años. El nuevo curso contempla 18 meses
de estudio en la Escuela Mártires de Tarará, seguidos de un periodo
de práctica operativa. Al culminar las clases, los egresados tienen
la posibilidad de matricular en el tercer año de la carrera de
Derecho.
Según explicó el coronel Luis Orlando March Lleó, jefe del
departamento de dirección de la Dirección General de la PNR, existe
una necesidad real de formar a policías de la capital. "Hemos
captado 2 978 de los institutos politécnicos y preuniversitarios que
hoy están en las distintas etapas del proceso. Algunos no
ingresarán, pero ya hoy tenemos aprobados 1 436 de esa cifra total,
solo en los últimos ocho meses. La escuela y el nuevo programa
deberán contribuir a elevar la formación de los agentes y del resto
de nuestras fuerzas".
Sobre las características de los muchachos que integran el curso
conversa el teniente coronel Alejandro Díaz Riaño, jefe de la
Sección Política del centro: "todos tienen concluido el doce grado,
acumulan promedios de más de 85 puntos, muchos de ellos pertenecen a
la Unión de Jóvenes Comunistas y alrededor de la mitad de los
matriculados son mujeres".
Apunta Díaz Riaño que este nuevo programa de estudio hace
hincapié en la formación de valores. El fin es graduar a
combatientes más preparados, distinguidos por la ética, el buen
ejemplo, mejor presencia, dicción y modales, pues en la medida en
que seamos más profesionales y estemos mejor preparados, muchos
jóvenes se sumarán a esta importante profesión.
A Cindy Manzano las horas se le escapan entre el estudio y los
entrenamientos. Recuerda como buenos tiempos los días en la previa,
donde aprendió tácticas de enfrentamiento, topografía, infantería¼
Y aunque dice que las materias se le dan fácil, reconoce la
exigencia en el estudio y la profesionalidad de sus maestros, la
mayoría altos oficiales jubilados. Junto al tiempo para la
instrucción y la preparación física, no es raro encontrar en los
pasillos de la Escuela Mártires de Tarará improvisadas ventas de
libros y a muchos jovencitos buscando sus títulos preferidos.
La
pregunta recurrente
Cada entrevistado tiene su visión del problema. Para ellos la
traba en la captación de los policías, de y para la capital, radica
en los falsos tabúes y prejuicios que han rodeado durante años tan
digna labor: ensalzada tiempos atrás cuando tener a un agente en la
familia era un mérito para lucir. Por eso la pregunta se volvió
recurrente en todas las conversaciones: ¿Por qué cada vez son menos
los jóvenes que optan por esta profesión?
Teniente coronel Alejandro Díaz Riaño: Existe desconocimiento
sobre el quehacer del policía, que no es solo reprimir, la actividad
policiaca lleva además un gran componente educativo y preventivo.
Claro que enfrentamos alteraciones del orden, pero detrás hay mucho
más. La sociedad hoy vea la policía como sinónimo de buscarse
problemas. También sobreviven tabúes con el uso del uniforme.
Teniente coronel Diego Martínez Pompa: La familia juega un
papel esencial, a veces aconsejan al muchacho no elegir esta
profesión y lo disuaden de la decisión. Influyen también la
actuación y profesionalidad del agente en cada circunstancia y
momento.
Yusimy Cárdenas, estudiante del Curso Integral de Policías:
Lo primero es que para entrar a la escuela tiene que gustarte la
vida militar, sacrificada y abnegada, y muchos no la prefieren por
eso.
Yanara Ortega, estudiante del Curso Integral de Policías:
Muchos jóvenes no quieren asumir esta profesión por los miedos a la
palabra policía, término muy maltratado en los últimos años.
Entre realidades y quimeras los cierto es que hay una voluntad y
respuestas por resolver el problema. |