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Egipto: El costo político del bloqueo israelí a Gaza

EL CAIRO, 12 de diciembre (PL).— Definido por la ONU como crimen de guerra, el bloqueo israelí contra Gaza pone nuevamente a prueba la credibilidad de Egipto como mediador imparcial en conflictos del Medio Oriente y, peor aún, su reiterada hermandad árabe-musulmana.

La cooperación de Egipto con Israel en su bloqueo a la Franja de Gaza, aún cuando ha expresado desacuerdos con la política de fuerza hebrea, le ha valido no pocas críticas y protestas internas, además de cuestionamientos con su indiscutible costo político a nivel regional.

El Ejecutivo de este país, que desde enero mantuvo cerrado casi todo el año el cruce de Rafah a pedido israelí, ha arrestado lo mismo a miembros de la ilegalizada Hermandad Musulmana que a activistas sociales, juveniles y políticos que intentan llevar ayuda a Gaza.

Tal postura hizo cada vez más frecuentes editoriales y análisis noticiosos, condenas de grupos de oposición y pronunciamientos de personalidades o estadistas del área con criterios poco halagadores del rol egipcio y exhortaciones a que tome distancia de Tel Aviv.

Irán, que rompió relaciones diplomáticas con Egipto en 1980 después de que esta nación firmó un tratado de paz con Israel y otorgó asilo al depuesto Shah, asume una de las posturas más críticas contra la política israelí y el silencio cómplice del mundo islámico.

El Movimiento de la Resistencia Islámica (Hamas) urgió el jueves a El Cairo a reabrir el cruce de Rafah, única frontera de la franja con territorio no israelí, para ayudar a aliviar las penurias que sufren 1,5 millones de residentes palestinos a causa del cerco judío.

Luego que la ONU reportó que el sitio impuesto a Gaza es un crimen de guerra, es injustificado e inaceptable mantener cerrado el cruce fronterizo de Rafah, señaló el portavoz de Hamas, Fawzi Barhoum.

Hamas tomó el control del enclave costero tras expulsar en junio de 2007 al grupo rival Al-Fatah, que lidera el también presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmoud Abbas, y desde entonces es blanco de un bloqueo que Israel arreció a más no poder hace un mes.

Al margen de la simpatía o animadversión hacia Hamas, del que unos cuestionan sus métodos y otros temen instaure una república islámica, el actual asedio a la población palestina ha obligado a definir posiciones a la mayor parte del mundo musulmán.

Pese a su demorada y poco enérgica actitud, los 22 cancilleres de la Liga Árabe acordaron en una reunión de urgencia el 26 de noviembre canalizar ayuda para los palestinos de Gaza, en coordinación con Egipto y a través de su frontera de Rafah.

Sin embargo, hasta la fecha todas las iniciativas solidarias con la población del enclave provino de pacifistas internacionales, además de gestos concretos de activistas sociales y de escasos gobiernos del área, básicamente los de Libia, Siria e Irán.

Trípoli envió un buque cargado de tres mil toneladas de ayuda esencial, que la marina israelí obligó a regresar cuando estaba cerca de la costa de Gaza, y Damasco ha protagonizado públicas discrepancias con El Cairo por lo que considera parcialidad en detrimento de Hamas.

Observadores en esta capital atribuyeron a casi seguras tensiones el viaje a Damasco del embajador sirio en Egipto, Yousuf Ahmad, y su familia, aunque otras fuentes lo asociaron a vacaciones con motivo de la citada fiesta islámica del Eid Al-Adha. Siria -se especula aquí- pudo haber llamado a su representante después de expresar disgusto con el gobierno de Hosni Mubarak por el manejo del conflicto interno palestino, al considerar falto de balance el enfoque del diferendo entre Hamas y Al-Fatah.

Los cuestionamientos a la neutralidad egipcia llegaron también de Irán, país musulmán -aunque no árabe- cuya afinidad con el grupo islámico palestino es tan pública y conocida como su animosidad con El Cairo desde hace casi 30 años.

La cancillería local convocó al representante iraní aquí para expresar su disgusto por las concentraciones populares y estudiantiles frente a su Sección de Intereses en Teherán para criticar la política colaboracionista egipcia respecto al bloqueo israelí.

El gobierno de Mubarak criticó también en un comunicado a periódicos iraníes, que no mencionó, por constantemente criticar las políticas y el liderazgo egipcio en temas clave del Levante.

Mubarak furioso, titularon varios rotativos regionales la noticia de que el mandatario mandó llamar a su representante en la capital persa y acusó a la República Islámica de tratar de sojuzgar a sus vecinos musulmanes e intentar tragarse a los estados árabes.

En el plano doméstico, muchos egipcios valoran de insuficiente y meramente formal el respaldo verbal de su gobierno a los palestinos, y dudan que pueda honrar el voto de confianza árabe para conducir la reconciliación entre Hamas y Al-Fatah.

A juicio de analistas, el declarado empeño de El Cairo por facilitar el entendimiento entre los rivales palestinos y entre éstos e Israel sufre un innegable descrédito.

Sustentan su afirmación en el hecho de que, aún los gobiernos del área alineados con Estados Unidos, suelen medir la solidaridad árabe-musulmana, en particular con los palestinos, por el grado de equidistancia respecto a los judíos.

 

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