.— Definido por la ONU como crimen
de guerra, el bloqueo israelí contra Gaza pone nuevamente a prueba
la credibilidad de Egipto como mediador imparcial en conflictos del
Medio Oriente y, peor aún, su reiterada hermandad árabe-musulmana.
La cooperación de Egipto con Israel en su bloqueo a la Franja de
Gaza, aún cuando ha expresado desacuerdos con la política de fuerza
hebrea, le ha valido no pocas críticas y protestas internas, además
de cuestionamientos con su indiscutible costo político a nivel
regional.
El Ejecutivo de este país, que desde enero mantuvo cerrado casi
todo el año el cruce de Rafah a pedido israelí, ha arrestado lo
mismo a miembros de la ilegalizada Hermandad Musulmana que a
activistas sociales, juveniles y políticos que intentan llevar ayuda
a Gaza.
Tal postura hizo cada vez más frecuentes editoriales y análisis
noticiosos, condenas de grupos de oposición y pronunciamientos de
personalidades o estadistas del área con criterios poco halagadores
del rol egipcio y exhortaciones a que tome distancia de Tel Aviv.
Irán, que rompió relaciones diplomáticas con Egipto en 1980
después de que esta nación firmó un tratado de paz con Israel y
otorgó asilo al depuesto Shah, asume una de las posturas más
críticas contra la política israelí y el silencio cómplice del mundo
islámico.
El Movimiento de la Resistencia Islámica (Hamas) urgió el jueves
a El Cairo a reabrir el cruce de Rafah, única frontera de la franja
con territorio no israelí, para ayudar a aliviar las penurias que
sufren 1,5 millones de residentes palestinos a causa del cerco
judío.
Luego que la ONU reportó que el sitio impuesto a Gaza es un
crimen de guerra, es injustificado e inaceptable mantener cerrado el
cruce fronterizo de Rafah, señaló el portavoz de Hamas, Fawzi
Barhoum.
Hamas tomó el control del enclave costero tras expulsar en junio
de 2007 al grupo rival Al-Fatah, que lidera el también presidente de
la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmoud Abbas, y desde
entonces es blanco de un bloqueo que Israel arreció a más no poder
hace un mes.
Al margen de la simpatía o animadversión hacia Hamas, del que
unos cuestionan sus métodos y otros temen instaure una república
islámica, el actual asedio a la población palestina ha obligado a
definir posiciones a la mayor parte del mundo musulmán.
Pese a su demorada y poco enérgica actitud, los 22 cancilleres de
la Liga Árabe acordaron en una reunión de urgencia el 26 de
noviembre canalizar ayuda para los palestinos de Gaza, en
coordinación con Egipto y a través de su frontera de Rafah.
Sin embargo, hasta la fecha todas las iniciativas solidarias con
la población del enclave provino de pacifistas internacionales,
además de gestos concretos de activistas sociales y de escasos
gobiernos del área, básicamente los de Libia, Siria e Irán.
Trípoli envió un buque cargado de tres mil toneladas de ayuda
esencial, que la marina israelí obligó a regresar cuando estaba
cerca de la costa de Gaza, y Damasco ha protagonizado públicas
discrepancias con El Cairo por lo que considera parcialidad en
detrimento de Hamas.
Observadores en esta capital atribuyeron a casi seguras tensiones
el viaje a Damasco del embajador sirio en Egipto, Yousuf Ahmad, y su
familia, aunque otras fuentes lo asociaron a vacaciones con motivo
de la citada fiesta islámica del Eid Al-Adha. Siria -se especula
aquí- pudo haber llamado a su representante después de expresar
disgusto con el gobierno de Hosni Mubarak por el manejo del
conflicto interno palestino, al considerar falto de balance el
enfoque del diferendo entre Hamas y Al-Fatah.
Los cuestionamientos a la neutralidad egipcia llegaron también de
Irán, país musulmán -aunque no árabe- cuya afinidad con el grupo
islámico palestino es tan pública y conocida como su animosidad con
El Cairo desde hace casi 30 años.
La cancillería local convocó al representante iraní aquí para
expresar su disgusto por las concentraciones populares y
estudiantiles frente a su Sección de Intereses en Teherán para
criticar la política colaboracionista egipcia respecto al bloqueo
israelí.
El gobierno de Mubarak criticó también en un comunicado a
periódicos iraníes, que no mencionó, por constantemente criticar las
políticas y el liderazgo egipcio en temas clave del Levante.
Mubarak furioso, titularon varios rotativos regionales la noticia
de que el mandatario mandó llamar a su representante en la capital
persa y acusó a la República Islámica de tratar de sojuzgar a sus
vecinos musulmanes e intentar tragarse a los estados árabes.
En el plano doméstico, muchos egipcios valoran de insuficiente y
meramente formal el respaldo verbal de su gobierno a los palestinos,
y dudan que pueda honrar el voto de confianza árabe para conducir la
reconciliación entre Hamas y Al-Fatah.
A juicio de analistas, el declarado empeño de El Cairo por
facilitar el entendimiento entre los rivales palestinos y entre
éstos e Israel sufre un innegable descrédito.
Sustentan su afirmación en el hecho de que, aún los gobiernos del
área alineados con Estados Unidos, suelen medir la solidaridad
árabe-musulmana, en particular con los palestinos, por el grado de
equidistancia respecto a los judíos.