.— En cumplimiento del dictamen
del Consejo de Seguridad de la ONU (CSONU), el gobierno paquistaní
proscribió a la agrupación Jamaat-ud-Dawa (JuD), pero la India
espera aún más de Islamabad.
Las autoridades de Paquistán también pusieron al jefe de JuD,
Hafiz Muhammad Saeed, bajo arresto domiciliario en Lahore y cerró
las dependencias y oficinas regionales de ese grupo en Karachi,
Hyderabad, Islamabad, Rawalpindi y Azad Kashmir, según informó el
telediario Geo News.
Asimismo, los bienes de JuD y sus nueve líderes fueron congelados
y sus nombres colocados en la llamada lista de control para que no
puedan abandonar el país.
El CSONU exigió tales sanciones a petición de Nueva Delhi.
Sin embargo, el primer ministro indio, Manmohan Singh, en
comparecencia ante el Parlamento reconoció la acción de Islamabad,
pero consideró que el gobierno paquistaní necesita hacer más para
lograr que las cosas tengan una lógica conclusión y convenzan al
mundo de sus acciones.
En una acalorada sesión la víspera dedicada a los ataques
terroristas de Mumbai, Singh dijo que la India ha ejercido gran
compostura, pero que ello no debe ser malinterpretado como una señal
de debilidad.
De paso, se disculpó ante la nación por la incapacidad del
gobierno en prevenir tales actos y prometió potenciar el aparato de
seguridad con nuevo equipamiento y adiestramiento para evitar una
recurrencia de tales actos de terror.
Por el hemiciclo también pasaron los ministros del Exterior
Pranab Mukherjee y del Interior P. Chindambaram.
El canciller demandó la extradición de 40 individuos que tildó de
fugitivos y el nuevo titular de asuntos internos dijo que las
evidencias muestran que los atacantes contra Mumbai procedieron de
Paquistán.
Sin embargo, un día después el canciller paquistaní, Mahmoud
Qureshi, se quejó de que las autoridades indias, pese a sus
declaraciones, no han presentado evidencia alguna todavía sobre los
ataques en Mumbai pese a peticiones de Islamabad.
Mientras, a Islamabad llegó el subsecretario norteamericano de
estado, John Negroponte, quien se reunió con el presidente Asif Ali
Zardari y el primer ministro Yousuf Raza Gilani, para discutir
básicamente sobre cooperación antiterrorismo.
Gilani le señaló que Paquistán tomó nota y comenzó a cumplir la
resolución del CSONU como parte de sus obligaciones internacionales,
mientras Zardari llamó a garantizar nexos bilaterales estables,
amplios y duraderos para asegurar la paz y estabilidad en la región.
Paquistán está bajo fuerte presión. Por un lado, la India insiste
reiteradamente en sus reclamos contra los que presuntamente están
detrás de los ataques en Mumbai, y, por el otro, Washington le exige
medidas más severas para detener el terrorismo y la insurgencia
tribal.
Las circunstancias se les han complicado tanto a las autoridades
de Islamabad, como al propio gobierno norteamericano, con la nueva
táctica de los rebeldes islamistas de intensificar los ataques
contra la red de suministros de sus fuerzas ocupantes de Afganistán.
En tres asaltos relámpagos esta le destruyeron en dos terminales
en Peshawar unos 250 camiones y contenedores, incluidos vehículos
militares, e incendiaron un inmenso almacén de abastecimientos
destinados a las tropas del Pentágono y de la OTAN con un alto costo
en pérdidas.
El saliente presidente George W. Bush profirió el martes
acostumbradas amenazas al defender su doctrina de intervencionismo
militar para erradicar dijo- peligros potenciales a la seguridad
nacional antes que maduren.
Y con ello lanzó una advertencia a Islamabad de que haría lo que
fuera necesario para proteger a las tropas norteamericanas.
Para evitar repercusiones contraproducentes, Washington optó por
minimizar los hechos, prácticamente silenciados por su prensa pese a
tal magnitud, mientras se afana en buscar rutas alternativas a
través de países al norte de Afganistán o también por el Mar Caspio
y el Mar Negro.
Paquistán y su gobierno, mientras tanto, sienten cada vez con
mayor peso la carga de su colaboración en la guerra de Estados
Unidos contra el terrorismo.