Juegos
equilibrados entre el amor y el engaño, conflictos morales, romances
materialistas, incertidumbres sociales en sintonía con la realidad
contemporánea, son los elementos comunes de los tres cuentos de la
obra ¿Quién engaña a quién? con la que despidió el presente
año el grupo Teatro Caribeño, dirigido por Eugenio Hernández
Espinosa, en la sala Adolfo Llauradó de la capital.
La trilogía El nido de alcatraz, ¡Qué rara
coincidencia!, y Chita no come maní, estrenada en el año
2005 y con dramaturgia del propio Hernández Espinosa (Premio
Nacional de Teatro 2005), narra las tribulaciones de pasiones
amorosas corrompidas por el interés, el consumismo, la distancia y
la búsqueda de realización personal. Estas relaciones ambiguas
combinan juegos eróticos, de raza y género con matices identitarios
de nuestra cultura.
El nido de alcatraz es la historia de Juan Manuel (Nelson
González) un español casado que mantiene una relación extra-marital
con Eunice (Leidis Díaz), joven cubana insatisfecha por las falsas
promesas pero motivada por los embates que el amor ha creado en
ella. Mientras, en el segundo cuento ¡Qué rara coincidencia!,
referente inmediato del teatro vernáculo pero con forzados y
sobreactuados parlamentos, coexisten tres personajes, Alfredo (Luis
Cruz), Encíclica (Lianet Alarcón, Meylin Cabrera) y Tintoretto
(Nelson González, Héctor Pérez), en un argumento lúdico que
intercambia intereses materiales con absurdo y crueldad. Ésta última
deviene centro de la tercera historia, de mayor carga dramática,
donde Giacomo (nuevamente Nelson González) y Niurka (Monse Duany,
Yadira Herrera) desarrollan una pasión enfermiza que pone de relieve
el racismo, la manipulación, el engaño y las zonas más oscuras de
las relaciones interpersonales.
El espectáculo se desenvuelve en una escenografía minimalista que
depone espacio a una escasa utilería, acertada en cada historia. El
ambiente deja lucir un buen balance entre los textos y el desempeño
de los actores, que salvo en los casos de Monse Duany y Nelson
González, pudiera ser más desenvuelto y centrado a la hora de
representar el importante mensaje que llevan a las tablas.
Ciertamente, en ¿Quién engaña a quién? el argumento
conmueve mientras divierte. Realismo y compromiso interactúan
sutilmente evidenciando la intencionalidad del autor de clásicos
cubanos como Mi socio Manolo o Emelina Cundiamor. Con
una fuerza centrípeta hacia el análisis de serios planteamientos
sociales, la obra es un punto de referencia a aquellos dramas
realistas con los que el dramaturgo Henrik Ibsen pretendía destapar,
sin piedad, aspectos negativos de la sociedad referentes a la
hipocresía, la simulación y la conducta manipuladora.
Sin lugar a dudas, la puesta en escena, que cierra las
presentaciones en el 2008 del grupo fundado hace 15 años, resulta
una propuesta llamativa cuyo acierto más completo proviene del texto
concebido, en sí, como producto comunicativo.