Gatos en la Casa Humboldt

VIRGINIA ALBERDI BENÍTEZ

Tres venturas reúne la exposición Gatos mágicos de San Cris, que a lo largo de este mes exhibe la Casa Humboldt, situada en el centro histórico de la capital: la transmutación del misterio felino en motivo de celebración pictórica, la voluntad de diálogo desprejuiciado entre dos creadores de las artes plásticas y el entendimiento del arte como afición jubilosa.

Obra de Cristina Fonollosa.

Con esas virtudes cabe recibir las obras de la española y muy cubana Cristina Fonollosa y el cubano, villaclareño por más señas, Jorge Luis Sanfiel. Cada una de las realizaciones no deja de tomar en cuenta la manera personal de enfrentarse al acto artístico y, sin embargo, logran hacer confluir ambas dinámicas en una trama continua.

En Cristina, que ha encontrado en Cuba, exactamente en Holguín, una atmósfera favorable para su reafirmación artística, la mirada gatuna que aparece como una constante en sus cuadros adquiere una simbología mítica, que nos recuerda cómo este animal, unas veces sagrado como en el Antiguo Egipto faraónico, otras temido como en la Edad Media europea, llevada su simpática imagen a dibujos animados, cuentos infantiles, relatos de terror, poemas (recordar a T. S. Eliot) y hasta el musical Cats, de Andrew Lloyd Webber, mimado e imprescindible a la vez, guarda una intensa relación tanto con las alegrías como con los atavismos del ser humano. Técnicamente se advierte en la artista una marcada huella del oficio de la ilustración, con el notable mérito de haberse zafado, quizá a conciencia, de engañosos recursos narrativos. Por eso su arte refresca y convence al espectador.

En cuanto a Sanfiel, no hay que guiarse demasiado por la etiqueta naif con que se presenta su obra. Del académico Rosseau hasta acá ha llovido bastante como para poder decantar lo estrictamente primitivo de la elaboración intelectual que parte de una formación autodidacta. En varias ocasiones el crítico también villaclareño Roberto Ávalos se ha referido a la sorprendente intuición de Sanfiel. Y tiene razón: el artista intuye la naturaleza de las formas con un desenfado muy comunicativo. Tanto que se aviene a la creación de la Fonollosa como si se hubieran conocido de toda una vida, no la primera ocasión en que sus obras se presentan en una muestra compartida.

 

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