Con esas virtudes cabe recibir las obras de la española y muy
cubana Cristina Fonollosa y el cubano, villaclareño por más señas,
Jorge Luis Sanfiel. Cada una de las realizaciones no deja de tomar
en cuenta la manera personal de enfrentarse al acto artístico y, sin
embargo, logran hacer confluir ambas dinámicas en una trama
continua.
En Cristina, que ha encontrado en Cuba, exactamente en Holguín,
una atmósfera favorable para su reafirmación artística, la mirada
gatuna que aparece como una constante en sus cuadros adquiere una
simbología mítica, que nos recuerda cómo este animal, unas veces
sagrado como en el Antiguo Egipto faraónico, otras temido como en la
Edad Media europea, llevada su simpática imagen a dibujos animados,
cuentos infantiles, relatos de terror, poemas (recordar a T. S.
Eliot) y hasta el musical Cats, de Andrew Lloyd Webber,
mimado e imprescindible a la vez, guarda una intensa relación tanto
con las alegrías como con los atavismos del ser humano. Técnicamente
se advierte en la artista una marcada huella del oficio de la
ilustración, con el notable mérito de haberse zafado, quizá a
conciencia, de engañosos recursos narrativos. Por eso su arte
refresca y convence al espectador.
En cuanto a Sanfiel, no hay que guiarse demasiado por la etiqueta
naif con que se presenta su obra. Del académico Rosseau hasta
acá ha llovido bastante como para poder decantar lo estrictamente
primitivo de la elaboración intelectual que parte de una formación
autodidacta. En varias ocasiones el crítico también villaclareño
Roberto Ávalos se ha referido a la sorprendente intuición de Sanfiel.
Y tiene razón: el artista intuye la naturaleza de las formas con un
desenfado muy comunicativo. Tanto que se aviene a la creación de la
Fonollosa como si se hubieran conocido de toda una vida, no la
primera ocasión en que sus obras se presentan en una muestra
compartida.