Paula
Gaitán, viuda del notable director Glauber Rocha, trajo al Festival
El diario de Cintra, filme relacionado con una etapa cardinal
de la vida de este cineasta (1939-1981), uno de los principales
líderes del Grupo Cinema Novo y una de las grandes figuras en la
historia del movimiento del cine latinoamericano.
La cinta, un largometraje documental de 87 minutos, refleja con
una poética muy personal los testimonios fílmicos grabados durante
los seis meses en que el director de Cabezas Cortadas y La
edad de la Tierra vivió en la ciudad portuguesa de Cintra, donde
se trasladó junto a su esposa e hijos para "reflexionar sobre la
situación política, el cine brasileño, las contradicciones y todo lo
que pasaba en el mundo en ese momento", según comenta Paula, quien
actualmente imparte clases de cine y video en la Escuela de Artes
Visuales de Park Laje, en Río de Janeiro.
Sus memorias afluyen de prisa como un río de paso. "Glauber y yo
nos conocimos fortuitamente en Colombia. El había ido a interceder
por dos cineastas colombianos que estaban presos. Y nos vimos por
coincidencia en casa de un periodista amigo, donde estuvimos
hablando largo rato. Luego nos volvimos a encontrar tres años
después, cuando él estaba volviendo a Brasil del exilio y nos
casamos".
¿Y su recuerdo de los días posteriores al estreno del último
filme realizado por Glauber, La edad de la Tierra?
"Después del estreno de La edad de la Tierra, Glauber
quería pasar un tiempo en un lugar apartado para pensar con calma
sobre todos los asuntos que le preocupaban, como la situación
social, la política y el futuro del cine del continente, entre
muchos más. Entonces decidimos irnos con nuestros hijos, Ava y Erick
Rocha, al poblado de Cintra, una aldea portuguesa muy escondida,
casi entre nieblas, adonde los poetas iban a escribir.
Sobre la idea original de una película como El Diario de
Cintra Paula evocó que "en los seis meses que estuvimos en ese
poblado me dediqué a filmar a Glauber y a su entorno. El murió poco
tiempo después de nuestro regreso a Brasil y yo tenía todas las
imágenes guardadas. Y a partir de ahí nació el filme. Es una cinta
muy sensorial y quizás por eso emociona. La he presentado en varios
festivales internacionales en países donde las personas no tienen
esa relación afectiva con Glauber como en Cuba o Brasil, y, sin
embargo, la gente ha salido muy emocionada de los cines".
"Yo estoy muy ligada a temas relacionados con la memoria. Hace
poco terminé un documental sobre una artista del underground
brasilero llamada María Gladis. Ahora estoy trabajando en el guión
de mi primer largometraje de ficción, Sobre la Neblina, una
coproducción entre Brasil y Chile".
Su estancia en el XXX Festival Internacional del Nuevo Cine
Latinoamericano para ella resultó una experiencia "divina". Fue muy
importante haber traído esta película al Festival, un lugar mítico
para el cine latinoamericano, en el que se dieron a conocer grandes
nombres del séptimo arte del continente. A la vez me llena de
orgullo regresar nuevamente a un país donde Glauber tuvo grandes
amigos, como Alfredo Guevara y Tomás Gutiérrez Alea.