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Aplicación del Decreto-Ley 259
El despertar de tierras olvidadas
Juan Varela Pérez
juan.pvp@granma.cip.cu
Nicolás Aguilera Corzo, campesino de Nueva Paz, fue de los
primeros en responder a las oportunidades del Decreto-Ley 259 del
Consejo de Estado. El tener sembradas o en cosecha todo el año las
poco más de nueve hectáreas que trabaja, le acreditaban para
solicitar le sumaran a su finca otras cuatro hectáreas.
Este
tractor, con más de 20 años de trabajo, es un puntal en la
preparación de la tierra y atención a los cultivos.
Esas tierras colindantes, abandonadas, ociosas e improductivas
desde hace casi una década, le permiten ahora completar la
caballería (13,4 hectáreas), lo cual hace más viable la atención y
el uso de los implementos e incrementa, mediante contrato, las
ventas al Estado.
El Decreto-Ley establece que el área para entregar a cada
usufructuario, sea persona natural o jurídica, lo determinan las
posibilidades de fuerza de trabajo, de recursos, el tipo de
producción agropecuaria para el que se van a destinar las tierras y
la capacidad agroproductiva de los suelos.
Nicolás
afirma que es mucho lo que se puede lograr en una caballería bien
explotada.
La petición tiene en cuenta, además, algo imprescindible: que los
solicitantes se encuentren aptos físicamente para el trabajo
agrícola y que las tierras estén disponibles para su entrega.
El expediente que avala la solicitud de Nicolás, hoy asociado a
la Cooperativa de Crédito y Servicios Abel Santamaría, no requirió
de una larga evaluación. Los dirigentes de la Empresa de Cultivos
Varios de Nueva Paz aseguran que este emprendedor campesino cumple
con amplitud los requisitos. No es casual, por tanto, que haya sido
de los primeros entre los 214 solicitantes del municipio en recibir
de la Comisión Agraria, tras vencer los trámites de rigor, una
notificación favorable.
Tal decisión, independiente de que otros familiares o personas se
incorporen al trabajo de la tierra, obliga al usufructuario a
desarrollar la actividad fundamental para la cual fue entregada y le
da derecho a su disfrute, uso y a recibir los frutos de esta.
Sabía que esto vendría
Nicolás estaba convencido de que ese Decreto-Ley vendría.
Era penoso ver, pegado a nosotros, cómo se perdían entre la
maleza tierras ideales para cultivos varios. Nuestra zona, afirma,
dispone de algo esencial: agua para alimentar por gravedad las
plantaciones en estos suelos fértiles y productivos, pero rojos, muy
secantes.
Ilustra con cifras y ejemplos —que confirman los directivos de la
empresa— lo que era capaz, junto a familiares, de sacarle a las 0,70
caballería y los buenos rendimientos alcanzados en el plátano,
malanga, frijoles y fruta bomba, entre otros renglones.
La siembra intercalada es una práctica común. El laborioso
colectivo que encabeza Nicolás sabe lo que esto significa para su
economía. Por eso es muy difícil encontrar en esta parcela un
espacio vacío.
El secreto, dice, no radica en tener grandes extensiones si no
hay posibilidad de atenderlas como exigen las normas técnicas y los
altos rendimientos. Lo inteligente es sacarle el máximo a lo que se
tiene, porque los contratos se hacen para cumplirlos. Aquí, por
ejemplo, disponemos ahora de una caballería. Esto convierte en
realidad una vieja aspiración: compactar el área, producir más y
utilizar con inteligencia el "añejo" pero todavía útil tractor
—tiene 20 años de explotación— y a la yunta de buey, nuestro gran
tesoro, excelente para campos así. Esos nobles animales que nos han
sacado a flote más de una vez, en situaciones realmente críticas.
Una pronta respuesta
Tan pronto la Comisión Agraria confirmó oficialmente su decisión
se elaboró la estrategia. ¿Qué hacer con esas cuatro hectáreas en lo
que resta de año? Lo primero fue eliminar las malas hierbas que
afeaban el entorno en esta llanura ubicada próxima a la Autopista
Nacional. A este paso seguiría el desbroce y preparación para la
siembra de frijoles, muy recomendado para la época. Esas tierras
fueron administradas hasta finales de la década de los años 90 por
una Unidad Básica de Producción Cooperativa ya desintegrada.
Estimula que solo 10 días después la imagen del lugar sea otra.
Eliminadas las malezas, mientras el tractor y los bueyes se
encarguen de su trabajo, tío, hijo y sobrino de Nicolás creen
condiciones para que los insumos suministrados por el Estado
(fertilizantes, combustible, apoyo fitosanitario... sean empleados
en forma óptima y en su justo tiempo.
Cualquier desfase en la agricultura ataca los rendimientos. Este
es el indicador guía, el principal, al valorarse la explotación de
los recursos materiales y humanos.
Nicolás, al igual que los familiares que le acompañan en este
empeño de producir alimentos, nació y se crió en el campo. "Estoy
pegado a la tierra desde niño y aquí seguiré, con mi modesto aporte,
para que La Habana pueda responder a los programas de desarrollo que
tiene en marcha".
Una caballería, por muchos productos que tribute, tiene una
limitada presencia en el mercado y en las necesidades de la
población, afirma, pero si todos los que recibiremos tierras en
usufructo mediante el Decreto-Ley 259 —son intransferibles y no
pueden ser cedidas a terceras personas— las atendemos bien, no será
entonces una, sino cientos las caballerías que de ociosas se sumarán
a esta batalla estratégica de la agricultura.
Este pequeño grupo de campesinos no pretende hacer maravillas, ni
descubrir lo ya conocido, pero sí demostrar lo que puede lograrse si
la tierra se usa racionalmente y todo el suelo ocioso es
aprovechado.
De las solicitudes que se examinan en Nueva Paz la mayor cantidad
corresponde a interesados en cultivos varios, ganadería y arroz.
Por sus características y la responsabilidad futura que contraen,
este proceso lleva su tiempo, aunque cada una de las peticiones
serán respondidas, aseguran en la Empresa de Cultivos Varios de
Nueva Paz. |