En
horas de la tarde de este viernes, en la Necrópolis de Colón, familiares y
amigos despidieron a Lionel Soto Prieto. A los 81 años dijo adiós a
la vida, pero las campanas de su obra revolucionaria, fructífera e
imperecedera, seguirán repicando más allá de su muerte, con la misma
dignidad que lo hizo aquel Diez de Octubre, la campana de La
Demajagua que en 1947 junto a Fidel él transportó hasta la capital,
en acto reivindicativo de nuestro símbolo de independencia.
"Su vida es un ejemplo de combate apasionado por la Patria y el
socialismo, causa a la que sirvió con total entrega durante más de
medio siglo de su fecunda existencia", resaltó Jorge Risquet Valdés,
miembro del Comité Central del Partido, en la despedida de duelo, a
la cual asistieron los miembros del Buró Político José Ramón
Balaguer, ministro de Salud Pública, y Abel Prieto, ministro de
Cultura.
La extensa biografía de Lionel como combatiente comunista y sus
valiosos servicios a la causa de la liberación de los pueblos, no
caben en una breve despedida, aseguró Risquet, antiguo compañero de
lucha de Soto y amigo personal del incansable cienfueguero, que
desde su vida estudiantil participó activamente en labores
revolucionarias.
El destacado combatiente, Doctor en Ciencias Históricas,
desempeñó, con resultados muy positivos, importantes
responsabilidades: Vicepresidente del Consejo de Ministros, miembro
del Secretariado del Comité Central del Partido, Director Nacional
de Escuelas de Instrucción Revolucionaria, Diputado a la Asamblea
Nacional y embajador en Gran Bretaña y la Unión Soviética.
Desde que entró a la Universidad de La Habana para cursar la
carrera de Filosofía y Letras, dirigió el Comité de la Juventud
Socialista en dicho centro.
Lionel representó durante varios años a la FEU en la Unión
Internacional de Estudiantes, con sede en Praga, y como dirigente de
esa organización, visitó numerosos países de Europa, Asia y América
Latina, e impulsa la campaña mundial por la libertad de Fidel, Raúl
y demás combatientes del Moncada.
Integró, además, la Dirección Nacional de la Juventud Socialista.
En 1957 fue apresado por los esbirros de la tiranía y sometido a
brutales torturas. Recobró su libertad el Primero de Enero de 1959.
Durante los últimos diez años de su vida no se desalentó ante la
pérdida gradual de la visión y dirigió, hasta los últimos momentos,
la editorial Si-Mar, donde defendió su criterio de que "un verdadero
revolucionario solo podrá serlo en la medida en que exprese los
intereses históricos de la clase obrera".