El
6 de agosto de 1958, con la retirada de las últimas fuerzas del
Ejército de la tiranía que mantenían posiciones en el poblado de Las
Mercedes, quedaba definitivamente derrotada la gran ofensiva enemiga
contra el territorio rebelde del Primer Frente en la Sierra Maestra.
A la altura del 11 de noviembre, Fidel considera llegado el
momento de desatar la cadena de acciones sobre la que ha venido
meditando en las semanas anteriores. Sin revelar aún el punto exacto
donde piensan golpear al enemigo.
Ese punto es Guisa, importante y estratégica posición del
ejército enemigo a pocos kilómetros de la plaza de Bayamo.
El miércoles 19 de noviembre, después de cursar mensajes para los
distintos frentes, Fidel cruza el río Bayamo, toma por el camino del
Corojo y en las primeras horas de la noche llega al puente de
Monjarás, sobre el río Copeinicú, situado en el camino del Corojo a
Bayamo a unos 100 metros del entronque del camino del Corojo y el de
Monjarás, que comunica con Monte Oscuro.
Esa misma noche Fidel se preocupa por localizar un lugar
apropiado donde ubicar el puesto de mando. Le informan de las
condiciones de las cuevas de Santa Bárbara, y, al llegar al lugar,
reconoce la conveniencia del sitio, pero para ser utilizado como
almacén de la intendencia.
La madrugada del 20 de noviembre de 1958 los rebeldes ocupan las
posiciones cercanas al cuartel de Guisa.
La guarnición pertenecía a la Compañía M del Servicio Militar de
Emergencia, procedente de La Habana, integrada por 133 hombres.
En su discurso pronunciado en Guisa el 20 de noviembre de 1981,
en ocasión del abanderamiento de las primeras unidades de las
Milicias de Tropas Territoriales, Fidel expresa:
"Cuando llegamos a Guisa teníamos alrededor de 180 hombres
armados. Y en esta región de Bayamo y sus alrededores, el enemigo
tenía 5 mil soldados de sus mejores tropas. De modo que ya en Guisa
se produjo una lucha de otra envergadura, fundamentalmente, por
reclutas, era personal nuevo; nuestras tropas más veteranas habían
salido hacia los distintos frentes... "
"En esta ciudad había una compañía, fue cercada. (...) Realmente
la Batalla de Guisa no fue contra la compañía que estaba aquí
dislocada, fue contra los refuerzos de Bayamo."
Alrededor de las 8:30 de la mañana de ese 20 de noviembre, la
patrulla del cuartel de Guisa toma rumbo a Bayamo a moderada
velocidad y, guardando una distancia prudencial entre los vehículos
que la componen, penetra en los ángulos de fuego de la emboscada
rebelde.
La orden dada por el Comandante en Jefe de impedir a toda costa
el paso de la patrulla, fue cumplida cabalmente.
El saldo de este primer encuentro con el enemigo en la carretera
Guisa-Bayamo, lo recoge el parte que le envía el capitán Braulio
Coroneaux a Fidel:
"Tengo el honor de informarle, que a las ocho y media ante
meridiano, chocamos con la patrulla de Guisa."
Coroneaux, en su parte a Fidel, se refiere a Lino Arévalo, de la
tropa de Verdecia, a quien un obús de mortero mata instantáneamente,
y a Oscar Montano, herido en la cabeza por un fragmento del mismo
obús, quien muere al anochecer de ese mismo día.
Por investigaciones posteriores se conoció que 23 soldados
componían la patrulla atacada. De estos, 14 fueron hechos
prisioneros, seis murieron y tres resultaron heridos. De los 7
civiles que venían en la guagüita, 3 mujeres y 4 hombres, un hombre
y una mujer resultaron heridos.
El plan del Comandante en Jefe comienza a materializarse esa
misma mañana, al acudir el primer refuerzo del enemigo tras el
ataque rebelde a la patrulla.
Conjuntamente con este primer refuerzo que envía el puesto de
mando enemigo, situado en la Granja de Bayamo, las posiciones
rebeldes comienzan a ser hostigadas por la aviación. Fidel,
previendo que la zona de combate y sus áreas aledañas serían
fuertemente bombardeadas y ametralladas por la aviación enemiga, ha
orientado a los vecinos de la zona que se retiren a lugares seguros.
La acción de Guisa se inicia el 20 de noviembre a las 8:30 a.m.
al interceptar las fuerzas rebeldes una patrulla, haciéndole fuego.
Ese mismo día llegó el primer refuerzo enemigo contra el cual se
combatió hasta que fue rechazado. En horas de la tarde fue destruido
un tanque T-17 de 30 toneladas.
El férreo cerco rebelde contra el primer refuerzo enemigo le
impide el avance por la carretera y lo pega al piso causándole
numerosas bajas.
A las 10:00 de la noche Coroneaux envía un nuevo parte a Fidel:
"Tengo el honor de informarle que a las 5:00 p.m. forzamos al
Ejército a retirarse, ocupándole el tanque, que fue volado, con dos
ametralladoras calibre 30 y cinco cintas de lona con su respectivo
parque."
Sobre las 2:30 de la tarde de ese mismo día, por el camino del
Corojo, un pelotón enemigo, precedido por dos camiones, intenta
forzar la posición de Ignacio Pérez. A unos 200 metros de la línea
que ocupaban antes de llegar al puente de Monjarás, los rebeldes
habían colocado una mina, previendo la posibilidad del uso de
tanques contra la posición. Los guardias venían dispersos por los
laterales del camino, entre sembrados de arroz y potreros, para
evitar ser fácil blanco de los rebeldes. Cuando el primer camión se
aproxima a la mina, esta se hace estallar, pero aunque no logra el
objetivo de inutilizar el vehículo, produce una desmoralización en
la tropa enemiga. Los camiones giran de inmediato para regresar por
donde venían. Los soldados intentan abordarlos en su huida. Varios
combatientes rebeldes salen de sus trincheras, les corren detrás y
casi a mano limpia capturan a seis de ellos con sus armas.
Al día siguiente (21 de noviembre) el enemigo avanza y logra
penetrar en Guisa dejando un refuerzo en la guarnición.
El repliegue de las posiciones rebeldes ordenado el día anterior
para dar descanso y reabastecer de parque a las tropas, posibilita
que pueda llegar al cuartel enemigo el refuerzo enviado.
En un informe preparado por Fidel el 25 de noviembre, y enviado a
La Plata, relata:
"Hubo que hacer un receso el día 21, parte por un error de
información y parte por exceso de cansancio en el personal y escasez
de parque."
Y, refiriéndose al refuerzo al cuartel, agrega:
"Por un inexcusable error, el mando del enemigo reforzó solo con
40 hombres la guarnición el día 21 y no tomó ninguna de las
posiciones clave que están hoy en manos nuestras."
El día 22 las fuerzas rebeldes toman posiciones en la carretera
de Bayamo a Guisa.
El puesto de mando del Comandante en Jefe se establece entre
Guisa y Santa Bárbara, a unos 200 metros del camino, en la loma de
San Andrés. Desde ese punto estratégico, situado en el centro del
dispositivo de las fuerzas rebeldes, puede Fidel dirigir las
operaciones contra el avance enemigo.
El 23 de noviembre una tropa enemiga es rechazada cuando trataba
de avanzar por el camino del Corojo.
El 24 de noviembre, Fidel dirige una proclama a los vecinos de
Guisa, en la que les advierte del inicio inevitable de las acciones
destinadas a rendir o desalojar la tropa enemiga atrincherada en el
cuartel y el pueblo, y solicita la evacuación inmediata del poblado
para evitar que ocurran bajas en la población civil.
En la noche del 24, Fidel recorre las posiciones avanzadas de las
fuerzas rebeldes por la carretera de Guisa. Explora el terreno al
este de la carretera, y sitúa las fuerzas del teniente Orlando
Rodríguez Puerta en una altura que en forma de semicírculo dominaba
la carretera desde el otro lado. Cualquier refuerzo procedente de
Bayamo por esa dirección quedaría cercado al llegar al espacio que
dominaban desde su posición las fuerzas de Coroneaux. La unidad
situada más allá del puente en dirección a Bayamo, debía dejar
penetrar hasta ese punto a las fuerzas enemigas.
El día 25 transcurre en una tensa espera. Los rebeldes fortifican
sus posiciones. Las tropas enemigas no se mueven todavía. El intento
de romper las líneas rebeldes que se interponían entre el puesto de
mando de operaciones del ejército en Bayamo y el pueblo de Guisa, se
producirá al día siguiente.
El 26 un batallón de infantería avanza por la carretera de Bayamo
a Guisa. A dos kilómetros de este punto los rebeldes hacen fuego,
mientras una mina paraliza el tanque de vanguardia. Se inicia un
violento combate.
A las 6:00 de la tarde, el enemigo abandona los camiones y a las
10:00 de la noche, una batería de morteros hostiga a la fuerza
enemiga.
A las 3:00 de la tarde, por vía telegráfica, el oficial de enlace
destacado en la Jefatura de la Zona de Operaciones en Bayamo,
comunica al Estado Mayor en Columbia:
"Estamos combatiendo en Guisa, el enemigo es fuerte. Manden avns
(aviones) urgente."
Cinco horas más tarde vuelve a comunicar:
"Batalla de Guisa se considera decisiva y de perderse es casi
seguro evacuación Bayamo, tenemos comprometido todo y Fidel Castro
dirige personalmente sus tropas, es necesario refuerzos urgentes y
un gran apoyo aéreo."
Del propio 26 de noviembre es el mensaje que dirige Fidel "a
todos los muchachos de Radio Rebelde", en el que les informa:
"Tenemos una fuerte línea de defensa entre Bayamo y Guisa. Es
como un Jigüe pero a las puertas de Bayamo. Aquí la pelea es contra
tanques, pero ya hay uno boca arriba. No tengo aquí a los veteranos,
pero la tropa se está portando bien. Coroneaux hecho un león; ha
abierto en un firme más de 200 trincheras."
Como era de esperar, ese día 27 el enemigo enviaba nuevas
fuerzas, acompañadas con artillería y tanques pesados, en un
instante en que los hombres que defendían las posiciones avanzadas
contaban con apenas 30 balas para los fusiles y no había municiones
de reserva. No obstante, la lucha y la resistencia contra los nuevos
refuerzos se prolongó durante todo el día.
Ante la desesperada situación del refuerzo cercado en la
carretera, el puesto de mando enemigo lanza un nuevo golpe con la
intención de salvar la situación.
Al amanecer del día 27 dos batallones de refuerzo de Bayamo
llegaron al lugar de la acción. Se combatió contra ellos. Pero la
acción no había concluido.
Los partes de la jefatura de Operaciones del ejército enemigo se
sucedían, con tono cada vez más desesperado:
"Se necesita mucho apoyo aéreo para salvar 2 Bns y 3 tanques
copados en Guisa. Hay que enviar desde La Habana ahora mismo todo lo
que se pueda en avn (avión) para (evitar) un gran descalabro. Ya se
pidió a Cguey (Camagüey) lo que tenía. Enemigo ha hecho la mayor
concentración de fuerzas hasta el momento avns (aviones) deben
llegar lo más rápido posible día hoy (27) antes del atardecer."
Del oficial de enlace en Bayamo se recibía en Columbia esta
llamada de auxilio:
"Estamos apurados Guisa. Enemigo es fuerte, manden refuerzos."
En medio del intenso combate, la posición de Coroneaux es
detectada por el efectivo fuego de la ametralladora que acciona y
que contribuye decisivamente a impedir el avance enemigo por la
carretera. Al ser descubierta la posición, el tanque Sherman más
cercano a la Loma del Martillo inicia un cañoneo sistemático sobre
la parte superior de la ladera, y logra hacer un impacto en la
trinchera que ocupa Coroneaux, junto a Guillermo González y otro
combatiente. Son las tres primeras bajas mortales de ese día. Otro
cañonazo destruye la trinchera donde se encuentran tres de Las
Marianas —Eva Rodríguez, Angelina Antolín y Rita García—, quienes
quedan enterradas en su puesto de combate y, aunque no sufren
heridas, tienen que ser auxiliadas para salir.
En mensaje enviado a las 9:00 de la noche al teniente Rodríguez
Puerta, Fidel le informa:
"Los guardias están retrocediendo. Al anochecer se les puso una
emboscada entre Guisa y el entronque de la central y parece que
cayeron en ella. Queda un grupo atrás que no pudo retirarse temprano
porque tenían dificultades para pasar los tanques ligeros. También
les tengo puesta una emboscada, pero temo que si los primeros
cayeron en la otra, éstos no se atrevan a seguir retirándose de
noche.
"Ha sido una gran victoria, aunque nos costó la pérdida del mejor
oficial (con) que contábamos."
Esa misma noche, el Comandante en Jefe, acompañado por Celia y
otros combatientes de su Estado Mayor, van hasta la trinchera donde
cayó el bravo capitán Braulio Coroneaux y sus dos compañeros, a
darles sepultura.
La noche del 27 de noviembre el campo de batalla que abarcaba
todo el frente este de la Loma del Martillo —carretera y cunetas—,
donde el enemigo había concentrado la mayor cantidad de hombres y
equipos de guerra, y sufrido las mayores bajas, presentaba un
espectáculo dantesco. El Ejército de la dictadura no había podido
recoger a todos sus muertos de los tres últimos días de
enfrentamiento con los rebeldes. Un gran número de soldados yacían
alrededor de los camiones semidestruidos, en ambas cunetas o sobre
la carretera.
Fidel intuye que el enemigo necesitará algún tiempo para
recuperarse tras su derrota, y reagrupa las fuerzas necesarias para
un nuevo intento. En el mismo mensaje a Orlando Rodríguez Puerta le
comunica:
"Mañana con toda seguridad que no vienen refuerzos. Todo lo más,
ayudarán a sacar a los que quedan por el puente si no salen esta
noche. Así que mañana le puedes dar descanso a tu tropa por esos
alrededores. Los únicos que tienen que permanecer en su posición son
los del matadero. Pero, dale instrucciones de que hasta nueva orden
no disparen sobre el cuartel. (...) Pasado mañana temprano todo el
mundo debe estar de nuevo en su posición. Aprovechen el tiempo para
mejorar las trincheras todo lo que puedan."
En la noche del 28, Fidel, Celia y un grupo de combatientes
realizan un recorrido hasta el punto de la carretera donde se
desarrollaron los combates, y llegan hasta el lugar donde se
encuentra la tanqueta T-17 capturada al enemigo. De inmediato,
después de una breve inspección, Fidel imparte órdenes para que la
tanqueta sea sacada de la parte baja donde se encuentra y se suba a
la carretera con el fin de utilizarla esa misma noche por sorpresa
contra el sitiado cuartel.
Allí mismo se improvisan artilleros, pues nadie sabe manejar un
tanque ni un cañón. Fidel da instrucciones de dirigir el cañón hacia
la zona del puesto de mando de Bayamo, y se prueba el arma con tres
disparos.
Rápidamente el tanque fue ocupado y puesto en condiciones de
entrar en acción. El 28 por la noche dos pelotones rebeldes
avanzaban resueltamente hacia Guisa.
A las 2:20 de la madrugada del día 29, el T-17 tripulado por
rebeldes se situó a las puertas del cuartel de Guisa, comenzando a
disparar sus armas, pero dos impactos directos disparados por el
enemigo le paralizaron los motores. Los tripulantes del tanque
averiado continuaron disparando hasta agotar las balas.
Mientras todo esto ocurre en el cuartel, el enemigo ha lanzado
esa mañana su última operación de rescate, cuidadosamente preparada
y sincronizada.
Ese mismo día, al amanecer, cuatro batallones enemigos avanzaron
por tres puntos diferentes: el camino de Bayamo al Corojo, la
carretera de Bayamo a Guisa y el camino de Santa Rita a Guisa. Fidel
comprende que la superioridad del enemigo, que había concentrado
numerosas fuerzas en Bayamo, es abrumadora, y que con muchas
unidades podía incluso tratar de envolver todo el dispositivo de las
fuerzas rebeldes. Tenía prevista esa posibilidad, y había colocado
observadores en todas las vías de acceso para vigilar cualquier
maniobra de ese tipo. Le preocupaba la extensión de las líneas
rebeldes, especialmente las unidades que habían situado el 24 por la
noche en las alturas que hacían un semicírculo al este de la
carretera. Calculaba que el refuerzo enemigo no podía caer de nuevo
en la misma trampa que el día 26. Su criterio era que el enemigo
trataría de envolver por la derecha de la carretera las alturas
donde estaban las unidades anteriormente dirigidas por Coroneaux.
En consecuencia, el 29 por la noche decide concentrar las fuerzas
hacia el centro del dispositivo rebelde, trasladando a ese punto las
que estaban en el semicírculo al este de la carretera. Deja brecha
abierta para entrar al enemigo en su posible maniobra envolvente de
las alturas donde murió Coroneaux, y organiza mortíferas emboscadas
en esa dirección.
De tal manera esta apreciación fue correcta que el propio Fidel
escuchó por equipos de radio ocupados al enemigo cuando el puesto de
mando de Bayamo, ya iniciados los combates, ordenó a las tropas que
avanzaban por la carretera de Guisa flanquear las alturas por la
derecha. Estuvieron a punto de sufrir un nuevo desastre. Solo que el
jefe del refuerzo enemigo sencillamente no cumplió la orden.
"El 30 se libraron las últimas acciones: los batallones que
habían tomado posiciones a dos kilómetros del pueblo, intentaron
reiteradamente avanzar durante todo el día sin conseguir forzar el
paso. A las cuatro de la tarde, mientras nuestras unidades combatían
contra los refuerzos, la guarnición de Guisa abandonó el pueblo en
precipitada retirada, dejando atrás todo el parque y numerosas
armas."
"A las nueve de la noche (del 30 de noviembre) nuestra vanguardia
penetró en el pueblo. Ese mismo día, sesenta y un años atrás,
fuerzas del Ejército Libertador al mando del general Calixto García
Iñiguez habían tomado el pueblo de Guisa. (...)
"Ocho compañeros cayeron heroicamente en el curso de la acción y
siete fueron heridos.
"La batalla se libró principalmente contra las tropas acantonadas
en Bayamo. Fue una lucha de hombres contra aviones, tanques y
artillería.
"El más destacado oficial rebelde fue el capitán Braulio
Coroneaux, veterano de numerosas acciones que cayó gloriosamente
defendiendo su posición en la carretera de Guisa, por donde no
pudieron pasar los tanques enemigos.
"Las unidades rebeldes al mando de sus capitanes y demás
oficiales combatieron con una moral extraordinaria. Se destacaron
principalmente los capitanes Reynaldo Mora, Rafael Verdecia, Ignacio
Pérez y Calixto García; los tenientes Orlando Rodríguez Puerta,
Alcibíades Bermúdez, Gonzalo Camejo, que dirigió la tripulación del
tanque y que dirigió la batería de morteros 81; Dionisio Montero (Aeropagito)
que manejó la batería del (mortero) 60; el teniente Raymundo (Pérez)
Montes de Oca, instructor de la compañía de ametralladoras; el
ingeniero Miguel Ángel Calvo, jefe de la sección de minas y
explosivos, y los tenientes Armelio Mojena y Niní Serrano. Una
escuadra del pelotón de mujeres "Mariana Grajales" combatió
valerosamente también durante los diez días que duró la acción,
soportando el bombardeo de los aviones y el ataque de la artillería
enemiga.
"Guisa, a 12 kilómetros del Puesto de Mando de Bayamo, ya es
Territorio Libre."