GUISA, preludio de la victoria

Juan José Soto Valdespino

El 6 de agosto de 1958, con la retirada de las últimas fuerzas del Ejército de la tiranía que mantenían posiciones en el poblado de Las Mercedes, quedaba definitivamente derrotada la gran ofensiva enemiga contra el territorio rebelde del Primer Frente en la Sierra Maestra.

A la altura del 11 de noviembre, Fidel considera llegado el momento de desatar la cadena de acciones sobre la que ha venido meditando en las semanas anteriores. Sin revelar aún el punto exacto donde piensan golpear al enemigo.

Ese punto es Guisa, importante y estratégica posición del ejército enemigo a pocos kilómetros de la plaza de Bayamo.

El miércoles 19 de noviembre, después de cursar mensajes para los distintos frentes, Fidel cruza el río Bayamo, toma por el camino del Corojo y en las primeras horas de la noche llega al puente de Monjarás, sobre el río Copeinicú, situado en el camino del Corojo a Bayamo a unos 100 metros del entronque del camino del Corojo y el de Monjarás, que comunica con Monte Oscuro.

Esa misma noche Fidel se preocupa por localizar un lugar apropiado donde ubicar el puesto de mando. Le informan de las condiciones de las cuevas de Santa Bárbara, y, al llegar al lugar, reconoce la conveniencia del sitio, pero para ser utilizado como almacén de la intendencia.

La madrugada del 20 de noviembre de 1958 los rebeldes ocupan las posiciones cercanas al cuartel de Guisa.

La guarnición pertenecía a la Compañía M del Servicio Militar de Emergencia, procedente de La Habana, integrada por 133 hombres.

En su discurso pronunciado en Guisa el 20 de noviembre de 1981, en ocasión del abanderamiento de las primeras unidades de las Milicias de Tropas Territoriales, Fidel expresa:

"Cuando llegamos a Guisa teníamos alrededor de 180 hombres armados. Y en esta región de Bayamo y sus alrededores, el enemigo tenía 5 mil soldados de sus mejores tropas. De modo que ya en Guisa se produjo una lucha de otra envergadura, fundamentalmente, por reclutas, era personal nuevo; nuestras tropas más veteranas habían salido hacia los distintos frentes... "

"En esta ciudad había una compañía, fue cercada. (...) Realmente la Batalla de Guisa no fue contra la compañía que estaba aquí dislocada, fue contra los refuerzos de Bayamo."

Alrededor de las 8:30 de la mañana de ese 20 de noviembre, la patrulla del cuartel de Guisa toma rumbo a Bayamo a moderada velocidad y, guardando una distancia prudencial entre los vehículos que la componen, penetra en los ángulos de fuego de la emboscada rebelde.

La orden dada por el Comandante en Jefe de impedir a toda costa el paso de la patrulla, fue cumplida cabalmente.

El saldo de este primer encuentro con el enemigo en la carretera Guisa-Bayamo, lo recoge el parte que le envía el capitán Braulio Coroneaux a Fidel:

"Tengo el honor de informarle, que a las ocho y media ante meridiano, chocamos con la patrulla de Guisa."

Coroneaux, en su parte a Fidel, se refiere a Lino Arévalo, de la tropa de Verdecia, a quien un obús de mortero mata instantáneamente, y a Oscar Montano, herido en la cabeza por un fragmento del mismo obús, quien muere al anochecer de ese mismo día.

Por investigaciones posteriores se conoció que 23 soldados componían la patrulla atacada. De estos, 14 fueron hechos prisioneros, seis murieron y tres resultaron heridos. De los 7 civiles que venían en la guagüita, 3 mujeres y 4 hombres, un hombre y una mujer resultaron heridos.

El plan del Comandante en Jefe comienza a materializarse esa misma mañana, al acudir el primer refuerzo del enemigo tras el ataque rebelde a la patrulla.

Conjuntamente con este primer refuerzo que envía el puesto de mando enemigo, situado en la Granja de Bayamo, las posiciones rebeldes comienzan a ser hostigadas por la aviación. Fidel, previendo que la zona de combate y sus áreas aledañas serían fuertemente bombardeadas y ametralladas por la aviación enemiga, ha orientado a los vecinos de la zona que se retiren a lugares seguros.

La acción de Guisa se inicia el 20 de noviembre a las 8:30 a.m. al interceptar las fuerzas rebeldes una patrulla, haciéndole fuego. Ese mismo día llegó el primer refuerzo enemigo contra el cual se combatió hasta que fue rechazado. En horas de la tarde fue destruido un tanque T-17 de 30 toneladas.

El férreo cerco rebelde contra el primer refuerzo enemigo le impide el avance por la carretera y lo pega al piso causándole numerosas bajas.

A las 10:00 de la noche Coroneaux envía un nuevo parte a Fidel:

"Tengo el honor de informarle que a las 5:00 p.m. forzamos al Ejército a retirarse, ocupándole el tanque, que fue volado, con dos ametralladoras calibre 30 y cinco cintas de lona con su respectivo parque."

Sobre las 2:30 de la tarde de ese mismo día, por el camino del Corojo, un pelotón enemigo, precedido por dos camiones, intenta forzar la posición de Ignacio Pérez. A unos 200 metros de la línea que ocupaban antes de llegar al puente de Monjarás, los rebeldes habían colocado una mina, previendo la posibilidad del uso de tanques contra la posición. Los guardias venían dispersos por los laterales del camino, entre sembrados de arroz y potreros, para evitar ser fácil blanco de los rebeldes. Cuando el primer camión se aproxima a la mina, esta se hace estallar, pero aunque no logra el objetivo de inutilizar el vehículo, produce una desmoralización en la tropa enemiga. Los camiones giran de inmediato para regresar por donde venían. Los soldados intentan abordarlos en su huida. Varios combatientes rebeldes salen de sus trincheras, les corren detrás y casi a mano limpia capturan a seis de ellos con sus armas.

Al día siguiente (21 de noviembre) el enemigo avanza y logra penetrar en Guisa dejando un refuerzo en la guarnición.

El repliegue de las posiciones rebeldes ordenado el día anterior para dar descanso y reabastecer de parque a las tropas, posibilita que pueda llegar al cuartel enemigo el refuerzo enviado.

En un informe preparado por Fidel el 25 de noviembre, y enviado a La Plata, relata:

"Hubo que hacer un receso el día 21, parte por un error de información y parte por exceso de cansancio en el personal y escasez de parque."

Y, refiriéndose al refuerzo al cuartel, agrega:

"Por un inexcusable error, el mando del enemigo reforzó solo con 40 hombres la guarnición el día 21 y no tomó ninguna de las posiciones clave que están hoy en manos nuestras."

El día 22 las fuerzas rebeldes toman posiciones en la carretera de Bayamo a Guisa.

El puesto de mando del Comandante en Jefe se establece entre Guisa y Santa Bárbara, a unos 200 metros del camino, en la loma de San Andrés. Desde ese punto estratégico, situado en el centro del dispositivo de las fuerzas rebeldes, puede Fidel dirigir las operaciones contra el avance enemigo.

El 23 de noviembre una tropa enemiga es rechazada cuando trataba de avanzar por el camino del Corojo.

El 24 de noviembre, Fidel dirige una proclama a los vecinos de Guisa, en la que les advierte del inicio inevitable de las acciones destinadas a rendir o desalojar la tropa enemiga atrincherada en el cuartel y el pueblo, y solicita la evacuación inmediata del poblado para evitar que ocurran bajas en la población civil.

En la noche del 24, Fidel recorre las posiciones avanzadas de las fuerzas rebeldes por la carretera de Guisa. Explora el terreno al este de la carretera, y sitúa las fuerzas del teniente Orlando Rodríguez Puerta en una altura que en forma de semicírculo dominaba la carretera desde el otro lado. Cualquier refuerzo procedente de Bayamo por esa dirección quedaría cercado al llegar al espacio que dominaban desde su posición las fuerzas de Coroneaux. La unidad situada más allá del puente en dirección a Bayamo, debía dejar penetrar hasta ese punto a las fuerzas enemigas.

El día 25 transcurre en una tensa espera. Los rebeldes fortifican sus posiciones. Las tropas enemigas no se mueven todavía. El intento de romper las líneas rebeldes que se interponían entre el puesto de mando de operaciones del ejército en Bayamo y el pueblo de Guisa, se producirá al día siguiente.

El 26 un batallón de infantería avanza por la carretera de Bayamo a Guisa. A dos kilómetros de este punto los rebeldes hacen fuego, mientras una mina paraliza el tanque de vanguardia. Se inicia un violento combate.

A las 6:00 de la tarde, el enemigo abandona los camiones y a las 10:00 de la noche, una batería de morteros hostiga a la fuerza enemiga.

A las 3:00 de la tarde, por vía telegráfica, el oficial de enlace destacado en la Jefatura de la Zona de Operaciones en Bayamo, comunica al Estado Mayor en Columbia:

"Estamos combatiendo en Guisa, el enemigo es fuerte. Manden avns (aviones) urgente."

Cinco horas más tarde vuelve a comunicar:

"Batalla de Guisa se considera decisiva y de perderse es casi seguro evacuación Bayamo, tenemos comprometido todo y Fidel Castro dirige personalmente sus tropas, es necesario refuerzos urgentes y un gran apoyo aéreo."

Del propio 26 de noviembre es el mensaje que dirige Fidel "a todos los muchachos de Radio Rebelde", en el que les informa:

"Tenemos una fuerte línea de defensa entre Bayamo y Guisa. Es como un Jigüe pero a las puertas de Bayamo. Aquí la pelea es contra tanques, pero ya hay uno boca arriba. No tengo aquí a los veteranos, pero la tropa se está portando bien. Coroneaux hecho un león; ha abierto en un firme más de 200 trincheras."

Como era de esperar, ese día 27 el enemigo enviaba nuevas fuerzas, acompañadas con artillería y tanques pesados, en un instante en que los hombres que defendían las posiciones avanzadas contaban con apenas 30 balas para los fusiles y no había municiones de reserva. No obstante, la lucha y la resistencia contra los nuevos refuerzos se prolongó durante todo el día.

Ante la desesperada situación del refuerzo cercado en la carretera, el puesto de mando enemigo lanza un nuevo golpe con la intención de salvar la situación.

Al amanecer del día 27 dos batallones de refuerzo de Bayamo llegaron al lugar de la acción. Se combatió contra ellos. Pero la acción no había concluido.

Los partes de la jefatura de Operaciones del ejército enemigo se sucedían, con tono cada vez más desesperado:

"Se necesita mucho apoyo aéreo para salvar 2 Bns y 3 tanques copados en Guisa. Hay que enviar desde La Habana ahora mismo todo lo que se pueda en avn (avión) para (evitar) un gran descalabro. Ya se pidió a Cguey (Camagüey) lo que tenía. Enemigo ha hecho la mayor concentración de fuerzas hasta el momento avns (aviones) deben llegar lo más rápido posible día hoy (27) antes del atardecer."

Del oficial de enlace en Bayamo se recibía en Columbia esta llamada de auxilio:

"Estamos apurados Guisa. Enemigo es fuerte, manden refuerzos."

En medio del intenso combate, la posición de Coroneaux es detectada por el efectivo fuego de la ametralladora que acciona y que contribuye decisivamente a impedir el avance enemigo por la carretera. Al ser descubierta la posición, el tanque Sherman más cercano a la Loma del Martillo inicia un cañoneo sistemático sobre la parte superior de la ladera, y logra hacer un impacto en la trinchera que ocupa Coroneaux, junto a Guillermo González y otro combatiente. Son las tres primeras bajas mortales de ese día. Otro cañonazo destruye la trinchera donde se encuentran tres de Las Marianas —Eva Rodríguez, Angelina Antolín y Rita García—, quienes quedan enterradas en su puesto de combate y, aunque no sufren heridas, tienen que ser auxiliadas para salir.

En mensaje enviado a las 9:00 de la noche al teniente Rodríguez Puerta, Fidel le informa:

"Los guardias están retrocediendo. Al anochecer se les puso una emboscada entre Guisa y el entronque de la central y parece que cayeron en ella. Queda un grupo atrás que no pudo retirarse temprano porque tenían dificultades para pasar los tanques ligeros. También les tengo puesta una emboscada, pero temo que si los primeros cayeron en la otra, éstos no se atrevan a seguir retirándose de noche.

"Ha sido una gran victoria, aunque nos costó la pérdida del mejor oficial (con) que contábamos."

Esa misma noche, el Comandante en Jefe, acompañado por Celia y otros combatientes de su Estado Mayor, van hasta la trinchera donde cayó el bravo capitán Braulio Coroneaux y sus dos compañeros, a darles sepultura.

La noche del 27 de noviembre el campo de batalla que abarcaba todo el frente este de la Loma del Martillo —carretera y cunetas—, donde el enemigo había concentrado la mayor cantidad de hombres y equipos de guerra, y sufrido las mayores bajas, presentaba un espectáculo dantesco. El Ejército de la dictadura no había podido recoger a todos sus muertos de los tres últimos días de enfrentamiento con los rebeldes. Un gran número de soldados yacían alrededor de los camiones semidestruidos, en ambas cunetas o sobre la carretera.

Fidel intuye que el enemigo necesitará algún tiempo para recuperarse tras su derrota, y reagrupa las fuerzas necesarias para un nuevo intento. En el mismo mensaje a Orlando Rodríguez Puerta le comunica:

"Mañana con toda seguridad que no vienen refuerzos. Todo lo más, ayudarán a sacar a los que quedan por el puente si no salen esta noche. Así que mañana le puedes dar descanso a tu tropa por esos alrededores. Los únicos que tienen que permanecer en su posición son los del matadero. Pero, dale instrucciones de que hasta nueva orden no disparen sobre el cuartel. (...) Pasado mañana temprano todo el mundo debe estar de nuevo en su posición. Aprovechen el tiempo para mejorar las trincheras todo lo que puedan."

En la noche del 28, Fidel, Celia y un grupo de combatientes realizan un recorrido hasta el punto de la carretera donde se desarrollaron los combates, y llegan hasta el lugar donde se encuentra la tanqueta T-17 capturada al enemigo. De inmediato, después de una breve inspección, Fidel imparte órdenes para que la tanqueta sea sacada de la parte baja donde se encuentra y se suba a la carretera con el fin de utilizarla esa misma noche por sorpresa contra el sitiado cuartel.

Allí mismo se improvisan artilleros, pues nadie sabe manejar un tanque ni un cañón. Fidel da instrucciones de dirigir el cañón hacia la zona del puesto de mando de Bayamo, y se prueba el arma con tres disparos.

Rápidamente el tanque fue ocupado y puesto en condiciones de entrar en acción. El 28 por la noche dos pelotones rebeldes avanzaban resueltamente hacia Guisa.

A las 2:20 de la madrugada del día 29, el T-17 tripulado por rebeldes se situó a las puertas del cuartel de Guisa, comenzando a disparar sus armas, pero dos impactos directos disparados por el enemigo le paralizaron los motores. Los tripulantes del tanque averiado continuaron disparando hasta agotar las balas.

Mientras todo esto ocurre en el cuartel, el enemigo ha lanzado esa mañana su última operación de rescate, cuidadosamente preparada y sincronizada.

Ese mismo día, al amanecer, cuatro batallones enemigos avanzaron por tres puntos diferentes: el camino de Bayamo al Corojo, la carretera de Bayamo a Guisa y el camino de Santa Rita a Guisa. Fidel comprende que la superioridad del enemigo, que había concentrado numerosas fuerzas en Bayamo, es abrumadora, y que con muchas unidades podía incluso tratar de envolver todo el dispositivo de las fuerzas rebeldes. Tenía prevista esa posibilidad, y había colocado observadores en todas las vías de acceso para vigilar cualquier maniobra de ese tipo. Le preocupaba la extensión de las líneas rebeldes, especialmente las unidades que habían situado el 24 por la noche en las alturas que hacían un semicírculo al este de la carretera. Calculaba que el refuerzo enemigo no podía caer de nuevo en la misma trampa que el día 26. Su criterio era que el enemigo trataría de envolver por la derecha de la carretera las alturas donde estaban las unidades anteriormente dirigidas por Coroneaux.

En consecuencia, el 29 por la noche decide concentrar las fuerzas hacia el centro del dispositivo rebelde, trasladando a ese punto las que estaban en el semicírculo al este de la carretera. Deja brecha abierta para entrar al enemigo en su posible maniobra envolvente de las alturas donde murió Coroneaux, y organiza mortíferas emboscadas en esa dirección.

De tal manera esta apreciación fue correcta que el propio Fidel escuchó por equipos de radio ocupados al enemigo cuando el puesto de mando de Bayamo, ya iniciados los combates, ordenó a las tropas que avanzaban por la carretera de Guisa flanquear las alturas por la derecha. Estuvieron a punto de sufrir un nuevo desastre. Solo que el jefe del refuerzo enemigo sencillamente no cumplió la orden.

"El 30 se libraron las últimas acciones: los batallones que habían tomado posiciones a dos kilómetros del pueblo, intentaron reiteradamente avanzar durante todo el día sin conseguir forzar el paso. A las cuatro de la tarde, mientras nuestras unidades combatían contra los refuerzos, la guarnición de Guisa abandonó el pueblo en precipitada retirada, dejando atrás todo el parque y numerosas armas."

"A las nueve de la noche (del 30 de noviembre) nuestra vanguardia penetró en el pueblo. Ese mismo día, sesenta y un años atrás, fuerzas del Ejército Libertador al mando del general Calixto García Iñiguez habían tomado el pueblo de Guisa. (...)

"Ocho compañeros cayeron heroicamente en el curso de la acción y siete fueron heridos.

"La batalla se libró principalmente contra las tropas acantonadas en Bayamo. Fue una lucha de hombres contra aviones, tanques y artillería.

"El más destacado oficial rebelde fue el capitán Braulio Coroneaux, veterano de numerosas acciones que cayó gloriosamente defendiendo su posición en la carretera de Guisa, por donde no pudieron pasar los tanques enemigos.

"Las unidades rebeldes al mando de sus capitanes y demás oficiales combatieron con una moral extraordinaria. Se destacaron principalmente los capitanes Reynaldo Mora, Rafael Verdecia, Ignacio Pérez y Calixto García; los tenientes Orlando Rodríguez Puerta, Alcibíades Bermúdez, Gonzalo Camejo, que dirigió la tripulación del tanque y que dirigió la batería de morteros 81; Dionisio Montero (Aeropagito) que manejó la batería del (mortero) 60; el teniente Raymundo (Pérez) Montes de Oca, instructor de la compañía de ametralladoras; el ingeniero Miguel Ángel Calvo, jefe de la sección de minas y explosivos, y los tenientes Armelio Mojena y Niní Serrano. Una escuadra del pelotón de mujeres "Mariana Grajales" combatió valerosamente también durante los diez días que duró la acción, soportando el bombardeo de los aviones y el ataque de la artillería enemiga.

"Guisa, a 12 kilómetros del Puesto de Mando de Bayamo, ya es Territorio Libre."

(Del parte del Comandante en Jefe transmitido por Radio Rebelde después de la Batalla.)

 

| Portada  | Nacionales | Internacionales | Cultura | Deportes | Cuba en el mundo |
| Opinión Gráfica | Ciencia y Tecnología | Consulta Médica | Cartas| Especiales |

SubirSubir