"Si uno no hubiera visto cómo quedó después del paso de los
ciclones, pensaría que no sucedió nada", asegura el Doctor en
Ciencias José Luis Corvea, director del Parque Nacional Viñales.
"Una vez más ha quedado demostrado el poder de estabilidad que
tienen los ecosistemas después de sufrir eventos naturales".
Si bien los estudios iniciales arrojaron que el 70% de las 15 010
hectáreas que abarca el Parque resultó dañado, su imagen actual
sugiere otra cosa. "Parte de los mogotes se quedaron en la roca
pura, pero hoy están cubiertos de vegetación nuevamente", dice José
Luis.
Según el especialista, las expediciones realizadas para evaluar
los perjuicios han arrojado que el impacto en especies endémicas o
en peligro de extinción no es significativo. "La palma corcho, por
ejemplo, no ha tenido problemas, ni siquiera en lugares donde hubo
derribo de árboles".
En el caso de la fauna, la situación es aún más favorable, dada
su facultad de emigrar hacia lugares seguros. "En este momento se ha
estado observando el retorno de las aves", agrega.
Con excepción de los bosques de galerías, en la faja
hidrográfica, donde ha sido necesaria la intervención del hombre en
la replantación de árboles, en el resto de los ecosistemas la
recuperación se ha dado espontáneamente, confirmando la validez del
antiguo refrán que asevera: la naturaleza es sabia.