Los jóvenes de mi edad reclamábamos algo lindo como fue luego el
Destacamento Manuel Ascunce, afirma la profesora Lourdes Báez,
miembro del primer contingente.
Es Fidel quien convida. La Revolución necesita una vez más de los
jóvenes. El 4 de abril de 1972, en la clausura del II Congreso de la
UJC, el Comandante en Jefe habla de las escuelas en el campo, de
cuántas se construyen, del inminente ingreso de miles de estudiantes
y, en consecuencia, de las necesidades apremiantes de nuevos
profesores.
"Nos quejábamos de no haber tenido la oportunidad de la
Generación del Centenario, de no nacer a tiempo para alfabetizar o
estar en Girón. Por eso, no dudamos en ofrecernos."
Hoy Lourdes Báez se desempeña como directora docente metodológica
del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona. Es profesora
auxiliar y Máster en Ciencias. Solo que entonces apenas concluía su
último año de secundaria básica.
Había escuchado el llamamiento a integrar el primer contingente
del Destacamento Pedagógico Manuel Ascunce Domenech, así que cuando
la citaron para aquel encuentro fue de quienes alzaron la mano.
"El compañero del Comité Nacional de la UJC que dirigió la
reunión nos explicó cuán difícil era la tarea. Pero no nos asustó,
sino al contrario: unos se comprometían y retaban a los otros a
participar.
"Nunca se me olvida. Fue la primera vez que tomé una decisión sin
contar con mis padres. Al salir, llamé a mi mamá y se lo dije. Ella
era maestra, revolucionaria y esa, una tarea del Comandante. Se
sintió muy orgullosa, por supuesto."
Ese mismo 26 de noviembre nació el Destacamento. Quedaba vencer
el desafío. Su bautismo de aula fueron dos grupos de séptimo grado
de aproximadamente 30 alumnos cada uno, en la ESBEC República
Popular de Argelia, en Batabanó. La joven profesora de Matemáticas,
de 15 años, impartía clases a muchachos de casi la misma edad. "¡A
la maestra la iba a ver su mamá una vez por semana!".
Lourdes recuerda la primera clase que le revisó una metodóloga.
"Como en la anterior no me había alcanzado el tiempo, comencé justo
donde había terminado. Y cuando faltaban cinco minutos para que
finalizara el turno, dije: ‘ahora vamos a empezar la clase de hoy’.
Años más tarde, a mis alumnos del Pedagógico les llamaba la atención
que yo decía la última palabra exactamente al sonar el timbre. Esa
habilidad profesional tiene sus raíces en aquella lección".
Aprendía con la ayuda de metodólogos, jefes de cátedra y
excelentes profesores. Estudiaba y trabajaba a la vez: en una sesión
acudía a la secundaria a impartir clases; en otra, a la filial
pedagógica a recibirlas.
El 20 de julio de 1977 fue la graduación del primer contingente
del Destacamento. Ese día Lourdes cumplió 20 años. Lo califica de
inolvidable. Estaba en la presidencia, y leyó el pase de lista de
héroes y mártires relacionados con la pedagogía: Martí, Frank,
Ascunce.
En el discurso de clausura, Fidel señala lo acertado de esta idea
para resolver el déficit de profesores. Por los métodos
tradicionales habríamos tardado 30 años, sostuvo.
"Ustedes han hecho posible, primero, que la Revolución cumpliera
el principio de que todo joven tuviera oportunidad de seguir
estudiando después del sexto grado; de que ningún joven de nuestras
montañas, de nuestros campos, se quedara sin su escuela secundaria.
Ustedes han contribuido a aplicar el sistema de estudio y trabajo en
esas escuelas. Y a su vez fueron un magnífico ejemplo de la
aplicación de ese mismo principio, estudiando y enseñando."
Novecientos profesores de enseñanza media recibieron sus diplomas
y se comprometieron a continuar estudiando hasta convertirse en
licenciados en Educación. Aquellos maestros casi adolescentes
tuvieron que madurar a prisa, a causa de la responsabilidad que les
tocó asumir, pero no perdieron la energía, el vigor, la frescura,
porque precisamente vivir una epopeya como esa era uno de sus
sueños.