.— Un fuerte forcejeo
político prevaleció en Iraq antes de la discusión hoy por el
parlamento de un pacto militar con Estados Unidos, que busca
legitimar la ocupación de las tropas extranjeras hasta finales de
2011.
La asamblea legislativa debe pronunciarse este miércoles sobre si
avala o rechaza el denominado acuerdo de seguridad a largo plazo
firmado la semana pasada por el gobierno del primer ministro, Nouri
Al-Maliki, y el del presidente George W. Bush.
Las autoridades iraquíes que sostuvieron una difícil negociación
con Washington, incluidas presiones y chantajes con la ayuda
económica, consideran que pueden ganar con amplia mayoría de votos
el último gran obstáculo para la ratificación del pacto.
Pero mientras el equipo de Al-Maliki ve el texto como la mejor
esperanza para que Iraq restaure su soberanía y evite un
resurgimiento del sectarismo, la bancada legislativa leal al clérigo
chiita Muqtada al-Sadr lo tildó de humillante para el orgullo
nacional.
El portavoz oficial de los sadristas, Ahmed al-Massoudi, afirmó
hoy que aún están resueltos a rechazar el documento conocido también
como Acuerdo para el Estatus de las Fuerzas (SOFA, en inglés), por
considerarlo anticonstitucional.
En medio de las tensiones y la expectativa, la presidencia del
parlamento iraquí decidió aplazar en dos horas la sesión prevista
para esta tarde y solicitó el retiro del numeroso contingente
militar emplazado en los alrededores del hemiciclo, recordó al-Massoudi.
La suerte de los 145 mil efectivos norteamericanos destacados
aquí fue sometida a dos lecturas anteriores por parte de los
diputados, en las cuales otros sectores políticos también expusieron
sus reservas.
El principal bloque árabe sunnita presentó una lista de demandas
y objeciones que desea aclarar antes de emitir su voto, y que van
desde radicales reformas políticas hasta amnistía para prisioneros.
La aprobación del acuerdo implicará la legitimación de la
ocupación militar norteamericana en este país, después de que expire
en diciembre próximo el mandato dado por la ONU tras la invasión de
2003.