La
Agencia Mundial Antidopaje (AMA) dará a conocer en mayo del 2009 la
lista de los organismos incumplidores de su código de conducta, a
pesar de que estos lo ratificaron.
Esta relación debió publicarse ayer, sin embargo, el australiano
John Fahey, director de la Agencia, aseveró que continuarán
colaborando con los más de 100 países firmantes de la Convención
Internacional contra el Dopaje en el Deporte, porque algunos todavía
no acaban de organizarse a favor de fortalecer la lucha contra tan
negativa práctica. La Convención —suscrita por Cuba— es respaldada
por la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la
Educación, la Ciencia y la Cultura).
A pesar de que la AMA combina recursos deportivos y
gubernamentales para mejorar, complementar y coordinar los esfuerzos
por educar a los deportistas sobre los perjuicios del dopaje,
reforzar el ideal del juego limpio y sancionar a los que se engañan
a sí mismos y a su nación, existen fuerzas empeñadas en ir contra la
corriente, especialmente dentro del profesionalismo.
¿Qué se puede esperar de quienes como el ciclista belga Niels
Albert afirman que "ganar el Tour de Francia sin doparse es
imposible"?... porque la carrera de tres semanas de duración
transcurre en condiciones adversas del clima y el terreno. La lógica
desventaja la cargan los que, como reconoció Niels, no utilizan esos
"buenos productos".
En 22 controles de rutina correspondientes a 13 de los
participantes en el Tour del 2008 se hallaron anomalías. Ayer, la
Agencia Francesa de Lucha Contra el Dopaje, suspendió por dos años
al español Manuel Beltrán de toda competición en suelo galo al
comprobar que consumió Eritropoyetina (EPO). También están sujetos a
investigaciones pedalistas de Austria, Alemania e Italia.
Exhibían elevados niveles de hematocrito, proporción del volumen
de sangre ocupado por los glóbulos rojos, que si se incrementa hasta
el límite puede indicar la presencia de la EPO. Este producto
estimula a la médula ósea a crear glóbulos rojos, el cuerpo recibe
más oxígeno y aumenta su resistencia.
Aceptar que solo a partir del fraude se puede ganar es santificar
la trampa. Otro caso lamentable fue el de la ciclista española María
Isabel Moreno (consumidora de EPO), primera en salir a la luz
pública en Beijing’08, lid estival donde se detectaron 15 casos,
ocho ya ratificados y otros siete en proceso, según afirmara
recientemente Jacques Rogge, presidente del Comité Olímpico
Internacional. En la capital china pasaron de 4 500 las pruebas, un
25% más que en Atenas’04, donde hubo 26 positivos.
En septiembre de este año, Patrick Schamarsch, director médico
del COI, viajó a Grecia con el interés de colaborar con la justicia
de esa nación en la investigación de 15 jóvenes de atletismo,
natación y levantamiento de pesas, incluida Fani Halkia, campeona de
los 400 metros con vallas en Atenas, descalificados días antes de
los Juegos de Beijing.
Aunque se habla una y otra vez sobre los riesgos a los que
conducen las sustancias no autorizadas, es preciso continuar en el
empeño por desbrozar el camino en aras de que el deporte cumpla su
papel de poderoso vehículo para afianzar la paz, fomentar las
relaciones humanas, el respeto mutuo y la comprensión entre los
pueblos, ideales que Cuba siempre ha defendido.
El uso de esos productos prohibidos pueden acarrear problemas
cardiovasculares, enfermedades hepáticas y renales; dependencia
psicológica y física, y, en oportunidades, son causa de muerte. La
gama de lesiones se ha incrementado debido a la práctica del dopaje
por vía sanguínea y la manipulación genética destinada a realzar el
rendimiento deportivo.
Son conocidos otros ejemplos de esta censurable práctica en el
atletismo, como el de la velocista Marion Jones, despojada de sus
medallas olímpicas, y el de renombrados peloteros profesionales
norteamericanos. No es nuestra intención citar nombres en cada uno
de los deportes, solo hacer una invitación a meditar sobre cuánto se
aportará a la salud humana si se insiste en este empeño de madrugar
a los tramposos.