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Empresa de Cultivos Varios Sagua
Adiós a las tierras ociosas
Freddy Pérez Cabrera
SAGUA LA GRANDE.— A Pedro Herrera Ramos le viene muy bien ese
refrán popular que dice "mejor es aguantar a un loco que tener que
empujar¼ ". Ni dormido, él deja de pensar en cosas grandes para la
entidad que encabeza desde hace 15 años. Tal vez por esa razón
resulte casi imposible encontrar un palmo de terreno de la Empresa
de Cultivos Varios Sagua que no esté sembrado.
Ya
se observan racimos de plátano a punto de poder ser enviados a los
mercados.
Allí confluyen en perfecta armonía los cultivos de boniato,
plátano, yuca, acelga, lechuga, rabanito o la fruta más impensada,
entre los más significativos, con gallinas, puercos y otros
animales, todo muy bien atendido.
Cuando el ciclón Ike no había pasado por Cuba, ya Pedrito tenía
su estrategia de trabajo. "En la agricultura hay reglas inviolables,
aunque no siempre hay que cumplirlas al pie de la letra, a veces hay
que saber arriesgar, y eso fue lo que hicimos", reconoce.
Apenas pasó el huracán, nos reunimos para valorar el terreno
campo a campo y poder tomar la determinación de iniciar la siembra
esa misma tarde en las áreas menos anegadas, explica el director. En
el caso del plátano y otros cultivos afectados, la orientación fue
salvar la mayor cantidad de productos posible y comenzar a trabajar
en su reposición de manera inmediata.
El
intercalamiento de los cultivos constituye una estrategia acertada
para el aprovechamiento óptimo de los suelos.
La vida les dio la razón. Hoy en las fincas de la empresa hay
varios tipos de viandas, hortalizas y vegetales aptos para el
consumo. Lechuga, acelga, rabanito, col, boniato, yuca y hasta
algunos racimos de plátano están a punto de ser enviados al mercado,
muestra del correcto manejo realizado.
Un breve recorrido por las diferentes fincas nos permitió
comprobar el buen estado de los sembradíos. El secreto, según
Pedrito, no es otro que la atención al hombre. Eso incluye la
vinculación del salario con los resultados finales de la producción,
garantizar los útiles de trabajo imprescindibles para que los
obreros sean más productivos y la ejemplaridad de quienes dirigen,
entre otros elementos.
Si
de productividad se trata, hay que contar con hombres como Ismael
Machado, de la finca La Pollera, quien pese a sus 75 años tuvo
fuerzas para acabar con el marabú en su entidad.
Jony Bravo, un joven de 25 años que hace historia en medio de los
platanales de la finca Flor de Cuba, reafirma lo expresado por el
director. "Hoy, por ejemplo, la merienda fue pan con picadillo y
yogur, la que nos llevan hasta el campo para que no perdamos tiempo.
El almuerzo, como usted ve, es bueno, hay variedad de platos, no
falta el agua fría y así se puede trabajar".
Su compañero de labor, Mario Ruiz, quien escucha la conversación,
interviene para apuntar que el pasado mes de octubre él ganó 418
pesos de salario, más la estimulación por los resultados finales de
la cosecha. Si algo bueno tiene la empresa es que se paga más a
quien más se esfuerza: si ganas 1 000 pesos, 1 000 te pagan.
Cada finca un jardín
La Empresa de Cultivos Varios Sagua tiene una extensión de 73
caballerías de tierra, las que son atendidas por cerca de 800
obreros. Su objeto social es garantizar la alimentación de los más
de 56 000 habitantes de ese municipio, además de aportar al consumo
de hospitales, escuelas, hogares maternos y casas de abuelos, entre
otros.
Aunque prima la insatisfacción del colectivo por aportar solo el
80% de lo que necesitan los sagüeros, resulta evidente que el
esfuerzo realizado debe traducirse en breve tiempo en más comida
para el pueblo y para todo aquel que la necesite, "porque pensamos
en Cuba", asegura Pedro Herrera.
En la composición de la fuerza laboral destacan por su
productividad los cerca de 120 trabajadores ya retirados, quienes
decidieron volver a las faenas agrícolas, motivados por la atención
brindada en la entidad, además de la estimulación material recibida.
Entre ellos descuella Ismael Machado, un hombre que, pese a sus
75 abriles, resultó capaz de eliminar todo el marabú existente en la
finca La Pollera, nada más y nada menos que con una piocha y
candela.
"Eso me costó un dolor de cintura que no se me quita, pero logré
convertir el marabuzal en un jardín, como pidió Pedrito", expresa
Ismael, quien muestra orgulloso los cultivos de col, ají, tomate,
berenjena, rabanito, quimbombó y zanahoria, entre otros productos
existentes en el huerto intensivo. Por si fuera poco, los ocho
trabajadores del lugar también tienen en el área chivos, carneros,
gallinas y hasta codornices.
Allí destaca, al igual que en el resto de la empresa, el correcto
intercalamiento de los cultivos, estrategia decisiva para lograr que
no haya una pulgada sin sembrar. Maíz con calabaza, plátanos con
frijoles, aguacate y maíz resultan las combinaciones más frecuentes.
Como parte de esta política, en estos momentos la dirección
impulsa la siembra de cocoteros pegados a las cercas que protegen
cada cultivo, los que, además de brindar su fruto, pueden contribuir
en el futuro a la rentabilidad de la Empresa.
Se destaca especialmente la finca de frutales que han logrado
fomentar. Mango, aguacate intercalado con guayaba, naranja, limón,
guanábana, mamey, chirimoya, anón, tamarindo, melocotón, cereza,
ciruela y caimito son algunas de las 28 frutas sembradas en cerca de
tres caballerías y media de tierra, demostración de que, en un país
tropical como el nuestro, es posible tener esos cultivos. |