Revolución en Guayabal

PASTOR BATISTA VALDÉS

PUERTO DE GUAYABAL, Las Tunas.— La confianza y el aliento que dejó aquí la visita del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba, General de Ejército Raúl Castro Ruz, se revierten por minuto en acciones concretas que involucran por igual a empresas del territorio, organismos y pobladores de la apacible comunidad costera.

Rápidamente se procedió a la limpieza e higienización del litoral.

Quizás la más palpable confirmación de esa realidad esté en el empuje con que han laborado las fuerzas del sector eléctrico, para dejar restituido ese servicio, vital para los casi 2 000 habitantes del sureño asentamiento.

Desde el primer instante se trabajó para restablecer las redes eléctricas y de comunicación.

Como explica Mario Patiño Franco, director general de la Empresa Eléctrica provincial, en el empeño por normalizar o reponer 246 acometidas y metros contadores, más de medio centenar de postes inclinados o destruidos por el viento, redes derribadas y otros perjuicios, ha sobresalido la cooperación de técnicos, especialistas y obreros del Ministerio del Azúcar, la Empresa de Telecomunicaciones y equipos de Perforación e Izaje.

La experiencia obliga a fijar con mayor seguridad los postes al terreno.

"Yo no hubiera imaginado que esas tareas avanzarían tan rápidamente" —reconoce animada Francisca Corso Hechavarría, quien, junto a dos hermanos y a su hija Dayani, intentan ordenar un poco y rearmar el amasijo de tablas arrancadas por el mar a las paredes del hogar, confundidas ahora entre los "restos mortales" de las camas, el escaparate y otras pertenencias.

Ella, como la anciana América González, Leandro Rey y otros habitantes, cuyas casas resultaron total o parcialmente dañadas, saben que "si bien los estragos en las viviendas no podrán ser resueltos de hoy para mañana, la solución llegará porque la Revolución jamás ha abandonado a nadie en este medio siglo".

A pocos metros de allí, mientras eléctricos y telefónicos devuelven la luz y el privilegio de hablar a cualquier distancia, una impresionante barrena perfora el suelo y torna cada vez más viscosa dentro del hoyo la verdosa mezcla, adelantando acaso el estilo que deberá predominar en todas las redes, necesariamente, para lograr mayor seguridad e impedir que tantos postes caigan a tierra ante el azote del viento, tal y como observó Raúl en su visita.

Un puñado de horas han sido suficientes también para empezar a impregnar otros aires en la faz del litoral donde, tras el retiro de ramas, árboles derribados, piedras, restos de vía y otros desechos, mejora el entorno y hay condiciones más favorables para la vida y la salud humanas.

La experiencia que a su paso dejó en el norte de la provincia el poderoso huracán Ike (dos meses atrás) sirvió de base para concederle atención desde los primeros instantes, en Guayabal, a la distribución de agua mediante carros cisterna o "pipas" y trabajar, de forma paralela, en el restablecimiento del bombeo, todo bajo la verificación de las exigencias higiénicas y sanitarias que demanda ese servicio.

Entre tanto, indicaciones del Consejo de Defensa Provincial ponen en acción a dirigentes y especialistas del Instituto de la Vivienda en el territorio con el propósito de contribuir a la localización de las áreas más propicias, no tan cercanas a la costa, donde progresivamente puedan ser edificadas las viviendas, que sustituirán a las que ahora fueron destruidas por el fuerte oleaje y el viento, de manera que frente a futuras penetraciones marinas no haya que lamentar pérdidas similares.

TRANQUILIDAD ALLENDE EL MAR

Acariciados por una suave brisa, tres niños se columpian plácidamente en las narices mismas del litoral. Ajenos a toda intención consciente, quizás estén ofreciendo una revelación del modo en que la vida retoma su paso en Guayabal, tras el golpe propinado por el ala derecha de la Paloma.

Pero la confianza no solo se mece, anda o subyace a este lado del mar. Sin haberse disipado aún el inoportuno huracán, de "puño y tecla" la doctora Marbeli Salazar González hacía constar en un mensaje, por vía digital: "Es difícil estar en un país tan lejano como este (Argelia) mientras un ciclón azota el lugar donde vives, pero estoy tranquila porque sé que no le sucederá nada malo a mi familia ni a nadie en Guayabal".

Y tenía razón: a esa hora sus hijos, esposo, demás familiares y todos los habitantes del asentamiento, guardaban segura protección frente al peligro, junto a otras 23 000 personas de todo el municipio.

Poco después, otro correo desde Venezuela ratificaba el mismo sentimiento: "Al principio estuve preocupada, pero recibí mucho aliento de mis compañeros que trabajan en otros estados. Saber que no hubo ni una sola pérdida de vida humana me tranquiliza. Y no imaginan cuánto me alegra conocer que mi Guayabal fue visitado por Raúl y por otros dirigentes del país para ver los daños, ayudar y solidarizarse con los damnificados... Mil besos a todos, Suraika Padrón".

Enclavada en la vía paralela al mar, la casa donde creció la joven internacionalista tampoco salió ilesa frente al embate del huracán. Sin embargo, en su interior la humilde familia trabaja y sigue recibiendo a vecinos y a visitantes con la sonrisa de ayer: sin duda la misma con que le mostrarán a la muchacha, en diciembre, el modo en que la voluntad humana puede revertir, poco a poco, la adversa huella dejada por la furia de la naturaleza.

 

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