Las profes de los profes

Joel Mayor Lorán
Joel@granma.cip.cu

Daisy era aún más joven que estos profesores a los cuales ayuda como tutora. Entonces, tenía apenas 15 años y 30 estudiantes en aquella aula en Minas de Frío. Ellos se formaban también para ser maestros. Sentados en pupitres de tabla de palma y con solo un puñado de pencas como techo, compartían el mismo espíritu de llevar la luz de la verdad a toda Cuba. Hoy, una vez más, la misión es crucial¼ y bonita.

Reincorporarse y guiar a los PGI en su preparación constituye otra misión crucial y bonita.

En el año 2007, Daisy Vila se jubiló. Sin embargo, no consiguió alejarse demasiado: continuaba impartiendo el círculo de interés de Conservación de Alimentos. Y cuando comenzó a gestarse el nuevo curso, fue como si le dieran el pretexto para cumplir su nada secreto anhelo de regresar: la propuesta de reincorporarse y que guiara a los Profesores Generales Integrales (PGI) en su preparación.

De ese modo, hubo miles que volvieron. La convocatoria realizada por Raúl incluyó estimularlos pagándoles su salario y la jubilación. A la profesora nacida en Niquero, que inició su vida como docente nada más concluir el noveno grado, le satisfacía el nuevo reto.

Foto: JUVENAL BALÁNMilagros halló una segunda oportunidad: la escuela necesitaba profesores de Inglés.

Sentados en la intimidad de la biblioteca, ella y el bisoño PGI Yeri Bueno emprenden un intercambio que no solo completa la formación de este, sino que premia con mejores clases a sus alumnos de la Secundaria Básica Juan Francisco Noyola Vázquez, en el municipio capitalino de Playa.

Estudiar por el libro solo la clase que se va a impartir en el día; saber cuál es el objetivo de ella; recurrir a ejercicios, preguntas diferenciadas y situaciones cotidianas para motivar a los alumnos, destacan entre las premisas que Daisy va llevando a Yeri a descubrir.

La tutoría a los PGI no solo completa la formación de estos, sino que propicia mejores clases a sus alumnos.

La experimentada profe insiste sobre la importancia del plan de clase y los objetivos formativos. Le recuerda que puede auxiliarse de sus notas, pues todavía está comenzando. "En Minas, nosotros para guiarnos usábamos tarjeticas en las cuales anotábamos hasta el contenido".

Decenas de almanaques han ido a parar al cesto desde entonces. Lo cierto es que, al terminar el tercer año de la especialidad de Biología, hubo necesidad de maestros de secundaria en la capital y eso fue suficiente para persuadirla.

Desde 1977 su vida está ligada al mismo plantel. Ahora atiende a cuatro PGI que enseñan a los chicos de séptimo grado, y a dos que dan lecciones a los de noveno. Visitan sus clases un par de veces por semana, pero los ven diariamente.

Aunque el curso apenas echa a andar, asegura que puede apreciarse un cambio en los jóvenes profesores. "Yeri pertenece a la reserva; ante cualquier necesidad, cubre un aula. Es muy preocupado y tiene mucho interés en aprender.

"Pretendemos que los PGI se identifiquen más con los estudiantes, que los guíen y ayuden. Aspiramos a que quieran la escuela y se preocupen porque cada uno de sus niños aprenda. Han avanzado en la relación profesor - alumno, en la metodología. La maestría la irán adquiriendo con la experiencia."

Mientras, Daisy advierte a su pupilo sobre la diferencia en la manera de impartir una clase frontal y una videoclase. Le explica, además, que cuando un muchacho se equivoca nunca debe ser el profesor quien intervenga primero, sino pedir opiniones a los demás alumnos: solo si ellos no pueden aclararle el error, el maestro entra a de-sempeñar su papel. "El adolescente ha de razonar; no puede ser un enfrentamiento".

A Irene Caridad Quintana tampoco le resultó fácil olvidar. "No dejé de enseñar. En la cuadra repasaba a mis vecinos. Hay quien critica a los emergentes, pero si no fuera por ellos quién hubiese cubierto las aulas. Algunos tienen dificultades, pero se les puede ayudar. Lo importante es que sientan amor por cuanto hacen".

Irene se formó como profesora de Química. Al jubilarse impartía Educación Musical. En la actualidad brinda su experiencia, como tutora. Milagros Lánigan, en cambio, halló una segunda oportunidad: la escuela necesitaba profesores de Inglés, y se incorporó.

"Extrañaba el aula. Cuando me fui a reparar el apartamento, prometí que regresaría. Me gusta estar rodeada de muchachos. Les enseño el vocabulario, les pongo ejemplos y dejo que sean quienes traduzcan."

Según reveló, ella se fue a Minas de Frío con 12 años de edad. Así comenzaron quienes hoy se saben reinas ante la pizarra y los niños. Entonces, les quedaba por aprender mucho del arte de la enseñanza, y sus alumnos eran casi igual de jóvenes que las maestras. Ahora se empeñan en que los PGI continúen sus pasos; para eso volvieron¼ y para colarse una que otra vez en las aulas y volver a disfrutar una clase.

 

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